AMOR EN CUBIERTA
Él.- Con diez cañones por banda
viento en popa a toda vela,
caminaba el Conde Olinos
mañanita de San Juan.
Ella.- Qué forma más rara de madrugar, vida.
Él.- Entonces se madrugaba así, corazón.
Ella.- ¿No será el verso de otra manera?
Él.- ¿Con diez cañones por popa,
mañanita de San Juan,
madrugaba el Conde Olinos
viento en vela a toda banda?
Ella.- No me suena.
Él.- ¿Y así?:
Con diez velas, viento en banda,
madrugaba el Conde Juan
mañanita de San Olinos
a toda popa entre cañones.
Ella.- Que no, que estás mezclando versos distintos.
Él.- Ah, ya sé:
¿No es verdad, ángel de amor,
que en esta apartada orilla,
no corta el mar sino vuela
un velero bergantín?
Ella.- Ni siquiera rima. Además, ¿qué ha sido del Conde Olinos?
Él.- Fue a dar agua a su caballo a las orillas del mar. ¿Por qué lo preguntas?
Ella.- Perdona, cariño mío, pero lo estás liando más.
Él.- Pero, vamos a ver, ángel de amor: ¿es o no verdad, que en esta apartada popa, no corta el mar sino vuela, un olinos bergantín?. Se sincera y contesta, mañanita de San Juan.
Ella.- Qué quieres que te diga…
Él.- ¡Joder, que qué quiero que me digas!... Quiero que me digas, ángel cañón, que si es verdad o no que en un velero de amor el Conde Olinos está apartando bergantines que, aunque no cortan, al menos diez de ellos vuelan.
Ella.- Yo no lo he visto, desde luego.
Él.- Pero, por todos los santos, ¿es que estás ciega?... ¡Si acaba de pasar uno!.
Ella.- ¿Un qué?
Él.- Un ángel bergantín
volando a toda pastilla
por esta apartada orilla.
Ella.- Ni darme cuenta.
Él.- Pues estate el loro, mi velero, porque como se acerque uno que no vuele el mar, sino corte, nos hace picadillo.
Ella.- De todas formas, mi amor,
en este apartado mar
nunca abundó el volador;
se da más el calamar.
Él.- No digo que no, pero ¿eso qué tiene que ver con el caballo del Conde Olinos?
Ella.- Ya lo creo que tiene: el caballo bebe agua en las orillas del mar, y en el mar habitan los calamares.
Él.- ¿Desde cuándo, popa mía, los caballos beben agua de mar?
Ella.- Pregúntaselo al Conde Olinos, que madrugaba y todo sólo para eso.
Él.- ¿Tú crees que el animal llegó a beber de la salitre?
Ella.-Es que, o bebía o acababa en la barbacoa de algún siervo de la gleba.
Él.- Diez cañonazos propinaría yo al de Olinos en cada banda, vive el cielo.
Ella.- Sí, pero antes dame un beso bergantín, loco pirata.
Él.- ¿Cuando más pura la luna brille y se respire mejor, o ahora mismo?
Ella.- Mejor cuando la aurora tienda su manto y el firmamento vista de azul.
Él.- ¿Lo quieres a toda vela?
Ella.- A la deriva
Él.- Pues, hala, suelta amarras, timona mía.
martes, 16 de marzo de 2010
miércoles, 3 de marzo de 2010
¿CON IVA O SIN IVA?
¿CON IVA O SIN IVA?
Vendedor.- ¿Cómo quiere la factura: con IVA o sin IVA?.
Comprador.- La duda ofende.
V.- Se lo propongo porque hay quien la prefiere con IVA
C.- Vamos ande.
V.- Se lo juro por mi madre.
C.- Me está vacilando.
V.- Si es mentira, que se presente aquí ahora mismo Hacienda y nos haga un chequeo.
C.- No provoque, a ver si la vamos a joder.
V.- Son cosas que se dicen
C.- Mal dichas. Imagine que se presenta.
V.- Calle, por Dios.
C.- ¿Le abono la compra en efectivo o con talón al portador?
V.- En efectivo, que deja menos huella
C.- Yo lo pregunto por si acaso, compréndalo.
V.- A quien le ofende ahora la duda es a mí.
C.- También es verdad.
V.- A ver si estamos a lo que estamos.
C.- Oiga, que yo defraudo a Hacienda como el que más.
V.- Eso está mejor.
C.- Después de evadir un par de impuestillos te fumas un cigarro y es como si acabaras de hacer el amor.
V.- Con personas como usted da gusto; en cambio hay otras de las que no te puedes fiar.
C.- Ya lo creo. A mi vecino, por ejemplo, la renta le sale a pagar, y aún así, declara.
V.- Tendrá mala conciencia y quiere purgar alguna culpa inconfesable.
C.- Un esquirol, es lo que es.
V.- ¡Y, qué manera de tirar el dinero, oiga!
C.- Eso digo yo. Con la de trampas que cabe hacer.
V.- Infinitas.
C.- Hombre, no sé si tantas, pero muchas, sí.
V.- Le digo yo que cojo ahora mismo una declaración de la renta y, si quiero, la vuelvo loca.
C.- Yo, antes no sabía, pero ahora entro en el programa PADRE y me pongo a meter y sacar cifras hasta que da lo que quiero.
V.- Es como todo en la vida. Al principio te acobardas, pero cuando coges soltura, hasta gusta.
C.- Cuando debe disfrutar usted de lo lindo es haciendo la declaración del IVA, ¿eh, pillín?.
V.- Calle, calle. Eso es para vivirlo.
C.- Me lo pinta de tal modo que estoy pensando en abrir un negocio para defraudar a tumba abierta.
V.- Lo mejor es si te pilla la inspección y cuando parece que está todo perdido, resulta que ha prescrito la deuda.
C.- Dígame: ¿Qué se siente en esos momentos?
V.- Un orgasmo en colores.
C.- Es usted total, amigo.
V.- Los impuestos no sirven para nada; se lo digo yo
C.- Según mi vecino, para pagar los servicios públicos, entre otras cosas.
V.- ¿Qué vecino, el de antes?.
C.- Sí, el que hace la declaración de la renta y paga lo que sale de verdad.
V.- Una cosa le voy a decir en confianza: tenga usted mucho cuidado con él. No es trigo limpio.
C.- Ya me parecía a mí.
V.- Se les cala rápido.
C.- Igual a partir de mañana, ni le saludo.
V.- Por si acaso.
Comprador y vendedor se despiden con un fuerte apretón de manos, cruzándose esas miradas de tipos listos que llenan de satisfacción personal.
Vendedor.- ¿Cómo quiere la factura: con IVA o sin IVA?.
Comprador.- La duda ofende.
V.- Se lo propongo porque hay quien la prefiere con IVA
C.- Vamos ande.
V.- Se lo juro por mi madre.
C.- Me está vacilando.
V.- Si es mentira, que se presente aquí ahora mismo Hacienda y nos haga un chequeo.
C.- No provoque, a ver si la vamos a joder.
V.- Son cosas que se dicen
C.- Mal dichas. Imagine que se presenta.
V.- Calle, por Dios.
C.- ¿Le abono la compra en efectivo o con talón al portador?
V.- En efectivo, que deja menos huella
C.- Yo lo pregunto por si acaso, compréndalo.
V.- A quien le ofende ahora la duda es a mí.
C.- También es verdad.
V.- A ver si estamos a lo que estamos.
C.- Oiga, que yo defraudo a Hacienda como el que más.
V.- Eso está mejor.
C.- Después de evadir un par de impuestillos te fumas un cigarro y es como si acabaras de hacer el amor.
V.- Con personas como usted da gusto; en cambio hay otras de las que no te puedes fiar.
C.- Ya lo creo. A mi vecino, por ejemplo, la renta le sale a pagar, y aún así, declara.
V.- Tendrá mala conciencia y quiere purgar alguna culpa inconfesable.
C.- Un esquirol, es lo que es.
V.- ¡Y, qué manera de tirar el dinero, oiga!
C.- Eso digo yo. Con la de trampas que cabe hacer.
V.- Infinitas.
C.- Hombre, no sé si tantas, pero muchas, sí.
V.- Le digo yo que cojo ahora mismo una declaración de la renta y, si quiero, la vuelvo loca.
C.- Yo, antes no sabía, pero ahora entro en el programa PADRE y me pongo a meter y sacar cifras hasta que da lo que quiero.
V.- Es como todo en la vida. Al principio te acobardas, pero cuando coges soltura, hasta gusta.
C.- Cuando debe disfrutar usted de lo lindo es haciendo la declaración del IVA, ¿eh, pillín?.
V.- Calle, calle. Eso es para vivirlo.
C.- Me lo pinta de tal modo que estoy pensando en abrir un negocio para defraudar a tumba abierta.
V.- Lo mejor es si te pilla la inspección y cuando parece que está todo perdido, resulta que ha prescrito la deuda.
C.- Dígame: ¿Qué se siente en esos momentos?
V.- Un orgasmo en colores.
C.- Es usted total, amigo.
V.- Los impuestos no sirven para nada; se lo digo yo
C.- Según mi vecino, para pagar los servicios públicos, entre otras cosas.
V.- ¿Qué vecino, el de antes?.
C.- Sí, el que hace la declaración de la renta y paga lo que sale de verdad.
V.- Una cosa le voy a decir en confianza: tenga usted mucho cuidado con él. No es trigo limpio.
C.- Ya me parecía a mí.
V.- Se les cala rápido.
C.- Igual a partir de mañana, ni le saludo.
V.- Por si acaso.
Comprador y vendedor se despiden con un fuerte apretón de manos, cruzándose esas miradas de tipos listos que llenan de satisfacción personal.
martes, 2 de febrero de 2010
RODOLFITO Hola, señores. Mi nombre de verdad es Rodolfo pero en el colegio me llaman Dofi. Y todo por culpa de la tía Bernarda, que me puso eso, y mi madre, por no discutir con ella porque es su hermana favorita dijo: “para ti la perra gorda” y lo dejó como está. A mi padre no le gustaba, pero no se metió porque él me llama como le da gana, que es Luis Gregorio, igual que un abuelo que tuvo hace mucho. Algunas veces, cuando se pone en plan Cuéntame, me enseña una foto en la que están los dos en pantalones anchos subidos encima de una mula con muchos ajos colgando y me da la risa. Dice que la mula se llamaba Catalina y que nadie la decía ni Cati, ni Ca, ni Lina. Se pone que Un día va a mandar la foto que digo a una revista de esas que sale la gente antigua de color de humo y con la cara borrosa. Él sabrá.
No sé. Yo creo que si desde un principio mi tía me pensaba llamar Dofi, pues que me hubieran puesto Dofi. A lo primero me ponía colorado, porque me veía de mayor volviendo la cabeza cuando me llamaran y me daba un corte que te cagas, pero luego he visto que muchos señores tienen nombres así: Fonsi, Manu, Mochi… Y eso que a algunos se les ve una cara de bruto… De todas formas es un lío, porque el profe me dice Álvarez, la abuela que si Rodolfito y mi chacha Pe siempre está con que sólo conteste por Ro. Así pasa, que cuando me llama alguien tardo en responder qué y luego me regañan. Se creen que es porque tengo déficit de atención como dicen ellos y quieren llevarme a un sicólogo, pero es mentira. Es por eso que digo.
Otro lío que me hacen todos los años en las Navidades es cuando pregunto quién me trae los juguetes. De más pequeño eran los Reyes Magos. Me acuerdo porque mi madre ponía una taza de leche calentita en el balcón para que bebieran los camellos y me extrañaba que, en cambio, a los Reyes Magos no les dejara ni una figurita. Una vez le pregunté a mi padre que por qué a los camellos sí y a los reyes no, encima de que me traían los juguetes. Me contestó una tontería: que los reyes ni comen ni beben porque para eso son magos. Entonces no sé para qué quieren tener tripa, le dije yo. Apagó la luz y salió de mi cuarto sin darme un beso ni siquiera.
¿Por dónde iba?... Ah, sí. El año que vino la tía Bernarda de un viaje que hizo por el extranjero, se presentó en Nochebuena con un dinosaurio de goma y me dijo que se lo había pedido a Papá Noel para mí. “¿Y, quién es ese señor?”, le pregunté yo. “Pues el rey mago de los americanos, Dofi bonito”. Puse cara de contento para que ella no sufriera, pero me llevé un mosqueo grande porque ya los Reyes Magos resulta que no eran tres, sino cuatro. Cuando le dije a la tía que entonces por qué en los belenes sólo ponen siempre tres, me contestó que porque no caben. Menuda trola. Si fuera por eso quitaban a un pastorcito que tiene menos importancia y plantaban al rey nuevo, así que debe ser por otra razón que no me cuentan. De todas formas yo prefiero a Melchor, Gaspar y Baltasar. Además, a mí no me molan los dinosaurios, ni de goma ni de nada.
Este año las cosas han ido a peor porque quien me ha traído el cochecito de carreras con las letras en inglés ha sido Santa Claus. Ya no sé si los reyes son tres, cuatro, cinco o los que vengan a partir del año que viene. Se lo he dicho a mi primo Kevin y según él, Papá Noel y Santa Claus son lo mismo, aunque me extraña mucho que a un papá le hagan santa. También he oído que en otras partes le llaman San Nicolás. ¿En qué quedamos? ¿Se puede ser al mismo tiempo padre normal en unos sitios, padre santa en otros y santo en los que faltaban?. ¿Será un misterio parecido al de la Santísima Trinidad, que nos cuenta el padre Leonardo?. Vaya lío. Y luego, por si fuera poco, va Juanra Ruiz Castillo y me salta en clase con que los reyes son los padres. Bueno, vale, los reyes puede que sean los padres, pero entonces no son magos, porque yo veo a los míos todos los días y de magia, ni palote.
No, si al final te digo yo que voy a necesitar de verdad un sicólogo.
No sé. Yo creo que si desde un principio mi tía me pensaba llamar Dofi, pues que me hubieran puesto Dofi. A lo primero me ponía colorado, porque me veía de mayor volviendo la cabeza cuando me llamaran y me daba un corte que te cagas, pero luego he visto que muchos señores tienen nombres así: Fonsi, Manu, Mochi… Y eso que a algunos se les ve una cara de bruto… De todas formas es un lío, porque el profe me dice Álvarez, la abuela que si Rodolfito y mi chacha Pe siempre está con que sólo conteste por Ro. Así pasa, que cuando me llama alguien tardo en responder qué y luego me regañan. Se creen que es porque tengo déficit de atención como dicen ellos y quieren llevarme a un sicólogo, pero es mentira. Es por eso que digo.
