miércoles, 14 de noviembre de 2012
EL BANCO DE MI PUEBLO
Cuando
yo era pequeño, el banco de mi pueblo era ese sitio donde los mayores guardaban
el dinero que tenían. Luego, una parte de este se lo prestaba el señor director
a don Manuel para comprar gallinas y conejos, a la señora Amparo lo que le
faltaba para ampliar la tienda de telas, y a Felipe porque tenía que comprar
cubetos nuevos antes de que llegara la vendimia. Al año siguiente, los tres
habían devuelto los préstamos gracias a las ganancias de sus actividades
productivas, con lo cual ellos estaban tan felices y el señor director también,
porque disponía de más dinero para prestar a otros vecinos. El pueblo iba
creciendo, y su economía real lo mismo. Ahora, con el dinero de los mayores,
ese mismo banco compra por Internet productos financieros que vende
inmediatamente después para ganar más en menos tiempo, y esa demasía la vuelve
a invertir en otros medios de pago más sofisticados, etc. etc… Su riqueza
aumenta, sin embargo, la economía real de mi pueblo se ha estancado, y los
hijos de don Manuel, de Felipe y de la señora Amparo han tenido que cerrar sus
negocios familiares ante la negativa del señor director del banco a prestarles
ni un euro.
domingo, 4 de noviembre de 2012
DIÁLOGOS
ESTRAMBÓTICOS: “HACER LO QUE HAY QUE HACER”
- Sabemos lo que hay que hacer y
lo vamos a hacer.
- ¿Y, qué van a hacer?
- Lo que sabemos que hay que
hacer
-
Eso ya lo ha dicho, pero ¿saben lo que hay que hacer?.
- Acabo de decírselo: lo que vamos
a hacer.
- Si se mete en el bucle, no
habrá manera de entendernos.
- Comprenda que si sabiendo lo
que hay que hacer hiciéramos otra cosa, estaríamos haciendo lo que no hay que hacer.
- Cierto, pero, ¿no puede ser
algo más concreto?
- ¿Más todavía?
- Si fuera posible…
- Está bien. Le daré otro dato
fundamental: haremos lo que sea de sentido común.
- Más tranquilo me deja.
- Y añadiré más: no haremos nada
que debamos hacer si no es de sentido común.
- ¿Y la parte contratante de la
segunda parte?
- Esa viene después. No se
precipite.
- ¿También la harán?
- No le quepa a usted la menor
duda. Cada parte contratante tendrá su tratamiento aparte.
- Acaba de salirle un pareado.
- Es que estoy sembrado.
- Y ahora, otro.
- Ya le digo.
- Dejémoslo ahí si le parece y
respóndame: ¿Cómo lo harán?.
- ¿El qué?
- Coño, qué va a ser: lo que hay
que hacer.
- Ah, sí. Lo haremos como Dios
manda.
- En esta entrevista veo que se
avanza poco.
- No se preocupe, que de esta
salimos.
- ¿Se refiere a la crisis o a la
charla?
- A la crisis, a la crisis.
- Dígame de qué forma, porque
hasta ahora no da esa impresión.
- Mi primer análisis es este:
¿cómo se sale de cualquier sitio?: saliendo.
- Del mismo modo que se entra,
entrando, ¿no es eso?
- Veo que lo va pillando.
- Con dificultad, pero sí.
- Porque lo que no puede ser no
puede ser, y además es imposible.
- Esa frase es de Guerrita.
- Es que Guerrita era de los
míos.
- Eso parece.
- Mire usted: hay que hacer
nuevas reformas, muchas reformas, cada vez más reformas.
- Sí, pero ¿cuáles?
- Las que España necesita.
- Joder, tío, diga ya algo con
sustancia, que me estoy mosqueando.
- Y ajustes, nuevos ajustes,
muchos ajustes, cada vez más ajustes.
- Ahora le pregunto que cuáles más
y me va a contestar otra vez que los que España necesita.
- Me alegra comprobar que me
sigue.
- ¿Bajarán las pensiones futuras?
- ¿Adónde?
- ¿Qué pasará con la edad de
jubilación?
- En esto quiero ser claro y
rotundo: le puedo asegurar que cada español se jubilará en su momento.
- ¿Es una primicia?
- Por ser usted.
- ¿Y del rescate, qué me cuenta?
- Que de niño era mi juego
preferido. Si quiere le explico cómo funciona.
- Mejor será que lo dejemos aquí.
No me he traído las pastillas y tengo la tensión alta.
- Lástima. Ahora que empezaba a
entrar en detalle, va usted y se marcha. ¿A hacer qué?
- Lo que hay que hacer.
- En ese caso, vaya usted con
Dios.
sábado, 27 de octubre de 2012
LO QUE NOS DEBE LA
BANCA
lunes, 22 de octubre de 2012
EL PAÍS DONDE NO SE SABÍA
DIMITIR
No
se lo