Otro lío que me hacen todos los años en las Navidades es cuando pregunto quién me trae los juguetes. De más pequeño eran los Reyes Magos. Me acuerdo porque mi madre ponía una taza de leche calentita en el balcón para que bebieran los camellos y me extrañaba que, en cambio, a los Reyes Magos no les dejara ni una figurita. Una vez le pregunté a mi padre que por qué a los camellos sí y a los reyes no, encima de que me traían los juguetes. Me contestó una tontería: que los reyes ni comen ni beben porque para eso son magos. Entonces no sé para qué quieren tener tripa, le dije yo. Apagó la luz y salió de mi cuarto sin darme un beso ni siquiera.
¿Por dónde iba?... Ah, sí. El año que vino la tía Bernarda de un viaje que hizo por el extranjero, se presentó en Nochebuena con un dinosaurio de goma y me dijo que se lo había pedido a Papá Noel para mí. “¿Y, quién es ese señor?”, le pregunté yo. “Pues el rey mago de los americanos, Dofi bonito”. Puse cara de contento para que ella no sufriera, pero me llevé un mosqueo grande porque ya los Reyes Magos resulta que no eran tres, sino cuatro. Cuando le dije a la tía que entonces por qué en los belenes sólo ponen siempre tres, me contestó que porque no caben. Menuda trola. Si fuera por eso quitaban a un pastorcito que tiene menos importancia y plantaban al rey nuevo, así que debe ser por otra razón que no me cuentan. De todas formas yo prefiero a Melchor, Gaspar y Baltasar. Además, a mí no me molan los dinosaurios, ni de goma ni de nada.
Este año las cosas han ido a peor porque quien me ha traído el cochecito de carreras con las letras en inglés ha sido Santa Claus. Ya no sé si los reyes son tres, cuatro, cinco o los que vengan a partir del año que viene. Se lo he dicho a mi primo Kevin y según él, Papá Noel y Santa Claus son lo mismo, aunque me extraña mucho que a un papá le hagan santa. También he oído que en otras partes le llaman San Nicolás. ¿En qué quedamos? ¿Se puede ser al mismo tiempo padre normal en unos sitios, padre santa en otros y santo en los que faltaban?. ¿Será un misterio parecido al de la Santísima Trinidad, que nos cuenta el padre Leonardo?. Vaya lío. Y luego, por si fuera poco, va Juanra Ruiz Castillo y me salta en clase con que los reyes son los padres. Bueno, vale, los reyes puede que sean los padres, pero entonces no son magos, porque yo veo a los míos todos los días y de magia, ni palote.
No, si al final te digo yo que voy a necesitar de verdad un sicólogo.
miércoles, 27 de enero de 2010

EL CALENTAMIENTO GLOBAL
- Hola. ¿Qué hay?
- Mira, mucho calor.
- Y más que va a hacer.
- Retírate un poco que me prendes, tío.
- Es que soy el calentamiento global.
- Ya decía yo. Vaya veranito que nos has dado, mamón. ¿Qué quieres ahora?
- Me manda la atmósfera a deciros que o dejáis de tocarle los oxígenos o vais a pasar lo
que no está en los escritos.
- ¿Se ha levantado hoy con malos humos?
- Los que vosotros echáis
- Que deje de dar por saco y se ponga mascarilla.
- Tan grande no venden
- ¿Ha mirado en Leroy Merlín?
- Vosotros tomároslo a cachondeo.
- Dile de mi parte que se pasa de sensible
- Si vieras cómo tiene los bronquios estratosféricos, no dirías eso.
- Si tanto le molesta el CO2, que lo mande al infinito.
- No sé cómo.
- Haciéndose un agujero en medio para que salga. Como una campana de cocina, pero
a lo bestia.
- Tú de astrofísica sabes poco.
- Lo justo para respirar por aquí debajo.
- Por eso dices lo que dices
- De todas formas, la tía lleva un tiempo en plan tocapelotas.
- Porque tose mucho.
- Vaya cosa. Y, yo. Mira: ¡kuff! ¡kuff!
- Es que ella cuando tose, tose tifones.
- Y, ¿por qué no apunta hacia otro lado?.Que los mande a Marte; allí no molestan a nadie.
- Más quisiera, pero no le deja la gravedad.
- Otra tonta igual. Vaya fijación que tiene con eso de atraernos tanto. No la sacas de ahí.
- Gracias a ella no os despeñáis por el universo, así que calla.
- A ver si lo que tiene la atmósfera es la gripe nueva. ¿Ha ido al médico?
- No, ella va al científico
- Yo he oído hablar de uno. No sé qué tal será.
- ¿Quién?
- El primo de Rajoy.
- Muchas gracias, pero ya está yendo a otros.
- ¿Qué le han dicho que tiene?
- El efecto invernadero
- Suena a plantación de tomates bajo techo de plástico.
- Y lo que tú dices, a ensalada mental
- Empanada
- Cada uno que tenga lo que quiera, ¿no te parece?
- Bueno, ¿y qué es el efecto invernadero?
- Yo mismo, pero con otro nombre.
- A todo esto: ¿Se puede saber de dónde sales?
- Vosotros me producís.
- Acusica, ¿y tú qué produces?
- Derretimientos polares.
- Te advierto que tanto hielo era un tostón.
- Subirá el nivel del mar.
- Mejor. Tendremos marisco fresco a la puerta de la calle.
- Desaparecerán muchas especies
- ¿Vamos a quedarnos sin azafrán?
- El azafrán es una especia, con a, como el clavo.
- ¿Que se va a extinguir el clavo?. Entonces, ¿qué será del martillo?
- Lo estás liando todo a propósito.
- Es que me pones nervioso. Explícame exactamente en qué consistes, haz el favor.
- Pues, mira, consisto en que no paráis de echar porquería a la atmósfera; la porquería hace de barrera, y los calores, en vez de salir, rebotan contra vosotros mismos y vuelven con más ímpetu y salero a daros caña.
- Según lo cuentas debemos ser gilipollas, ¿no?
- ¿Necesitas que te conteste a eso?
- No, que me vas a angustiar más.
- Pues, hale, queda con Dios.
El calentamiento global, da un fogonazo y sale de allí poniendo todo perdido de gases de efecto invernadero (como no podía ser de otra forma).
- Hola. ¿Qué hay?
- Mira, mucho calor.
- Y más que va a hacer.
- Retírate un poco que me prendes, tío.
- Es que soy el calentamiento global.
- Ya decía yo. Vaya veranito que nos has dado, mamón. ¿Qué quieres ahora?
- Me manda la atmósfera a deciros que o dejáis de tocarle los oxígenos o vais a pasar lo
que no está en los escritos.
- ¿Se ha levantado hoy con malos humos?
- Los que vosotros echáis
- Que deje de dar por saco y se ponga mascarilla.
- Tan grande no venden
- ¿Ha mirado en Leroy Merlín?
- Vosotros tomároslo a cachondeo.
- Dile de mi parte que se pasa de sensible
- Si vieras cómo tiene los bronquios estratosféricos, no dirías eso.
- Si tanto le molesta el CO2, que lo mande al infinito.
- No sé cómo.
- Haciéndose un agujero en medio para que salga. Como una campana de cocina, pero
a lo bestia.
- Tú de astrofísica sabes poco.
- Lo justo para respirar por aquí debajo.
- Por eso dices lo que dices
- De todas formas, la tía lleva un tiempo en plan tocapelotas.
- Porque tose mucho.
- Vaya cosa. Y, yo. Mira: ¡kuff! ¡kuff!
- Es que ella cuando tose, tose tifones.
- Y, ¿por qué no apunta hacia otro lado?.Que los mande a Marte; allí no molestan a nadie.
- Más quisiera, pero no le deja la gravedad.
- Otra tonta igual. Vaya fijación que tiene con eso de atraernos tanto. No la sacas de ahí.
- Gracias a ella no os despeñáis por el universo, así que calla.
- A ver si lo que tiene la atmósfera es la gripe nueva. ¿Ha ido al médico?
- No, ella va al científico
- Yo he oído hablar de uno. No sé qué tal será.
- ¿Quién?
- El primo de Rajoy.
- Muchas gracias, pero ya está yendo a otros.
- ¿Qué le han dicho que tiene?
- El efecto invernadero
- Suena a plantación de tomates bajo techo de plástico.
- Y lo que tú dices, a ensalada mental
- Empanada
- Cada uno que tenga lo que quiera, ¿no te parece?
- Bueno, ¿y qué es el efecto invernadero?
- Yo mismo, pero con otro nombre.
- A todo esto: ¿Se puede saber de dónde sales?
- Vosotros me producís.
- Acusica, ¿y tú qué produces?
- Derretimientos polares.
- Te advierto que tanto hielo era un tostón.
- Subirá el nivel del mar.
- Mejor. Tendremos marisco fresco a la puerta de la calle.
- Desaparecerán muchas especies
- ¿Vamos a quedarnos sin azafrán?
- El azafrán es una especia, con a, como el clavo.
- ¿Que se va a extinguir el clavo?. Entonces, ¿qué será del martillo?
- Lo estás liando todo a propósito.
- Es que me pones nervioso. Explícame exactamente en qué consistes, haz el favor.
- Pues, mira, consisto en que no paráis de echar porquería a la atmósfera; la porquería hace de barrera, y los calores, en vez de salir, rebotan contra vosotros mismos y vuelven con más ímpetu y salero a daros caña.
- Según lo cuentas debemos ser gilipollas, ¿no?
- ¿Necesitas que te conteste a eso?
- No, que me vas a angustiar más.
- Pues, hale, queda con Dios.
El calentamiento global, da un fogonazo y sale de allí poniendo todo perdido de gases de efecto invernadero (como no podía ser de otra forma).
sábado, 23 de enero de 2010

SAN VALENTÍN
El.- ¿Hoy, me quieres más o menos que ayer?
Ella.- Por el estilo.
El.- Me hundes. ¿Y, eso?
Ella.- De ayer a hoy han pasado sólo unas horas, hermosura.
El.- Pero menos que mañana, seguro que sí me querrás
Ella.- ¿Mañana respecto a ayer o a hoy?
El.- No sé. Respecto a ayer, por ejemplo.
Ella.- Lo que pasa es que ayer en relación con mañana será anteayer
El.- ¿Y?
Ella.- Pues que no puedo contestar exactamente a lo que preguntas.
El.- ¿Y, respecto a hoy?
Ella.- Estamos en las mismas: mañana será hoy, y hoy, ayer ¿o es que no lo sabes?.
El.- Anda, que...
Ella.- El tiempo es lo que tiene.
El.- Antes, cuando éramos novios no lo liabas todo tanto.
Ella.- El que lo lías eres tú ahora, con lo de ayer, hoy, mañana, el más y el menos. Pregúntame que si te quiero, y punto.
El.- El día de San Valentín es eso lo que se dice, mujer.
Ella.- Que se diga, pero es un tostonazo oír siempre lo mismo.
El.- Entonces, lo de querernos eternamente, nada.
Ella.- Si la eternidad no durara tanto, a lo mejor.
El.- Yo, en cambio, te querré siempre
Ella.- ¿Siempre que qué?
El.- Siempre y ya está. No me lo chafes.
Ella.- Es que esas cosas no se pueden asegurar tan alegremente.
El.- Yo sí: siempre, y más allá de las estrellas.
Ella.- Sabes que no me gustan los fundamentalismos, y si son cursis, menos.
El.- ¿Aunque sean verdad?
Ella.- Pero, vamos a ver: ¿Qué es eso de querer más allá de las estrellas? ¿Me lo puedes explicar?
El.- Amar hasta los confines
Ella.- Por Dios. ¿Hasta los confines de qué?
El.- Del infinito
Ella.- El infinito no tiene confines, perdona.
El.- Pues hasta el infinito solo; sin confines ni nada.
Ella.- ¿No comprendes que un ser finito no puede ni aproximarse a lo infinito?
El.- No importa. Me da lo mismo.
Ella.- Cuando te pones irracional, no se puede contigo.
El.- ¡Cómo has cambiado, cari!
Ella.- Y no me llames así, haz el favor; que me da grima.
El.- Antes no te daba.
Ella.- ¡Y, dale con antes!
El.- Es que es verdad.
Ella.- Estaría atontolinada.
El.- Con lo que me gusta a mí decirte cosas bonitas el día de San Valentín, y tú, que no lo valoras.
Ella.- Si, sí lo valoro, lo que pasa es que parece mentira que todos los catorce de febrero me salgas con el mismo son.
El.- Dime: ¿Y, qué hago yo ahora con el regalo?
Ella.- Guárdalo y me lo das el 3 de marzo, que no celebramos nada.
El.- Si no celebramos nada, ¿por qué te lo voy a regalar?
Ella.- Porque se te antoje.
El.- Es que lo que se me antoja es dártelo hoy, que es San Valentín. Eres tú la que dice lo del 3 de marzo.
Ella.- He dicho esa fecha como podía haber dicho cualquier otra. Veo que no lo pillas.
El.- Bueno, pues el primer domingo de mayo, que es el día de la madre.
Ella.- Dame un beso, anda.
Ella se acerca a Él, le besa en una mejilla y, antes de separarse, dicen los dos a la vez: “¡Menos mal que mañana es viernes!”.
sábado, 16 de enero de 2010

FELIPE II, TAL CUAL
Felipe II es ese rey bajito que sale en los cuadros con sombrero muy alto, collarín de punto y una cara de palo que te puedes morir. A mí no me gusta, desde luego. Tenía una silla a la intemperie en suelo rústico para ver cómo iba la obra de El Escorial, y mataba mucho; casi siempre porque le salía de sus reales catolicismos. Se hizo con un imperio a base de guerras y de decir que lo hacía todo en nombre de Dios, que es como se hacen los imperios, antes y ahora. A diferencia de otros que conozco yo, en el suyo dicen que no se ponía nunca el sol, sin embargo en la Historia, fíjense ustedes lo que son las cosas, Rey Sol se llamó a otro, que era francés: Le roi soleil, decían allí. Por cierto, ese tampoco se quedaba atrás en lo de dar matarile a la gente. Liaba unas…
Bueno, a lo que iba: Que no se pusiera el sol en las posesiones de Felipe II no significa que donde él mandara siempre fuese de día, menudo sueño entonces, sino que alumbrara el sol lo que alumbrara de un tirón, aquello era suyo y no se hable más. Bueno, suyo y, aunque menos, de sus mujeres, porque se casó mogollón de veces: por lo menos cuatro, que yo sepa. Unas por una cosa y otras por otra, el caso es que todas se le morían; seguro que de la impresión: estar casada con Felipe II era muy fuerte. Lo que es fijo, y a las pruebas me remito, es que andar por sus cercanías entrañaba peligro de muerte. Claro que peor fue lo de Enrique VIII, que se casó seis veces y tuvo dos concubinas conocidas. Vaya pájaro, el inglés aquel.
Siendo niño Felipe II, en cierta ocasión su padre Carlos V le dijo que se iba a poner una pica en Flandes y que si le acompañaba. El chaval dijo que bueno, así que la dejaron allí puesta y se vinieron tan orgullosos. No sé qué habrá sido de ella, aunque me temo lo peor. Para el que no lo sepa porque no ha tenido necesidad hasta ahora de estudiar estas cosas, Flandes está en los Países Bajos, y los Países Bajos en Bélgica y Holanda (se cuenta que el rey les llamaba “Países Majos” mientras fueron suyos. Cuando los perdió ya ni siquiera les llamaba países).
Como era una exageración de católico, a los turcos les tenía fritos; otomanos, les decía para que la opinión pública de aquel entonces les viera como seres impronunciables. Siempre que tenía oportunidad mataba a unos pocos, luego se hacía la señal de la cruz en el pecho y se iba a dormir a pierna suelta. Lo suyo era santa obsesión. En plena ojeriza, una vez fue a Lepanto a ganarles y les ganó, pero a Cervantes, que en lugar de estar escribiendo en su casa no sé por qué leches se fue hasta allí, una metralla hereje llena de óxido le dio en la mano izquierda y búscale a Perico. No se le extendió el tétanos por todo el cuerpo de milagro. Les digo yo que leemos El Quijote de casualidad. El médico que le curaba la muñeca mala siempre le repetía: “Don Miguel, esto le pasa por meterse a farolero. Zapatero a tus zapatos”, hasta que Cervantes se hartó de oír la misma cantinela todos los días y en cuanto desembarcaron llamó a Quevedo y entre los dos le escribieron cuatro burlas, de esas que joden. Tanto, que el pobre médico murió de una subida de tensión mientras le curaba al menor de los Pinzones, que tenía una picadura de mosquito amazónico en la ingle derecha, con orificio de entrada y salida.
Ahora les voy a contar lo de la Armada Invencible, porque fue de película. Una tarde de invierno del año 1588 - ayer fue la víspera- estaba Felipe II rezando el rosario con doña Ana de Austria y de pronto tuvo una visión: “Ave María Purísima, Ana de Austria –arrancó el soberano como era de rigor - Se me está ocurriendo buscar una avería a los ingleses, por mar. ¿Qué os parece la idea?”. Ana, esposa viva en esos precisos instantes, se le quedó mirando: “Es que por tierra está difícil, mi rey. Como no os lancéis desde La Coruña con catapulta…”. Felipe II no era amigo de bromas, así que llamó a la guardia y Ana de Austria se pasó en un torreón haciendo ganchillo hasta que la diezmada tropa volvió de Gran Bretaña con el rabo entre las piernas, porque eso fue lo que pasó. No se vayan que se lo cuento:
A pesar de las advertencias del meteorólogo de la corte (“¿Con este tiempecito?. No fastidie, vuesa majestad”- advirtióle el isobárico inclinando convenientemente la cerviz, mientras el rey mojaba la pluma en el tintero), Felipe II se puso cabezón, reunió todo lo que flotaba y hale, lo mandó a Inglaterra. Antes de salir, bautizó al conjunto como “Armada Invencible” a ver si los ingleses se acojonaban sólo de oírlo, pero no habían navegado ni dos mil cuatrocientas millas aproximadamente cuando, de pronto, un tsunami monstruoso empezó a tragarse marineros, velas, remos, cañones y todo lo que flotaba por delante. No vean, qué movida. Entonces, el único timonel que quedaba sano se subió al palo mayor atado con una cuerda de gorda como mi brazo y, entre tragos de agua, gritó aquello de: “Eh, una cosa, compañeros: No hemos venido a luchar contra los elementos, así que, puerta y para España”. Volvieron catorce.
Me faltan muchas cosas que contar, entre otras cómo de fácil se las ponían exactamente a Felipe II y quiénes eran, con nombres y apellidos, pero lo mucho cansa. De todas formas, lo importante queda dicho.
domingo, 10 de enero de 2010
ALTERNATIVAS AL CONTRATO “INDEFINIDO NO FIJO”
- Para combatir la crisis, la patronal ha propuesto al Gobierno que regule por ley el “contrato indefinido no fijo”.
- Quieren cuadrar el círculo y están dando vueltas a la noria
- Puestos a barajar alternativas, yo prefiero el contrato “indefijo no definido” al “indefinido no fijo”, qué quieres que te diga.
- Puede, pero por mucho indefijo que sea, si no está definido, vale de poco.
- ¿Y, si lo definimos?
- Ya no sería “indefijo no definido”.
- Que no sea. Total, qué más da.
- Claro que da. Habría que definir lo indefijo. Menudo lío.
- Todo es ponerse.
- No sé, chico. Siempre le faltaría concreción.
- Está bien. ¿Qué te parece entonces el contrato “jodenido no infidedo”?
- La primera parte no da buena espina.
- Si fuera entre humanos y aves, desde luego que no, pero no es el caso.
- De cualquier forma, estarás conmigo en que lo de “jodenido” transmite poca paz social.
- Eso es verdad, pero al introducir el término “infidedo” lo digitaliza, que ahora se lleva mucho.
- Lo encuentro un poco farragoso.
- Cláusulas “jodenido” y cláusulas “infidedo”. ¿Dónde está el problema?
- En la parte resolutoria.
- Se refunde y queda niquelado.
- No lo veo.
- Pones pegas a todo, tío.
- Hay que afinar más. ¿No ves que la patronal maneja el trabalenguas como los ángeles?
- Una alternativa puede ser el contrato “indeterminado no finiquitable”.
- No van a tragar
- ¿Aunque sea sin finiquito?
- Aunque sea. El título tiene que dejar claro que no es fijo.
- Es que indeterminado, no fijo y sin finiquito, va a ser una mierda de contrato.
- A ver si te crees que el otro, no.
- ¿A cuál te refieres, al “jodenido no infidedo” o al “indefijo no definido”?
- Al “indefinido no fijo” del principio.
- Desde luego que será una caca. Por eso estamos aquí, dándole al coco.
- Hay que buscar algo que sea a la vez indefinido y no permanente; no fijo pero tampoco eventual.
- Tengo uno: el contrato “ni chicha ni limoná”
- La terminología es poco técnica.
- El “sí pero no; no pero sí”
- Demasiados síes. La patronal no le aceptaría.
- Contrato “filfa no fijo”. ¿Qué tal?
- Rudo y algo corto.
- Contrato “perdurable de rescisión anticipada”.
- ¡Coño, ese!
- Ves cómo sí.
- Para combatir la crisis, la patronal ha propuesto al Gobierno que regule por ley el “contrato indefinido no fijo”.
- Quieren cuadrar el círculo y están dando vueltas a la noria
- Puestos a barajar alternativas, yo prefiero el contrato “indefijo no definido” al “indefinido no fijo”, qué quieres que te diga.
- Puede, pero por mucho indefijo que sea, si no está definido, vale de poco.
- ¿Y, si lo definimos?
- Ya no sería “indefijo no definido”.
- Que no sea. Total, qué más da.
- Claro que da. Habría que definir lo indefijo. Menudo lío.
- Todo es ponerse.
- No sé, chico. Siempre le faltaría concreción.
- Está bien. ¿Qué te parece entonces el contrato “jodenido no infidedo”?
- La primera parte no da buena espina.
- Si fuera entre humanos y aves, desde luego que no, pero no es el caso.
- De cualquier forma, estarás conmigo en que lo de “jodenido” transmite poca paz social.
- Eso es verdad, pero al introducir el término “infidedo” lo digitaliza, que ahora se lleva mucho.
- Lo encuentro un poco farragoso.
- Cláusulas “jodenido” y cláusulas “infidedo”. ¿Dónde está el problema?
- En la parte resolutoria.
- Se refunde y queda niquelado.
- No lo veo.
- Pones pegas a todo, tío.
- Hay que afinar más. ¿No ves que la patronal maneja el trabalenguas como los ángeles?
- Una alternativa puede ser el contrato “indeterminado no finiquitable”.
- No van a tragar
- ¿Aunque sea sin finiquito?
- Aunque sea. El título tiene que dejar claro que no es fijo.
- Es que indeterminado, no fijo y sin finiquito, va a ser una mierda de contrato.
- A ver si te crees que el otro, no.
- ¿A cuál te refieres, al “jodenido no infidedo” o al “indefijo no definido”?
- Al “indefinido no fijo” del principio.
- Desde luego que será una caca. Por eso estamos aquí, dándole al coco.
- Hay que buscar algo que sea a la vez indefinido y no permanente; no fijo pero tampoco eventual.
- Tengo uno: el contrato “ni chicha ni limoná”
- La terminología es poco técnica.
- El “sí pero no; no pero sí”
- Demasiados síes. La patronal no le aceptaría.
- Contrato “filfa no fijo”. ¿Qué tal?
- Rudo y algo corto.
- Contrato “perdurable de rescisión anticipada”.
- ¡Coño, ese!
- Ves cómo sí.
EL POLÍTICO AL QUE NADIE ESPIABA
- ¿Qué le ocurre, don Licinio? Le veo triste y ojeroso.
- Me da vergüenza decirlo.
- No se corte. Conmigo hay confianza.
- Pues, nada. Que no tengo quien me espíe.
- ¿Un político de su categoría, y no tiene quien le espíe? ¿Cómo puede ser?
- Como te lo cuento.
- ¿Está seguro? Mire que lo que acaba de decir es tela de grave.
- ¿Por qué, si no, iba a estar así de alicaído?
- Pero, ¿usted se vuelve de vez en cuando a ver si le sigue alguien?
- No hago otra cosa.
- ¿Y, nada?
- Nada
- ¿Ni una huella, por insignificante que sea?
- Ni de gorrión
- ¿Mira con frecuencia por el espejo retrovisor del coche?
- Desde que meto la llave hasta que la saco. El otro día casi me mato, de
tanto mirar.
- ¿Y, tampoco?
- Tampoco.
- ¿No ha visto nunca a nadie sospechoso espiándole a través de los visillos de la ventana?
- Tardes enteras me paso, y ni rastro de espías.
- Joder, pues sí qué es raro. Ahora me explico por qué tiene usted esa cara de pena.
- Todos los compañeros de mi rango disponen de su espía, e incluso algunos de un contraespía, y yo, ni uno solo que echarme a la espalda. No hay derecho. Soy un desgraciado, Julián.
- Vamos, vamos… Me hago cargo de su situación, pero hay que animarse.
- ¿Y, qué podría hacer?
- No sé; si quiere le espío yo.
- ¿Tú?. Te lo agradezco, pero iba a notar enseguida que me sigues.
- Eso da igual. Lo importante es que vaya usted por el mundo de la política con la cabeza bien alta.
- Como que hoy día, para gente de mi nivel tener alguien que le espíe es tan necesario como el comer.
- Ya le digo
- Pero, ¿tú sabes espiar como Dios manda?
- Hombre, claro. De pequeño me escondía detrás de los árboles y me confundían con la corteza.
- De eso hará mucho.
- El que tuvo, retuvo, don Licinio. También era uno de los mejores asomando la nariz por las esquinas. Si quiere le hago una demostración.
- De todas formas no das apariencia de espía.
- Lo mejor que tiene. Ahora mismo me parapeto detrás de un periódico y no se me adivinan ni los pies.
- Y, en el caso de que llegásemos a un acuerdo y te contratara, ¿a quién le enviarías el dossier?
- A su peor enemigo, don Licinio.
- Qué mala leche.
- El mundo de los espías es lo que tiene, y si no, no se meta.
- Eso me obligaría a andarme con cuidado de día y de noche, ¿no es así?
- Desde luego.
- Menudo quitavidas. No sé… no sé… ¿Y si me mandaras a mí el dossier?
- ¿Me está diciendo que le entregue los resultados de mi espionaje sobre usted, a usted mismo? Si hacemos eso descafeinamos la misión.
- Ya, pero no me buscas la ruina.
- Eso, también.
- ¿A cuánto me cobrarías la hora?
- Como se trata de un servicio de espionaje contratado por el propio espiado hacia sí, sale algo más caro.
- ¿Y, eso?
- Por la redundancia.
- Qué le vamos a hacer. Lo primero es lo primero; aunque deje sin reservas los fondos reservados.
- Para empezar, le he grabado esto último que acaba de decir
- ¡Qué emocionante!
- ¿Qué le ocurre, don Licinio? Le veo triste y ojeroso.
- Me da vergüenza decirlo.
- No se corte. Conmigo hay confianza.
- Pues, nada. Que no tengo quien me espíe.
- ¿Un político de su categoría, y no tiene quien le espíe? ¿Cómo puede ser?
- Como te lo cuento.
- ¿Está seguro? Mire que lo que acaba de decir es tela de grave.
- ¿Por qué, si no, iba a estar así de alicaído?
- Pero, ¿usted se vuelve de vez en cuando a ver si le sigue alguien?
- No hago otra cosa.
- ¿Y, nada?
- Nada
- ¿Ni una huella, por insignificante que sea?
- Ni de gorrión
- ¿Mira con frecuencia por el espejo retrovisor del coche?
- Desde que meto la llave hasta que la saco. El otro día casi me mato, de
tanto mirar.
- ¿Y, tampoco?
- Tampoco.
- ¿No ha visto nunca a nadie sospechoso espiándole a través de los visillos de la ventana?
- Tardes enteras me paso, y ni rastro de espías.
- Joder, pues sí qué es raro. Ahora me explico por qué tiene usted esa cara de pena.
- Todos los compañeros de mi rango disponen de su espía, e incluso algunos de un contraespía, y yo, ni uno solo que echarme a la espalda. No hay derecho. Soy un desgraciado, Julián.
- Vamos, vamos… Me hago cargo de su situación, pero hay que animarse.
- ¿Y, qué podría hacer?
- No sé; si quiere le espío yo.
- ¿Tú?. Te lo agradezco, pero iba a notar enseguida que me sigues.
- Eso da igual. Lo importante es que vaya usted por el mundo de la política con la cabeza bien alta.
- Como que hoy día, para gente de mi nivel tener alguien que le espíe es tan necesario como el comer.
- Ya le digo
- Pero, ¿tú sabes espiar como Dios manda?
- Hombre, claro. De pequeño me escondía detrás de los árboles y me confundían con la corteza.
- De eso hará mucho.
- El que tuvo, retuvo, don Licinio. También era uno de los mejores asomando la nariz por las esquinas. Si quiere le hago una demostración.
- De todas formas no das apariencia de espía.
- Lo mejor que tiene. Ahora mismo me parapeto detrás de un periódico y no se me adivinan ni los pies.
- Y, en el caso de que llegásemos a un acuerdo y te contratara, ¿a quién le enviarías el dossier?
- A su peor enemigo, don Licinio.
- Qué mala leche.
- El mundo de los espías es lo que tiene, y si no, no se meta.
- Eso me obligaría a andarme con cuidado de día y de noche, ¿no es así?
- Desde luego.
- Menudo quitavidas. No sé… no sé… ¿Y si me mandaras a mí el dossier?
- ¿Me está diciendo que le entregue los resultados de mi espionaje sobre usted, a usted mismo? Si hacemos eso descafeinamos la misión.
- Ya, pero no me buscas la ruina.
- Eso, también.
- ¿A cuánto me cobrarías la hora?
- Como se trata de un servicio de espionaje contratado por el propio espiado hacia sí, sale algo más caro.
- ¿Y, eso?
- Por la redundancia.
- Qué le vamos a hacer. Lo primero es lo primero; aunque deje sin reservas los fondos reservados.
- Para empezar, le he grabado esto último que acaba de decir
- ¡Qué emocionante!
jueves, 7 de enero de 2010
EL BOTIJO

EL BOTIJO
Cliente.- Buenas. ¿Vende botijos?
Tendero.- ¿Qué cree que son todos esos que cuelgan del techo, murciélagos de asa?
Cliente.- Botijos, pero pudiera darse el caso raro de que no los vendiera
Tendero.- ¿Cuántas tiendas conoce usted en las que, habiendo de lo que se vende, no se vende precisamente lo que se vende?
Cliente.- Bien, no nos liemos. Yo quería un botijo
Tendero.- ¿Por qué dice quería? ¿Ya se ha arrepentido o es que se le fue la sed de repente?
Cliente.- Es una forma de hablar.
Tendero.- Poco precisa. Si usted me dice: quería un botijo, y yo le respondo que se lo vendería, la operación no llegará a realizarse nunca.
Cliente.- ¿Me lo vende, o me voy?
Tendero.- ¿Esa disyuntiva significa que si se lo vendo se quedará aquí para siempre?
Cliente.- Debe de estar usted bebido
Tendero.- Para eso hago botijos
Cliente.- Pues bájeme uno, haga el favor.
Tendero.- ¿Cuál prefiere?
Cliente.- Uno normal
Tendero.- Los botijos mongólicos no los trabajamos
Cliente.- Quiero decir corriente. Ya sabe, con asa y pitorro.
Tendero.- Es que sin asa no que quedan. Hice varios, pero a medida que los colgaba del techo se iban estampando contra el suelo
Cliente.- Pues, ¿de dónde los colgaba?
Tendero.- Del asa que no tenían.
Cliente.- Como es usted de raro, igual tiene botijos sin pitorro.
Tendero.- Hice doscientos con el pitorro macizo, para probar, pero no resultaron. La gente decía que era frustrante empinar en balde.
Cliente.- Bájeme aquél de allí, haga el favor.
Tendero.- Aquí lo tiene. ¿Qué le parece?
Cliente.- Pero... si le falta la boca. ¿Por dónde demonios se llena?
Tendero.- Por el pitorro, con una pajita. Mis botijos son para gente selecta.
Cliente.- Si no tiene otra cosa me llevo este mismo, venga.
Tendero.- Venga, no. Espere a que se lo personalice
Cliente.- ¿Me va a personalizar el botijo?
Tendero.- Nos ha jodido, mayo.
Cliente Y, ¿qué saco yo con eso?
Tendero.- Un botijo exclusivo para su sed. ¿Cómo lo ve?
Cliente.- Una chorrada.
Tendero.- Chorrada, chorro o chorrito, qué más da.
Cliente (sale de la tienda).- Tómese algo, ande.
Tendero.- ¿A su salud o a la mía?... ¡Oiga... eh... oiga, que se deja el botijo!. Si cree que se le voy a reservar, va listo...
jueves, 31 de diciembre de 2009
DIÁLOGOS D'AUJOUR´DHUI: PEDIR UN CRÉDITO
El señor A entra en una sucursal del Banco B.
A.- Hola, buenas. ¿Ustedes dan créditos?
B.- ¿Ha dicho dan?
A.- Sí
B.- Entonces, no
A.- Bueno, dar, dar, lo que es dar, ya sé que no. Preguntaba que si también aquí han cerrado el grifo.
B.- Depende. Se cierra y se abre, según veamos qué ofrece el que viene con sed.
A.- Yo es que quería un crédito
B.- ¿De cuánto?
A.- De cien.
B.- ¿Y, qué aporta en garantía?
A (saca billetes de un sobre y los pone sobre la mesa).- Estos quinientos euros.
B.- ¿Sólo quinientos? ¿Es que nos toma por tontos?
A.- Pero, hombre, si les estoy dejando en metálico cinco veces lo que pido.
B.- Con eso no tenemos nosotros ni para un TAE de tres al cuarto.
A.- ¿Cuánto, entonces?
B.- Tienen que ser mil
A.- Pues yo más de quinientos no doy.
B.- Si se pone así de intransigente no habrá crédito que valga.
A.- ¿Y, qué cantidad me prestarían ustedes por estos quinientos que dejo?
B.- Cincuenta, como mucho
A.- Joder, qué poco.
B.- Poco, no; lo justo. ¿En qué tiempo lo piensa devolver?
A.- No sé. Ponga dos años.
B.- En ese plazo le saldría un total a reintegrar de cuatrocientos.
A.- ¿Por cincuenta que me prestan?
B.- Nosotros también comemos
A.- Así, el que no comerá soy yo.
B.- No se puede tener todo en la vida. Bueno, ¿se decide o no?
A.- Es que no sé... Hágase cargo: para que ustedes me presten cincuenta, tengo yo que dejarles quinientos ahora y acabar pagando cuatrocientos.
B.- Ya, pero tenga en cuenta que si usted cumple y paga religiosamente, al final le devolveremos sus quinientos.
A.- Estaría bonito...
B.- Menos la comisión, claro.
A.- ¿La comisión? ¿Qué comisión?
B.- No querrá que le guardemos el dinero gratis durante dos años ¿verdad?.
A.- Estoy pensando... ¿Y si les prestara yo estos quinientos a cambio de que ustedes no me concedieran a mí ningún crédito?.
B.- En ese caso le saldría la operación mucho más barata...
A (pone ojos de loco y se levanta de un salto)- Sin embargo, a usted le costaría cara
B.- Pero, ¿por qué me mira así?... Haga el favor de dejar el abrecartas en su sitio, ¿no ve que se puede hacer daño...? ¡¡Señor director, señor director, socorro....!!
(El señor A empuña el abrecartas y se pone en pie delante del empleado del Banco B. Por fortuna, unos clientes que hacen cola en la caja, se abalanzan sobre el aspirante a crédito y le quitan el estilete. Al rato llega la policía)
Policía.- ¿Qué pasa aquí?
Director.- Nada; este tipo, que pretendía sacarnos un préstamo abusivo por la fuerza.
El señor A entra en una sucursal del Banco B.
A.- Hola, buenas. ¿Ustedes dan créditos?
B.- ¿Ha dicho dan?
A.- Sí
B.- Entonces, no
A.- Bueno, dar, dar, lo que es dar, ya sé que no. Preguntaba que si también aquí han cerrado el grifo.
B.- Depende. Se cierra y se abre, según veamos qué ofrece el que viene con sed.
A.- Yo es que quería un crédito
B.- ¿De cuánto?
A.- De cien.
B.- ¿Y, qué aporta en garantía?
A (saca billetes de un sobre y los pone sobre la mesa).- Estos quinientos euros.
B.- ¿Sólo quinientos? ¿Es que nos toma por tontos?
A.- Pero, hombre, si les estoy dejando en metálico cinco veces lo que pido.
B.- Con eso no tenemos nosotros ni para un TAE de tres al cuarto.
A.- ¿Cuánto, entonces?
B.- Tienen que ser mil
A.- Pues yo más de quinientos no doy.
B.- Si se pone así de intransigente no habrá crédito que valga.
A.- ¿Y, qué cantidad me prestarían ustedes por estos quinientos que dejo?
B.- Cincuenta, como mucho
A.- Joder, qué poco.
B.- Poco, no; lo justo. ¿En qué tiempo lo piensa devolver?
A.- No sé. Ponga dos años.
B.- En ese plazo le saldría un total a reintegrar de cuatrocientos.
A.- ¿Por cincuenta que me prestan?
B.- Nosotros también comemos
A.- Así, el que no comerá soy yo.
B.- No se puede tener todo en la vida. Bueno, ¿se decide o no?
A.- Es que no sé... Hágase cargo: para que ustedes me presten cincuenta, tengo yo que dejarles quinientos ahora y acabar pagando cuatrocientos.
B.- Ya, pero tenga en cuenta que si usted cumple y paga religiosamente, al final le devolveremos sus quinientos.
A.- Estaría bonito...
B.- Menos la comisión, claro.
A.- ¿La comisión? ¿Qué comisión?
B.- No querrá que le guardemos el dinero gratis durante dos años ¿verdad?.
A.- Estoy pensando... ¿Y si les prestara yo estos quinientos a cambio de que ustedes no me concedieran a mí ningún crédito?.
B.- En ese caso le saldría la operación mucho más barata...
A (pone ojos de loco y se levanta de un salto)- Sin embargo, a usted le costaría cara
B.- Pero, ¿por qué me mira así?... Haga el favor de dejar el abrecartas en su sitio, ¿no ve que se puede hacer daño...? ¡¡Señor director, señor director, socorro....!!
(El señor A empuña el abrecartas y se pone en pie delante del empleado del Banco B. Por fortuna, unos clientes que hacen cola en la caja, se abalanzan sobre el aspirante a crédito y le quitan el estilete. Al rato llega la policía)
Policía.- ¿Qué pasa aquí?
Director.- Nada; este tipo, que pretendía sacarnos un préstamo abusivo por la fuerza.
miércoles, 30 de diciembre de 2009

EL ATAÚD
Cliente (entra llorando).- Muy horrendas
Dependiente.- Sólo mortecinas
Cliente.- Quisiera un ataúd.
Dependiente.- ¿Lleno o vacío?
Cliente.- ¿Los venden también llenos?
Dependiente.- Hay gente sin muerto que llevarse al lacrimal y tenemos que darle servicio.
Cliente.- Pues yo, si el muerto no es mío no le lloro. Y no porque no quiera; es que no me sale.
Dependiente.- Eso ya va en el carácter. Bueno, aquí puede ver varios modelos. Éste, por ejemplo, le tenemos en oferta: tres por el precio de dos.
Cliente.- Es una ganga, lo que pasa es que yo sólo tengo un muerto.
Dependiente.- Hágale tres trozos y le entrará en la vida eterna con más holgura. Eso al espíritu, mal no le hace.
Cliente.- Hombre, ya, pero hágase cargo.
Dependiente.- La única pega que veo es que el muerto se desperdigue, pero puede hacer otra cosa: un tríplex de bricolage.
Cliente.- Es que me da no sé qué dejar a la gente en el duelo con el cadáver y ponerme a serrar enmedio.
Dependiente.- Diga que le echen una mano
Cliente.-¿Y dejar al difunto solo, para una vez que se muere?. No hago yo eso.
Dependiente.- Oiga, ¿y si los dos ataúdes que le sobran los guarda bajo la cama de matrimonio para cuando se produzcan los óbitos gananciales?
Cliente.- Qué mal rollo.
Dependiente.- Mejor situados, imposible.
Cliente.- Que no, que se llenan de pelusa.
Dependiente.- Aquí hay uno de ocasión que le va a gustar: es usado, pero está como nuevo.
Cliente.- ¿Cómo que usado?
Dependiente.- De un tipo que estaba mal muerto
Cliente.- ¿Y, alguno de estreno que no sea caro?
Dependiente.- Aquél pequeño de allí resulta algo más económico, pero el cadáver tiene que ir muy resumidito.
Cliente.- ¿Sabe cómo se prepara?
Dependiente.- Se pone el muerto en posición esquemática y se deja enfriar.
Cliente.- Al ver si luego le van a poner pegas para entrar en el cielo y se me va a estar presentando cada dos por tres.
Dependiente.- Llevando una buena almohada cervical, incluso accedería a lo eterno en mejores condiciones físicas. Pruebas de ello es cierto que no hay, pero tampoco de lo contrario, y eso ya es algo.
Cliente.- ¿Y, otros féretros?
Dependiente.- Tengo varios de cartón piedra, pero no se los recomiendo para el invierno, porque si llueve durante el entierro te quedas con el finado a la intemperie. Bien es verdad que como está muerto, ya trancazos no coge. Eso, usted verá.
Cliente.- ¿Y aquéllos tan raros?
Dependiente.- De raros, nada. Se adaptan a la postura en que los familiares quieran enterrar al occiso.
Cliente.- Ay, qué bien. Me va a poner ese en forma de silla. El pobre se pasó 40 años trabajando en una oficina. Extrañará menos el cambio.
Dependiente.- ¿Lo quiere en sillón giratorio o en silla para las visitas?
Cliente.- Poco podrá girar, el pobre.
Dependiente.- Eso depende. En caso de terremoto los desplazamientos subterráneos se ejecutan con el giratorio divinamente.
Cliente.- Para ese plan le compro una silla de ruedas.
Dependiente.- Ya; lo que pasa es que si encima de que se muere, va usted y le amortaja de paralítico, parecerá una represalia.
Cliente.- No había caído yo en eso, ¿ve?
Dependiente.- Lógico. Yo lo domino porque es mi oficio. ¿Se lo pongo con escritorio, o sólo lo que es el cuerpo?
Cliente.- Es que lo del sillón giratorio no acabo de verlo. Por aquí el terremoto se da poco.
Dependiente.- Entiérrelo en San Francisco.
Cliente.- Por no ir hasta allí...
Dependiente.- Además, así tendrá un buen pretexto para no llevarle flores todos los años el día de los santos.
Cliente.- Venga, vale; me llevo el gitarorio y un billete de avión.
Dependiente.- Para servirle.
Cliente (entra llorando).- Muy horrendas
Dependiente.- Sólo mortecinas
Cliente.- Quisiera un ataúd.
Dependiente.- ¿Lleno o vacío?
Cliente.- ¿Los venden también llenos?
Dependiente.- Hay gente sin muerto que llevarse al lacrimal y tenemos que darle servicio.
Cliente.- Pues yo, si el muerto no es mío no le lloro. Y no porque no quiera; es que no me sale.
Dependiente.- Eso ya va en el carácter. Bueno, aquí puede ver varios modelos. Éste, por ejemplo, le tenemos en oferta: tres por el precio de dos.
Cliente.- Es una ganga, lo que pasa es que yo sólo tengo un muerto.
Dependiente.- Hágale tres trozos y le entrará en la vida eterna con más holgura. Eso al espíritu, mal no le hace.
Cliente.- Hombre, ya, pero hágase cargo.
Dependiente.- La única pega que veo es que el muerto se desperdigue, pero puede hacer otra cosa: un tríplex de bricolage.
Cliente.- Es que me da no sé qué dejar a la gente en el duelo con el cadáver y ponerme a serrar enmedio.
Dependiente.- Diga que le echen una mano
Cliente.-¿Y dejar al difunto solo, para una vez que se muere?. No hago yo eso.
Dependiente.- Oiga, ¿y si los dos ataúdes que le sobran los guarda bajo la cama de matrimonio para cuando se produzcan los óbitos gananciales?
Cliente.- Qué mal rollo.
Dependiente.- Mejor situados, imposible.
Cliente.- Que no, que se llenan de pelusa.
Dependiente.- Aquí hay uno de ocasión que le va a gustar: es usado, pero está como nuevo.
Cliente.- ¿Cómo que usado?
Dependiente.- De un tipo que estaba mal muerto
Cliente.- ¿Y, alguno de estreno que no sea caro?
Dependiente.- Aquél pequeño de allí resulta algo más económico, pero el cadáver tiene que ir muy resumidito.
Cliente.- ¿Sabe cómo se prepara?
Dependiente.- Se pone el muerto en posición esquemática y se deja enfriar.
Cliente.- Al ver si luego le van a poner pegas para entrar en el cielo y se me va a estar presentando cada dos por tres.
Dependiente.- Llevando una buena almohada cervical, incluso accedería a lo eterno en mejores condiciones físicas. Pruebas de ello es cierto que no hay, pero tampoco de lo contrario, y eso ya es algo.
Cliente.- ¿Y, otros féretros?
Dependiente.- Tengo varios de cartón piedra, pero no se los recomiendo para el invierno, porque si llueve durante el entierro te quedas con el finado a la intemperie. Bien es verdad que como está muerto, ya trancazos no coge. Eso, usted verá.
Cliente.- ¿Y aquéllos tan raros?
Dependiente.- De raros, nada. Se adaptan a la postura en que los familiares quieran enterrar al occiso.
Cliente.- Ay, qué bien. Me va a poner ese en forma de silla. El pobre se pasó 40 años trabajando en una oficina. Extrañará menos el cambio.
Dependiente.- ¿Lo quiere en sillón giratorio o en silla para las visitas?
Cliente.- Poco podrá girar, el pobre.
Dependiente.- Eso depende. En caso de terremoto los desplazamientos subterráneos se ejecutan con el giratorio divinamente.
Cliente.- Para ese plan le compro una silla de ruedas.
Dependiente.- Ya; lo que pasa es que si encima de que se muere, va usted y le amortaja de paralítico, parecerá una represalia.
Cliente.- No había caído yo en eso, ¿ve?
Dependiente.- Lógico. Yo lo domino porque es mi oficio. ¿Se lo pongo con escritorio, o sólo lo que es el cuerpo?
Cliente.- Es que lo del sillón giratorio no acabo de verlo. Por aquí el terremoto se da poco.
Dependiente.- Entiérrelo en San Francisco.
Cliente.- Por no ir hasta allí...
Dependiente.- Además, así tendrá un buen pretexto para no llevarle flores todos los años el día de los santos.
Cliente.- Venga, vale; me llevo el gitarorio y un billete de avión.
Dependiente.- Para servirle.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
DON QUIJOTE Y SANCHO
En esto acaeció que dijo D. Quijote a Sancho:D. Quijote.- Un encantamiento sin par, amigo Sancho, nos ha traído a la España del
siglo XXI para que tú y yo libremos batalla contra el gigante Especulador y limpiemos estas tierras de rufianes y malandrines. Y a ello vamos, fiel escudero.
Sancho.- Quiera Dios, valeroso hidalgo, que no sea otra aventura desas de las que salimos a trompicones, trasquilados y con el rabo entre las piernas, que ya no tengo yo el costillar para mandobles.
D. Quijote.- No ha de ser como dices, Sancho, que ya estás otra vez con lo mesmo.
No te acogotes y pega las posaderas al rocín lo mejor que sepas, porque nos dirigimos
apriesa hacia aquel lugar que desde aquí se divisa, a ver qué se cohecha.
Sancho.- Si vuestra merced presupone engolfamiento antes de llegar, barrunto pendencias.
D. Quijote.- Razón tienes en eso, amigo. Acerquémonos pues con el seso limpio de
juicios prematuros y males imaginarios. Por allí viene un lugareño bien encopetado... Eh, buen hombre, ¿sabe vuestra merced dónde hemos de dar con el gigante Especulador?
Señor.- Especuladores hay un ejército, mire usted, pero el que más no sabría indicarle.
D. Quijote.- Vaya con Dios, y si ve algunos dellos dígales que el valeroso caballero
Don Quijote de la Mancha y su escudero Sancho les han de dar justo escarmiento si no abandonan sus trilerías.
Sancho.- Mire, mi señor Don Quijote, que ha dicho un ejército y nosotros sólo semos dos: vuestra merced, tan flaco que le descabalga un soplo, y yo, que en estas artes más diestro soy en recibir que en dar. Vayámonos de aquí antes de que nos destripen a lanzadas.
D. Quijote.- Temes por tus tripas porque las tienes hermosas, y el daño que te harían
hasta acabar con ellas duraría un eterno, ¿no es eso, Sancho?.
Sancho.- Como vuestra merced sólo tiene una y enjuta, reúne menos sitio que doler.
D. Quijote.- No ha de dolernos ni a ti ni a mí, hombre de flaca fe. Si te amilanas antes
de empezar la aventura, mal has de terminalla.
Sancho.- En mala hora puse el aparejo al rocín y salí tras vos, que más parece ese peto que lleváis un imán de tremolinas que otra cosa.
D. Quijote.- No es de cuerdos arrepentirse de lo que dará gloria y fama, Sancho. Cada
chichón que hoy te saliere por los palos que recibas desfaciendo entuertos, mañana será contado como hazaña sin igual.
Sancho.- Si saliere a chichón la hazaña lo daría por bien empleado, aunque no estaría mal si cada uno dellos viniere acompañado además de talega con dinero contante y sonante. Pero dígame, mi señor Don Quijote, ¿qué hace de malo, si puede saberse, el gigante Especulador, para que nos andemos tras él?
D. Quijote.- Comprar algo por diez y vendello por ciento sin que medie trabajo alguno
entre lo uno y lo otro.
Sancho.- Su oficio es la holganza, ni más ni menos, y de ella hace fortuna.
D. Quijote.- ¡Por el yelmo de Mambrino! ¿Cómo llamas oficio, Sancho ignorante, a proceder tan vano?. Mal te funciona el caletre, por lo que veo.
Sancho.- Mire vuestra merced que no conocemos las trapisondas de estos tiempos, sus costumbres ni tejemanejes, y a lo mejor lo que a nosotros nos parece fullería, para ellos es afición cabal y consentida.
D. Quijote.- ¡Por todos los rebuznos!. Fueren los tiempos que fueren, sacar cien de donde había diez sin doblar el espinazo y dedicarse a ello de corrido como cosa natural, o es ocupación de magos o de granujas, Sancho.
Sancho.- ¿Y cómo sabremos distinguir quién es el gigante Especulador que campa por estos lugares?
D. Quijote.- Según revelóme el encantamiento que hasta aquí nos trajo, es menester que nos hagamos pasar por amos de tierras rústicas que lindan con lo que llaman urbano y diremos vendellas por cuatro reales. Haz lo que digo, Sancho: colócate en aquel lindero, frente a ese montón que allí ves, con este papel en el pecho y espera.
Sancho.- ¿Qué pone en él: “Tiro al Sancho”?. Mire, mi señor D. Quijote, que prefiero irme al otro mundo oyendo sonar las tripas de hambre a morir doblado a cantazos.
D. Quijote.- Calla, mentecato. Lo que dice en el papel es: “Se vende. Razón: yo mesmo”. Al que se te acerque le cuentas que, además, vendes otras diez haciendas tan bien situadas o mejor, que esa. El que diga que te las compra todas, ese es el gigante Especulador. Hazme una seña entonces, que yo estaré escondido detrás de aquella encina.
(Pasaron por allí muchos, todos a pie: unos le compraban sólo ese rústico, otros dos, incluso tres, pero ninguno llegaba a los diez, hasta que se paró una limusina. Se bajó el cristal de una de las ventanillas traseras; alguien hizo una seña a Sancho para que se acercara. A los pocos segundos salieron del coche dos fornidos guardaespaldas y lo metieron dentro a empujones)
Sancho.- ¡¡Mi señor D. Quijote, mi señor D. Quijote, socórrame que me llevan a un sitio que llaman notaría a que firme no se qué escrituras...!!
D. Quijote.- ¡Alto ahí. Ya os tengo, bellacos! ¡Non fuyades y pelead contra el caballero andante más valeroso que conocerse haya!
(Arremetió D. Quijote contra la limusina, y cuando yacía en el suelo con la lanza partida en dos y el yelmo abollado, salieron del coche los guardaespaldas y no le dejaron hueso sano. De Sancho se sabe que estuvo más un mes sin conocimiento en la UVI del Gregorio Marañón).
martes, 22 de diciembre de 2009
PRESENCIA Y MODA (POUR HOMME)
Con lo que todo el mundo habla de la moda y no haberme referido nunca a ella es un fallo garrafal que voy a corregir en este mismo instante. Iré de arriba abajo, siguiendo un orden que podré saltarme o no en cualquier momento, ya veremos. Este mes empezaremos por la cabeza. El que viene, según vea.
Para que una CABEZA no llame poderosamente la atención de otras que la miren, es imprescindible cumplir a rajatabla dos requisitos básicos: primero, llevarla permanentemente unida al cuerpo por la parte superior del cuello y, segundo, que el cogote quede siempre en la parte de atrás. Si, movidos por el afán de singularidad tan común en estos tiempos, nos operásemos para llevar pecho y nuca en el mismo plano, aparte de lo incómodo que resulta sonarse la nariz con el brazo en viceversa, iríamos por la vida de hostia en hostia. Al que no le guste su cabeza en general, puede encapuchársela o apagar la luz cada vez que se enfrente a un espejo, pero se engaña él solo porque la sigue teniendo. Una alternativa es degollarse, pero entonces, qué.
El PELO, es un compuesto de muchos hincados apto para hacer manojos que crece en la cabeza; en otras partes también, pero si estoy hablando ahora de la cabeza, estoy hablando de la cabeza, a ver si nos centramos. Hay masculinos que, bien porque su pelo les estomaga, bien porque no están dispuestos a peinarse a diario, se pasan la maquinilla y una obligación menos. Nada que objetar. No obstante debo advertir que antes de ir por la calle con el cráneo en porreta, es aconsejable medir la separación que en cada uno exista entre las puntas superiores de sus orejas y las sienes pelonas, y creo que se entiende por qué lo digo. Ante una distancia superior a ocho centímetros, el mundo de la moda recomienda no rapar y dejar las cosas como están. Porque una vez consumado el acto, aunque las madres siempre intentan consolar al esquilado diciéndole “no te preocupes, hijo, ya crecerá”, el mensaje no cala: crecer, crece, pero tarda, y mientras tarda hay miradas que joden.
En cuanto al pelo que se lleva sobre la cabeza, según los champús hay cuatro variedades que me acuerde ahora: seco, graso, normal y con caspa. Sea cual sea el suyo, mi consejo es lavarlo por lo menos una vez, y no voy a decir cada cuanto tiempo porque no quiero poner en evidencia a nadie. Aunque, bueno, siempre se les puede recordar por ejemplo a los de cabellera grasienta, que lo que gana si se deja mucho tiempo en aceite no es el pelo, sino el queso. Si tienes caspa, debes saber que el efecto del champú sólo dura mientras estás dándole al secador. La única manera de que no llegue a caer sobre los hombros es esquivarla, pero se vuelve uno loco. Más cómodo que eso es instalarse en la espalda un juego de ventiladores a pilas conectados a un temporizador oculto en el sobaco, que los pone en funcionamiento cada equix gramos de manto blanco. De todas formas voy a seguir dándole vueltas a este asunto porque tiene que haber otra solución menos engorrosa.
Las PATILLAS largas tienen su aquel. Hay quien las deja crecer por los brazos hasta los codos para luego taparse la calva con ellas, rematando arriba en forma de lazo. No digo que no sea un apaño flipante, pero rompe la ortodoxia modal. A propósito, los calvos no diremos nunca que lo somos, sino que tenemos el pelo de metacrilato, y si alguien se ríe mucho, en el momento de abrir la boca se le señala con el dedo al diente que tenga torcido y a tresbolillo, veréis como se le corta el cachondeo.
Los que lucen CEJAS juntas y muy densas a modo de seto o barricada pero, en cambio, empiezan a perder el pelo delantero de la cabeza y eso les traumatiza, pueden peinárselas hacia arriba hasta llegar a cubrir las calvas. Así nadie sabrá nunca cuántos dedos de frente se tienen, aunque cualquiera puede deducir que quien ha sido capaz de llegar a eso, muchos más de dos, no. A lo lejos, las cejas muy inclinadas hacia los lados de la cara parecen cicatrices con lañas. Para que quedaran bien, habría que operarse de los ojos dándoles la misma angulación que las cejas, pero ya es armar mucho lío. Que se queden como están, yo creo.
Los OJOS grandes con mucho blanco y poco magro dan la impresión de que el propietario mira desde el fondo del cogote. Hay que salir de ahí. Mientras tanto, podemos agrandar la circunferencia del iris pegando a su alrededor unas arandelas del mismo color o de otro que haga juego con la retina, aunque en ese caso habrá que tener cuidado con el parpadeo repetitivo y las miradas de reojo, por las rozaduras.
Cuando se tienen los ojos pequeños y muy juntos, dejan mucho sitio libre y sobra cara (dura o blanda, ahí ya no me meto). Algo hay que hacer con tanta sien. Una solución es dejarse dos carriles de patillas a cada lado, separados por una línea de pelo teñida de distinto color; otra salida, comprarse unas gafas con montura de cinco centímetros de ancho en los tramos que van desde los rabillos de cada ojo hasta la oreja de su lado. Tampoco está mal tatuarse un león de las Cortes a cada lado ... en fín, no sé; darle vueltas vosotros también, a ver si se os ocurre algo, joer.
Lo que desde el mundo de la moda podemos afirmar categóricamente de LA LEGAÑA es que no es bella; ahora bien, si se mantienen dos por ojo guardando simetría, no sólo se atenúa el mal efecto inicial sino que, a cierta distancia podrían parecer lágrimas de oro. Y eso pone.
Para terminar con los ojos, daremos un consejo a quien enamoró a primera vista: si, a los pocos días del embeleso te sale un orzuelo pertinaz, mejor no vuelvas a quedar con ella hasta que ceda la hinchazón. Aunque estuviera loca por tu body, una mirada con ojos de carnero degollado y a través de una pústula no hay flechazo que lo resista. Si no puedes estar sin verla y sales, ponte un parche y la susurras que estás tuerto por ella (¿o se dice ciego?). Bueno, no sé.
En la próxima entrega bajaré por las orejas hasta donde llegue.
Con lo que todo el mundo habla de la moda y no haberme referido nunca a ella es un fallo garrafal que voy a corregir en este mismo instante. Iré de arriba abajo, siguiendo un orden que podré saltarme o no en cualquier momento, ya veremos. Este mes empezaremos por la cabeza. El que viene, según vea.
Para que una CABEZA no llame poderosamente la atención de otras que la miren, es imprescindible cumplir a rajatabla dos requisitos básicos: primero, llevarla permanentemente unida al cuerpo por la parte superior del cuello y, segundo, que el cogote quede siempre en la parte de atrás. Si, movidos por el afán de singularidad tan común en estos tiempos, nos operásemos para llevar pecho y nuca en el mismo plano, aparte de lo incómodo que resulta sonarse la nariz con el brazo en viceversa, iríamos por la vida de hostia en hostia. Al que no le guste su cabeza en general, puede encapuchársela o apagar la luz cada vez que se enfrente a un espejo, pero se engaña él solo porque la sigue teniendo. Una alternativa es degollarse, pero entonces, qué.
El PELO, es un compuesto de muchos hincados apto para hacer manojos que crece en la cabeza; en otras partes también, pero si estoy hablando ahora de la cabeza, estoy hablando de la cabeza, a ver si nos centramos. Hay masculinos que, bien porque su pelo les estomaga, bien porque no están dispuestos a peinarse a diario, se pasan la maquinilla y una obligación menos. Nada que objetar. No obstante debo advertir que antes de ir por la calle con el cráneo en porreta, es aconsejable medir la separación que en cada uno exista entre las puntas superiores de sus orejas y las sienes pelonas, y creo que se entiende por qué lo digo. Ante una distancia superior a ocho centímetros, el mundo de la moda recomienda no rapar y dejar las cosas como están. Porque una vez consumado el acto, aunque las madres siempre intentan consolar al esquilado diciéndole “no te preocupes, hijo, ya crecerá”, el mensaje no cala: crecer, crece, pero tarda, y mientras tarda hay miradas que joden.
En cuanto al pelo que se lleva sobre la cabeza, según los champús hay cuatro variedades que me acuerde ahora: seco, graso, normal y con caspa. Sea cual sea el suyo, mi consejo es lavarlo por lo menos una vez, y no voy a decir cada cuanto tiempo porque no quiero poner en evidencia a nadie. Aunque, bueno, siempre se les puede recordar por ejemplo a los de cabellera grasienta, que lo que gana si se deja mucho tiempo en aceite no es el pelo, sino el queso. Si tienes caspa, debes saber que el efecto del champú sólo dura mientras estás dándole al secador. La única manera de que no llegue a caer sobre los hombros es esquivarla, pero se vuelve uno loco. Más cómodo que eso es instalarse en la espalda un juego de ventiladores a pilas conectados a un temporizador oculto en el sobaco, que los pone en funcionamiento cada equix gramos de manto blanco. De todas formas voy a seguir dándole vueltas a este asunto porque tiene que haber otra solución menos engorrosa.
Las PATILLAS largas tienen su aquel. Hay quien las deja crecer por los brazos hasta los codos para luego taparse la calva con ellas, rematando arriba en forma de lazo. No digo que no sea un apaño flipante, pero rompe la ortodoxia modal. A propósito, los calvos no diremos nunca que lo somos, sino que tenemos el pelo de metacrilato, y si alguien se ríe mucho, en el momento de abrir la boca se le señala con el dedo al diente que tenga torcido y a tresbolillo, veréis como se le corta el cachondeo.
Los que lucen CEJAS juntas y muy densas a modo de seto o barricada pero, en cambio, empiezan a perder el pelo delantero de la cabeza y eso les traumatiza, pueden peinárselas hacia arriba hasta llegar a cubrir las calvas. Así nadie sabrá nunca cuántos dedos de frente se tienen, aunque cualquiera puede deducir que quien ha sido capaz de llegar a eso, muchos más de dos, no. A lo lejos, las cejas muy inclinadas hacia los lados de la cara parecen cicatrices con lañas. Para que quedaran bien, habría que operarse de los ojos dándoles la misma angulación que las cejas, pero ya es armar mucho lío. Que se queden como están, yo creo.
Los OJOS grandes con mucho blanco y poco magro dan la impresión de que el propietario mira desde el fondo del cogote. Hay que salir de ahí. Mientras tanto, podemos agrandar la circunferencia del iris pegando a su alrededor unas arandelas del mismo color o de otro que haga juego con la retina, aunque en ese caso habrá que tener cuidado con el parpadeo repetitivo y las miradas de reojo, por las rozaduras.
Cuando se tienen los ojos pequeños y muy juntos, dejan mucho sitio libre y sobra cara (dura o blanda, ahí ya no me meto). Algo hay que hacer con tanta sien. Una solución es dejarse dos carriles de patillas a cada lado, separados por una línea de pelo teñida de distinto color; otra salida, comprarse unas gafas con montura de cinco centímetros de ancho en los tramos que van desde los rabillos de cada ojo hasta la oreja de su lado. Tampoco está mal tatuarse un león de las Cortes a cada lado ... en fín, no sé; darle vueltas vosotros también, a ver si se os ocurre algo, joer.
Lo que desde el mundo de la moda podemos afirmar categóricamente de LA LEGAÑA es que no es bella; ahora bien, si se mantienen dos por ojo guardando simetría, no sólo se atenúa el mal efecto inicial sino que, a cierta distancia podrían parecer lágrimas de oro. Y eso pone.
Para terminar con los ojos, daremos un consejo a quien enamoró a primera vista: si, a los pocos días del embeleso te sale un orzuelo pertinaz, mejor no vuelvas a quedar con ella hasta que ceda la hinchazón. Aunque estuviera loca por tu body, una mirada con ojos de carnero degollado y a través de una pústula no hay flechazo que lo resista. Si no puedes estar sin verla y sales, ponte un parche y la susurras que estás tuerto por ella (¿o se dice ciego?). Bueno, no sé.
En la próxima entrega bajaré por las orejas hasta donde llegue.
CAMBIO HORARIO
Uno.- El domingo 29 cambian la hora
Otro.- ¿Qué será entonces, más tarde o más temprano?
Uno.- Más tarde
Otro.- Maravilloso; otra hora para dormir por la mañana
Uno.- Te equivocas
Otro.- ¿No dices que será más tarde?
Uno.- Las tres de ahora, después serán las cuatro.
Otro.- Pues eso. En vez de levantarme a las siete, me levantaré a las ocho
Uno.- No, porque serán las nueve
Otro.- ¿Y las ocho? ¿Adónde han ido a parar?
Uno.- Para que me entiendas, si mañana te levantas a las siete, a partir del domingo es como si te levantaras a las seis.
Otro.- ¿A las seis? ¿Y, dónde voy yo tan pronto?. Además, eso es más temprano y no más tarde, como me habías dicho antes.
Uno.- Es más temprano y, también una hora después respecto a la de hoy.
Otro.- ¿Quieres decir que con el cambio horario, antes va a ser más tarde que después?
Uno.- Yo no he dicho eso
Otro.- ¡Huy, que no!
Uno.- Me estás liando.
Otro.- Tú a mí, que dices cosas incongruentes.
Uno.- Lo que pasa es que no lo entiendes
Otro.- O no te explicas. Una hora después nunca puede ser más temprano que una hora antes
Uno.- Lo que digo es que el domingo 29, en estos momentos serán las cuatro y doce.
Otro.- ¿Y, qué?
Uno.- Que las tres y doce habrán sido hace una hora.
Otro.- Por eso
Uno.- ¿Cómo que por eso?
Otro.- Claro. Hace una hora es antes y no después.
Uno.- Mira, tío, cuando digan que adelantes el reloj lo haces. Y ahora me dejas en paz.
Otro.- Si le adelanto le llevaré adelantado. Es de cajón.
Uno.- A partir del domingo, no
Otro.- No quiero discutir, pero en este asunto hay algo que no controlas
Uno.- La forma en que tú te lías.
Otro.- Yo lo que quiero es dormir una hora más.
Uno.- Pues acuéstate antes.
Otro.- Querrás decir después.
Uno.- Ya no sé lo que quiero decir.
Otro.- Si necesitas aclararte te lo resumo en un momento de los de hoy.
Uno.- Dejémoslo así.
Otro.- Pudiendo aclarar las cosas, es tontería.
Uno.- Que sea
Otro.- Además, has empezado tu la conversación.
Uno.- Es que me da vueltas la cabeza.
Otro.- ¿En qué sentido, en el de las agujas del reloj o en el otro?
Uno.- ¡En el de la madre que me parió!
Otro.- ¿Qué sentido es ese?
Uno.- ¡¡El sentido de la vida, cojones, ya!!
Otro.- Y ahora, ¿por qué gritas de esa manera?
Uno.-
Otro.- Si el gobierno quiere adelantar la hora, que la adelante él desde La Moncloa, pero sin necesidad de que tengamos que tocar los relojes todos nosotros, ¿no te parece?
- ¡¡Me pareceeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee...!!
- Cuando te pones histérico no hay quien te resista.
Uno.- El domingo 29 cambian la hora
Otro.- ¿Qué será entonces, más tarde o más temprano?
Uno.- Más tarde
Otro.- Maravilloso; otra hora para dormir por la mañana
Uno.- Te equivocas
Otro.- ¿No dices que será más tarde?
Uno.- Las tres de ahora, después serán las cuatro.
Otro.- Pues eso. En vez de levantarme a las siete, me levantaré a las ocho
Uno.- No, porque serán las nueve
Otro.- ¿Y las ocho? ¿Adónde han ido a parar?
Uno.- Para que me entiendas, si mañana te levantas a las siete, a partir del domingo es como si te levantaras a las seis.
Otro.- ¿A las seis? ¿Y, dónde voy yo tan pronto?. Además, eso es más temprano y no más tarde, como me habías dicho antes.
Uno.- Es más temprano y, también una hora después respecto a la de hoy.
Otro.- ¿Quieres decir que con el cambio horario, antes va a ser más tarde que después?
Uno.- Yo no he dicho eso
Otro.- ¡Huy, que no!
Uno.- Me estás liando.
Otro.- Tú a mí, que dices cosas incongruentes.
Uno.- Lo que pasa es que no lo entiendes
Otro.- O no te explicas. Una hora después nunca puede ser más temprano que una hora antes
Uno.- Lo que digo es que el domingo 29, en estos momentos serán las cuatro y doce.
Otro.- ¿Y, qué?
Uno.- Que las tres y doce habrán sido hace una hora.
Otro.- Por eso
Uno.- ¿Cómo que por eso?
Otro.- Claro. Hace una hora es antes y no después.
Uno.- Mira, tío, cuando digan que adelantes el reloj lo haces. Y ahora me dejas en paz.
Otro.- Si le adelanto le llevaré adelantado. Es de cajón.
Uno.- A partir del domingo, no
Otro.- No quiero discutir, pero en este asunto hay algo que no controlas
Uno.- La forma en que tú te lías.
Otro.- Yo lo que quiero es dormir una hora más.
Uno.- Pues acuéstate antes.
Otro.- Querrás decir después.
Uno.- Ya no sé lo que quiero decir.
Otro.- Si necesitas aclararte te lo resumo en un momento de los de hoy.
Uno.- Dejémoslo así.
Otro.- Pudiendo aclarar las cosas, es tontería.
Uno.- Que sea
Otro.- Además, has empezado tu la conversación.
Uno.- Es que me da vueltas la cabeza.
Otro.- ¿En qué sentido, en el de las agujas del reloj o en el otro?
Uno.- ¡En el de la madre que me parió!
Otro.- ¿Qué sentido es ese?
Uno.- ¡¡El sentido de la vida, cojones, ya!!
Otro.- Y ahora, ¿por qué gritas de esa manera?
Uno.-
Otro.- Si el gobierno quiere adelantar la hora, que la adelante él desde La Moncloa, pero sin necesidad de que tengamos que tocar los relojes todos nosotros, ¿no te parece?
- ¡¡Me pareceeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee...!!
- Cuando te pones histérico no hay quien te resista.
DIÁLOGO DE ULTRANICHO
Muerto 1 (al 2, que acaba de ser enterrado).- Bienvenido al otro mundo.
Muerto 2 .- Joé, me ha dado usted un susto de muerte.
Muerto 1.- Querrá decir de vida.
Muerto 2.- Yo creía que en este estado no se hablaba.
Muerto 1.- Es que si no... Menudo aburrimiento.
Muerto 2.- ¿Hace mucho que yace usted aquí?
Muerto 1.- Ciento noventa y seis años y siete meses
Muerto 2.- Cuánta precisión. ¿Lleva la cuenta de cabeza?
Muerto 1.- En todo caso la llevaría de calavera.
Muerto 2.- ¿Sabe que se le entiende divinamente para no tener cuerdas vocales?
Muerto 1.- Es que nosotros con lo que charlamos es con el espíritu.
Muerto 2.- Así decía yo que retumbaba el nicho.
Muerto 1.- Aprovecho para decirle que hable bajo porque los vivos están en crisis y como se agriete la pared, no la van a reparar hasta sabe Dios cuando.
Muerto 2.- Calle usted, hombre, que he salido de la crisis hasta la coronilla.
Muerto 1.- Supongo que habrá dejado alguna pella hipotecaria a la familia
Muerto 2.- Es lo menos que podía hacer.
Muerto 1.- Eso sí; le estarán poniendo de hoja perejil.
Muerto 2.- No sé. Como ya no me suenan los oídos... De todas formas hubiese preferido seguir de vivo unos años más, las cosas como son.
Muerto 1.- Tonterías. Ya verá cómo se acostumbra.
Muerto 2.- Qué remedio.
Muerto 1.- Puesto que vamos a pasar juntos la eternidad, lo mejor será tutearnos, ¿no le parece?
Muerto 2.- Por mí no hay inconveniente. Ahora, eso de estar juntos la eternidad, depende. Lo mismo te mandan a ti al infierno y a mí al cielo.
Muerto 1.- También podría ser al revés, ¿no?
Muerto 2.- Era un decir. Por cierto, ¿cómo va ese asunto?
Muerto 1.- De ir, va algo lento. Sólo tienes que verme a mí.
Muerto 2.- Las cosas de palacio van despacio, ya se sabe.
Muerto 1.- De cualquier forma, ciento noventa seis años de espera que llevo yo, se hacen largos de cojones.
Muerto 2.-. Depende. Si los comparas con lo que queda, son un plís-plás.
Muerto 1.- Ya, pero se te desmoraliza mucho el espíritu.
Muerto 2.- ¿Y no nos podemos entretener apareciéndonos a alguien?
Muerto 1.- Poder, podemos, pero la gente se da unos sustos que luego te quedas pesaroso.
Muerto 2.- ¿Aunque vayas en buen plan?
Muerto 1.- Es que antes de que asomes la fosforescencia, se te desmayan de la impresión. Ponte en su lugar.
Muerto 2.- Lo comprendo. ¿Y si te reclama un vidente?
Muerto 1.- ¡Bah!. Sólo pregunta tonterías. Yo fui un par de veces y a los cinco minutos ya me había largado por el techo.
Muerto 2.- ¿La segunda también por el techo?
Muerto 1.- Es por donde más mola. No sé si habrás visto Poltergeist...
Muerto 2.- A mí es que no me gusta dar sustos grandes.
Muerto 1.- Yo tampoco soy partidario, pero por ejemplo a Bush le hubiese dado unos cuantos.
Muerto 2.- A buenas horas, mangas verdes.
Muerto 1.- Si no lo hice fue por si localizaba mi aparición y mandaba bombardear el cementerio.
Muerto 2.- ¿Para matar muertos?. Eso es una tontería
Muerto 1.- Sería lo propio, viniendo de él
Muerto 2.- También es verdad.
Muerto 1.- A otro que se le puede asustar hasta que devuelva la pasta es al Madoff, ese.
Muerto 2.- Y al juez Ferrín Calamita.
Muerto 1.- Hay tantos, que no daríamos abasto.
Muerto 2.- Te veo poco animado.
Muerto 1.- Los primeros lustros eran otra cosa, pero a medida que transcurre la eternidad, vas haciendo pereza.
Muerto 2.- Me dice mi espíritu que nos larguemos de apariciones.
Muerto 1.- ¿Ya?. Leche, pero si acabas de morirte
Muerto 2.- La novedad... Ya sabes
(Se oye un siseo misterioso y Muerto 2 sale del nicho en forma de efluvio, sorteando cipreses con una agilidad asombrosa)
Muerto 1 (al 2, que acaba de ser enterrado).- Bienvenido al otro mundo.
Muerto 2 .- Joé, me ha dado usted un susto de muerte.
Muerto 1.- Querrá decir de vida.
Muerto 2.- Yo creía que en este estado no se hablaba.
Muerto 1.- Es que si no... Menudo aburrimiento.
Muerto 2.- ¿Hace mucho que yace usted aquí?
Muerto 1.- Ciento noventa y seis años y siete meses
Muerto 2.- Cuánta precisión. ¿Lleva la cuenta de cabeza?
Muerto 1.- En todo caso la llevaría de calavera.
Muerto 2.- ¿Sabe que se le entiende divinamente para no tener cuerdas vocales?
Muerto 1.- Es que nosotros con lo que charlamos es con el espíritu.
Muerto 2.- Así decía yo que retumbaba el nicho.
Muerto 1.- Aprovecho para decirle que hable bajo porque los vivos están en crisis y como se agriete la pared, no la van a reparar hasta sabe Dios cuando.
Muerto 2.- Calle usted, hombre, que he salido de la crisis hasta la coronilla.
Muerto 1.- Supongo que habrá dejado alguna pella hipotecaria a la familia
Muerto 2.- Es lo menos que podía hacer.
Muerto 1.- Eso sí; le estarán poniendo de hoja perejil.
Muerto 2.- No sé. Como ya no me suenan los oídos... De todas formas hubiese preferido seguir de vivo unos años más, las cosas como son.
Muerto 1.- Tonterías. Ya verá cómo se acostumbra.
Muerto 2.- Qué remedio.
Muerto 1.- Puesto que vamos a pasar juntos la eternidad, lo mejor será tutearnos, ¿no le parece?
Muerto 2.- Por mí no hay inconveniente. Ahora, eso de estar juntos la eternidad, depende. Lo mismo te mandan a ti al infierno y a mí al cielo.
Muerto 1.- También podría ser al revés, ¿no?
Muerto 2.- Era un decir. Por cierto, ¿cómo va ese asunto?
Muerto 1.- De ir, va algo lento. Sólo tienes que verme a mí.
Muerto 2.- Las cosas de palacio van despacio, ya se sabe.
Muerto 1.- De cualquier forma, ciento noventa seis años de espera que llevo yo, se hacen largos de cojones.
Muerto 2.-. Depende. Si los comparas con lo que queda, son un plís-plás.
Muerto 1.- Ya, pero se te desmoraliza mucho el espíritu.
Muerto 2.- ¿Y no nos podemos entretener apareciéndonos a alguien?
Muerto 1.- Poder, podemos, pero la gente se da unos sustos que luego te quedas pesaroso.
Muerto 2.- ¿Aunque vayas en buen plan?
Muerto 1.- Es que antes de que asomes la fosforescencia, se te desmayan de la impresión. Ponte en su lugar.
Muerto 2.- Lo comprendo. ¿Y si te reclama un vidente?
Muerto 1.- ¡Bah!. Sólo pregunta tonterías. Yo fui un par de veces y a los cinco minutos ya me había largado por el techo.
Muerto 2.- ¿La segunda también por el techo?
Muerto 1.- Es por donde más mola. No sé si habrás visto Poltergeist...
Muerto 2.- A mí es que no me gusta dar sustos grandes.
Muerto 1.- Yo tampoco soy partidario, pero por ejemplo a Bush le hubiese dado unos cuantos.
Muerto 2.- A buenas horas, mangas verdes.
Muerto 1.- Si no lo hice fue por si localizaba mi aparición y mandaba bombardear el cementerio.
Muerto 2.- ¿Para matar muertos?. Eso es una tontería
Muerto 1.- Sería lo propio, viniendo de él
Muerto 2.- También es verdad.
Muerto 1.- A otro que se le puede asustar hasta que devuelva la pasta es al Madoff, ese.
Muerto 2.- Y al juez Ferrín Calamita.
Muerto 1.- Hay tantos, que no daríamos abasto.
Muerto 2.- Te veo poco animado.
Muerto 1.- Los primeros lustros eran otra cosa, pero a medida que transcurre la eternidad, vas haciendo pereza.
Muerto 2.- Me dice mi espíritu que nos larguemos de apariciones.
Muerto 1.- ¿Ya?. Leche, pero si acabas de morirte
Muerto 2.- La novedad... Ya sabes
(Se oye un siseo misterioso y Muerto 2 sale del nicho en forma de efluvio, sorteando cipreses con una agilidad asombrosa)
lunes, 21 de diciembre de 2009
SIN GALÁCTICOS, ADIÓS ESPAÑA
- Perdónenme. Este mes, como corresponde, tenía pensado invitarles a ver cómo beben los peces en el río y se doran los corderos en el horno, pero ha saltado a los medios la noticia más angustiosa desde el fin de la guerra fría y no tengo más remedio que centrarme en ella.
- ¿De qué se trata?
- No sé ustedes, pero yo he cogido un rebote que echo las muelas a pares; estoy que trino, colérico, aullador. Así me encuentro: a tope de ira irrefrenable contra el gobierno. Es de todo punto inaudito lo que está ocurriendo aquí, españoles todos.
- Pues, ¿qué pasa?
- ¿Cómo que, qué pasa?: que Zapatero y sus compinches parlamentarios se han propuesto entregar España al enemigo por donde más duele.
- ¿Por dónde es eso?
- Por el fútbol. ¿Es que no han oído que quieren subir el IRPF a los futbolistas de fuera que cobren más de 600.000 euros anuales?.
- Eso dicen, sí.
- ¿Y se quedan ustedes ahí tan tranquilos?. ¿No ven que si aprueban esa alevosía, deja de venir la crème de la crème balompédica y nuestra liga se convierte en una pachanga de peloteros y mindundis?.
- ¡Hala!
- Ni hala, ni halo. Hay que ir más allá y analizar las repercusiones de la medida. ¿No ven el panorama que se avecina?
- No, pero cuente, cuente.
- Parte ya se ha dicho, pero no me importa repetirlo para que tengan una visión global del cataclismo. La secuencia de las cosas será más o menos esta: Los equipos de fútbol españoles caen eliminados de la Champions a la primera de cambio; las cadenas de televisión que lo retransmiten pierden pasta por un tubo porque la gente se cansa de ver los sábados y domingos partidos de fútbol-risión. Ello lleva a la bancarrota a las televisiones, y a sus trabajadores al paro. Se acabó el piperviú, y con él se va a tomar por saco el consumo de pipas, palomitas, refrescos y cerveza. Decrece la plantación de girasoles y los excedentes de maíz y cebada hacen que baje el precio. Los agricultores cuelgan el tractor y los comercios dejan de suministrar palomitas a los cines, que también acaban cerrando.
- La cosa se pone fea.
- Y no ha hecho más que empezar. Los bares pierden lo mejor de su clientela; baja la venta de cañas y chupitos, pinchos de tortilla y raciones de oreja a la plancha, hasta que los dueños se ven obligados a bajar el cierre. A su vez, la gente deja de ir a los estadios y los clubs entran en quiebra irreversible. España entera se aburre, de modo que se dispara el número de suicidios, sobre todo masculinos, con lo cual aumentan las viudas, que se echan a la calle para sobrevivir, aumentando la prostitución y la delincuencia.
- Siga, siga.
- Para poder pagar la pensión a tanta viuda, el Estado se ve obligado a reducir, entre otros gastos, los de defensa nacional. En este clima de abatimiento, depresión social y debilidad defensiva, los moros se enteran por Internet y nos invaden de sur a norte aprovechando que no está Trillo para detenerles en la isla Perejil, ni don Pelayo en Covadonga para reiniciar la reconquista.
- Entonces, ¿qué hacemos: nos rendimos ya o esperamos acontecimientos?
Yo llevo en esta bolsa dos pares de chilabas del 42 y un turbante con la media luna en la frente.
- Pues, hale. Que Alá le bendiga.
- ¿De qué se trata?
- No sé ustedes, pero yo he cogido un rebote que echo las muelas a pares; estoy que trino, colérico, aullador. Así me encuentro: a tope de ira irrefrenable contra el gobierno. Es de todo punto inaudito lo que está ocurriendo aquí, españoles todos.
- Pues, ¿qué pasa?
- ¿Cómo que, qué pasa?: que Zapatero y sus compinches parlamentarios se han propuesto entregar España al enemigo por donde más duele.
- ¿Por dónde es eso?
- Por el fútbol. ¿Es que no han oído que quieren subir el IRPF a los futbolistas de fuera que cobren más de 600.000 euros anuales?.
- Eso dicen, sí.
- ¿Y se quedan ustedes ahí tan tranquilos?. ¿No ven que si aprueban esa alevosía, deja de venir la crème de la crème balompédica y nuestra liga se convierte en una pachanga de peloteros y mindundis?.
- ¡Hala!
- Ni hala, ni halo. Hay que ir más allá y analizar las repercusiones de la medida. ¿No ven el panorama que se avecina?
- No, pero cuente, cuente.
- Parte ya se ha dicho, pero no me importa repetirlo para que tengan una visión global del cataclismo. La secuencia de las cosas será más o menos esta: Los equipos de fútbol españoles caen eliminados de la Champions a la primera de cambio; las cadenas de televisión que lo retransmiten pierden pasta por un tubo porque la gente se cansa de ver los sábados y domingos partidos de fútbol-risión. Ello lleva a la bancarrota a las televisiones, y a sus trabajadores al paro. Se acabó el piperviú, y con él se va a tomar por saco el consumo de pipas, palomitas, refrescos y cerveza. Decrece la plantación de girasoles y los excedentes de maíz y cebada hacen que baje el precio. Los agricultores cuelgan el tractor y los comercios dejan de suministrar palomitas a los cines, que también acaban cerrando.
- La cosa se pone fea.
- Y no ha hecho más que empezar. Los bares pierden lo mejor de su clientela; baja la venta de cañas y chupitos, pinchos de tortilla y raciones de oreja a la plancha, hasta que los dueños se ven obligados a bajar el cierre. A su vez, la gente deja de ir a los estadios y los clubs entran en quiebra irreversible. España entera se aburre, de modo que se dispara el número de suicidios, sobre todo masculinos, con lo cual aumentan las viudas, que se echan a la calle para sobrevivir, aumentando la prostitución y la delincuencia.
- Siga, siga.
- Para poder pagar la pensión a tanta viuda, el Estado se ve obligado a reducir, entre otros gastos, los de defensa nacional. En este clima de abatimiento, depresión social y debilidad defensiva, los moros se enteran por Internet y nos invaden de sur a norte aprovechando que no está Trillo para detenerles en la isla Perejil, ni don Pelayo en Covadonga para reiniciar la reconquista.
- Entonces, ¿qué hacemos: nos rendimos ya o esperamos acontecimientos?
Yo llevo en esta bolsa dos pares de chilabas del 42 y un turbante con la media luna en la frente.
- Pues, hale. Que Alá le bendiga.
domingo, 20 de diciembre de 2009
MI NIETO, EL GRILLO
No se pueden ustedes imaginar el disgusto que tengo. Mi hija ha dado a luz un grillo. Los médicos no se lo explican, y menos aún Yony, su marido, al que más que los celos ha podido la impresión, y se ha dado aposta en la sien con el manillar de la camilla. Está inconsciente desde entonces, pero es mejor que siga así.Siempre me había hecho ilusión tener un nieto diferente a los demás, sin embargo no contaba con que lo fuera tanto. Aunque tenga la ventaja de que nadie se atreverá a sacarle parecidos con alguno de la familia (eso espero), no compensa. Su madre, no digo que esté encantada, pero no lo lleva tan mal como yo; al fin y al cabo es su hijo. Ella, al verle por primera vez puso los ojos en blanco y tuvieron que ponerla oxígeno y una camisa de fuerza, pero cuando recuperó el conocimiento, un psicólogo argentino le ayudó a hacerse a la idea y ahora le ve hasta guapo.
Antes de que naciera había pensado regalarle la cuna y un buen chupete; ahora tendré que ver dónde venden jaulas y ponerle un potito de lechuga entre los barrotes. Cuando sus padres vayan a trabajar me le dejarán a mí, y si se pone enfermo o no echa los gases le llevaré al veterinario. Qué bochorno. Y cambiarle para que no se escueza... Pero, ¿hay pañales para grillos? ¿Cómo se ponen? ¿Y si se asfixia?
Mi hija quiere llamarle José, en mi honor. Ya le he dicho dos cosas: Una, que maldito honor me hace y, dos, que de José a Pepe va un paso, y de Pepe a Pepito, medio, de manera que nadie le va a llamar José Guzmán, sino Pepito Grillo. Esperemos que la criatura no salga tocapelotas.
Cuando me le dejen, durante el día no tengo problema porque le pongo un documental de la 2 o una peli de dibujos animados, y punto; no creo que sea más inteligente que los niños. Ahora bien, no quiero ni pensar en las noches que me va a dar este verano. Si supiera dónde hay correas para grillos, le sacaba todas las tardes a dar una vuelta por el campo hasta agotarle de cansancio, pero no venden. Y aunque vendieran. ¿Dónde tiene el cuello?. Joder, qué complicación de vida.
Como soy mayor, han pasado por mi cabeza las distintas etapas de la existencia que le esperan y me he tenido que tomar un tranquilizante. ¿Qué será de él cuando vaya a la escuela? ¿Le tratarán sus compañeros como a un bicho raro aunque no lo sea, puesto que el grillo es de lo más corriente? ¿Se podrá a cantar en medio de la clase?. Supongo que le apuntarán al coro del colegio. ¿Quién le enseñará a coger el lapicero sin que se le caiga encima del peso y le rompa una antena?. ¿Aprenderá a decir crí, crí, crí con acento inglés, vasco, catalán y gallego?. Duele tener un nieto así.
Después llegará el momento de hacer la Primera Comunión. Yo siempre quise ver a mi nieto vestido de marinerito, pero la vida me había preparado una frustración más. No creo que el cura ponga ninguna pega a darle la comunión por el hecho de que sea grillo; otra cosa es que además fuera homosexual. Todavía es pronto para ir pensando en la vestimenta alternativa, aunque ya le estoy dando vueltas al asunto para que no se me adelante nadie. Con lo inquieto que es, un trajecito de mosquetero le iría como anillo al dedo. Veremos a ver.
Si no vale para estudiar, tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Que aprenda un oficio y se ponga a currar. De antenista no estaría mal, sin embargo yo le aconsejaré que se dedique al cante. Aunque la pensión no me sobra, estoy dispuesto a pagarle clases particulares de solfeo; no puede estar toda la vida cantando la misma nota. Es evidente: o amplía el repertorio y los conocimientos elementales de música, o no hay futuro fuera de la jaula. Y es una pena, porque aptitudes tiene.
En cuanto a las relaciones de pareja que pueda tener, yo ahí no me meto. Sí me gustaría que hiciera buenas migas con una grilla moderna, trabajadora y, sobre todo independiente, para que mi nieto no se duerma en los laureles, o en las lechugas, ustedes ya me entienden.
Creo que el tranquilizante que me tomé hace un rato me está haciendo efecto. Tengo que dejarles. Que, ¿qué hace mi nieto ahora?. Está un poquillo fastidiado: le han puesto la trivalente y debe tener un poco de fiebre. Digo debe porque no hay manera de ponerle el termómetro.
lunes, 27 de abril de 2009
LAS ABUBILLAS DE LAS VISTILLAS
domingo, 19 de abril de 2009
LA LOMBRIZZZZ

LA LOMBRIZ
Huyendo la lombriz
de la codorniz,
horada la tierra
con la nariz.
Es de tuneladora,
aprendiz,
y, por ello, la más feliz,
es la lombriz
que vive en Madriz.
Y en Madriz,
quiere ser actriz
la lombriz,
hospedarse en el Ritz
y tener algún desliz
con un gusano
o una gusaniz,
pues de ese cariz
es la lombriz
que alterna en Madriz.
sábado, 26 de mayo de 2007
¡VENGA YA, HOMBRE!
Jugándonos la vida, los occidentales fuimos allí a transformarles en seres civilizados. En justa compensación, nos quedamos con buena parte de sus recursos naturales; en realidad, ellos, en su ignorancia, desconocían tanto la utilidad como el valor real de lo que poseían, de manera que, desde esta perspectiva, salimos perdiendo: nos retribuíamos tan alto riesgo con algo que para aquellas gentes carecía de provecho alguno. Pero, así de espléndidos somos nosotros, qué le vamos a hacer.
Sin embargo, cuando sólo llevábamos unos siglos enseñándoles a extraer los minerales más valiosos y a que supieran separar la mena de la ganga, los indígenas menos dotados intelectualmente para negociar, de forma injustificada e inexplicable se mostraron en desacuerdo con el reparto de la producción entre ellos y nosotros -tiene narices-, llegando incluso a organizarse en grupúsculos violentos de resistencia porque no les dábamos más. Como precaución, antes de que las cosas se agravaran decidimos proteger nuestros legítimos intereses de las turbas salvajes, para lo cual nombramos sátrapas de confianza que sofocaran las revueltas con mano firme, aunque a cambio tuviéramos que construirles algún que otro palacio y poner a su disposición un ramillete de cuentas corrientes bien nutridas con las que satisfacer sus pintorescos lujos y los de sus correspondientes séquitos. Estos gastos, claro está, los recuperábamos con creces cargando nuestros barcos con productos de aquellas tierras; ya sabe todo el mundo a qué productos me refiero.
La incomprensión de los nativos fue aumentando, obsesionados por la propiedad de lo que, ingenuamente, consideraban como suyo. Bueno, pues a pesar de eso, nuestra generosidad continuó inmutable: para combatir tanta miseria, en las explotaciones extractivas establecimos jornadas laborales flexibles de 18 a 20 horas diarias, tanto para los padres de familia como para sus hijos, sin importarnos que fueran menores de edad: no era momento de andar con sentimentalismos. Había que levantar aquello con el esfuerzo de todos, y del suyo el primero; al fin y al cabo trabajábamos para su bienestar.
Como no podía ser de otra manera, las ganancias así obtenidas, en su mayor parte retornaban a la metrópoli, dejando siempre algún remanente para corruptelas sin importancia y dotar de armamento a los dictadorzuelos por nosotros impuestos. Eso sí, les teníamos dicho que sólo utilizaran la fuerza contra la subversión en casos extremos y siempre con carácter defensivo, si bien ya se sabe lo que pasa con estas cosas: a cualquier programa de ayuda al desarrollo que se precie, por bueno que sea, unos cuantos miles de indígenas muertos no hay quien se los quite.
A pesar de tanto esfuerzo, sacrificio, y dedicación por nuestra parte, los nativos eran incapaces de imprimir dinamismo a sus economías, así que, en un nuevo ejercicio de solidaridad, les concedimos créditos a bajo interés con los que pudieran contratar a nuestras empresas para la construcción de las infraestructuras básicas. Se acabaron las obras y cobraron las empresas, sí, pero qué desastre de gente: incapaces de ahorrar, aquellos gobiernos coloniales no pudieron devolvernos los intereses de los préstamos, habiéndose acumulado el montante hasta la actualidad. Como no pueden pagarlos, algunas oenegés tocapelotas dicen que les perdonemos la deuda. Encima, no te jode.
Pasaron los años y la agresividad de la chusma fue creciendo. Por más que intentamos explicarles en qué consistía la democracia política, no hubo manera; querían también la económica. Les decíamos: "Ambas cosas a la vez no son recomendables. Pueden surgir desajustes estructurales que imposibiliten el crecimiento armónico de las variables macro, dentro de los márgenes definidos tanto por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial como por las más prestigiosas entidades financieras europeas, ¿entendéis?. Vosotros id creando poco a poco las instituciones políticas formales siempre dentro del respeto a la propia idiosincrasia, mientras nosotros os administramos la riqueza en base a la confianza mutua que nos tenemos". Pero nada; no lo cogían; incluso algunos se cabreaban más.
En este estado de cosas, se multiplicaron los actos de vandalismo, hasta el punto de que nuestros soldados caían emboscados cada vez en mayor número, arreciaron las críticas de la opinión pública dentro de las metrópolis, y cuando las protestas empezaron a poner en peligro nuestra continuidad en los gobiernos, repatriamos las tropas y salimos de allí echando leches sin haber completado la reconstrucción prometida a los oriundos de bien. Muchas de nuestras empresas energéticas siguen en esos lugares recónditos, pero ya no explotan con la confianza y seguridad de antaño. Aquellos pueblos africanos, asiáticos y sudamericanos a los que fuimos a salvar sus almas y socorrer sus cuerpos, incapaces de labrar su propio futuro, de gobernarse en condiciones aceptables, han vuelto a hundirse en el subdesarrollo mientras vemos cómo aumentan las luchas tribales por el poder. Una pena.
El colmo es que, después de todo lo que hemos hecho por ellos, ahora lleguen a nuestro continente muertos de hambre, diciendo que vienen en busca de una oportunidad. ¿Otra? ¡Venga ya, hombre!
Jugándonos la vida, los occidentales fuimos allí a transformarles en seres civilizados. En justa compensación, nos quedamos con buena parte de sus recursos naturales; en realidad, ellos, en su ignorancia, desconocían tanto la utilidad como el valor real de lo que poseían, de manera que, desde esta perspectiva, salimos perdiendo: nos retribuíamos tan alto riesgo con algo que para aquellas gentes carecía de provecho alguno. Pero, así de espléndidos somos nosotros, qué le vamos a hacer.
Sin embargo, cuando sólo llevábamos unos siglos enseñándoles a extraer los minerales más valiosos y a que supieran separar la mena de la ganga, los indígenas menos dotados intelectualmente para negociar, de forma injustificada e inexplicable se mostraron en desacuerdo con el reparto de la producción entre ellos y nosotros -tiene narices-, llegando incluso a organizarse en grupúsculos violentos de resistencia porque no les dábamos más. Como precaución, antes de que las cosas se agravaran decidimos proteger nuestros legítimos intereses de las turbas salvajes, para lo cual nombramos sátrapas de confianza que sofocaran las revueltas con mano firme, aunque a cambio tuviéramos que construirles algún que otro palacio y poner a su disposición un ramillete de cuentas corrientes bien nutridas con las que satisfacer sus pintorescos lujos y los de sus correspondientes séquitos. Estos gastos, claro está, los recuperábamos con creces cargando nuestros barcos con productos de aquellas tierras; ya sabe todo el mundo a qué productos me refiero.
La incomprensión de los nativos fue aumentando, obsesionados por la propiedad de lo que, ingenuamente, consideraban como suyo. Bueno, pues a pesar de eso, nuestra generosidad continuó inmutable: para combatir tanta miseria, en las explotaciones extractivas establecimos jornadas laborales flexibles de 18 a 20 horas diarias, tanto para los padres de familia como para sus hijos, sin importarnos que fueran menores de edad: no era momento de andar con sentimentalismos. Había que levantar aquello con el esfuerzo de todos, y del suyo el primero; al fin y al cabo trabajábamos para su bienestar.
Como no podía ser de otra manera, las ganancias así obtenidas, en su mayor parte retornaban a la metrópoli, dejando siempre algún remanente para corruptelas sin importancia y dotar de armamento a los dictadorzuelos por nosotros impuestos. Eso sí, les teníamos dicho que sólo utilizaran la fuerza contra la subversión en casos extremos y siempre con carácter defensivo, si bien ya se sabe lo que pasa con estas cosas: a cualquier programa de ayuda al desarrollo que se precie, por bueno que sea, unos cuantos miles de indígenas muertos no hay quien se los quite.
A pesar de tanto esfuerzo, sacrificio, y dedicación por nuestra parte, los nativos eran incapaces de imprimir dinamismo a sus economías, así que, en un nuevo ejercicio de solidaridad, les concedimos créditos a bajo interés con los que pudieran contratar a nuestras empresas para la construcción de las infraestructuras básicas. Se acabaron las obras y cobraron las empresas, sí, pero qué desastre de gente: incapaces de ahorrar, aquellos gobiernos coloniales no pudieron devolvernos los intereses de los préstamos, habiéndose acumulado el montante hasta la actualidad. Como no pueden pagarlos, algunas oenegés tocapelotas dicen que les perdonemos la deuda. Encima, no te jode.
Pasaron los años y la agresividad de la chusma fue creciendo. Por más que intentamos explicarles en qué consistía la democracia política, no hubo manera; querían también la económica. Les decíamos: "Ambas cosas a la vez no son recomendables. Pueden surgir desajustes estructurales que imposibiliten el crecimiento armónico de las variables macro, dentro de los márgenes definidos tanto por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial como por las más prestigiosas entidades financieras europeas, ¿entendéis?. Vosotros id creando poco a poco las instituciones políticas formales siempre dentro del respeto a la propia idiosincrasia, mientras nosotros os administramos la riqueza en base a la confianza mutua que nos tenemos". Pero nada; no lo cogían; incluso algunos se cabreaban más.
En este estado de cosas, se multiplicaron los actos de vandalismo, hasta el punto de que nuestros soldados caían emboscados cada vez en mayor número, arreciaron las críticas de la opinión pública dentro de las metrópolis, y cuando las protestas empezaron a poner en peligro nuestra continuidad en los gobiernos, repatriamos las tropas y salimos de allí echando leches sin haber completado la reconstrucción prometida a los oriundos de bien. Muchas de nuestras empresas energéticas siguen en esos lugares recónditos, pero ya no explotan con la confianza y seguridad de antaño. Aquellos pueblos africanos, asiáticos y sudamericanos a los que fuimos a salvar sus almas y socorrer sus cuerpos, incapaces de labrar su propio futuro, de gobernarse en condiciones aceptables, han vuelto a hundirse en el subdesarrollo mientras vemos cómo aumentan las luchas tribales por el poder. Una pena.
El colmo es que, después de todo lo que hemos hecho por ellos, ahora lleguen a nuestro continente muertos de hambre, diciendo que vienen en busca de una oportunidad. ¿Otra? ¡Venga ya, hombre!
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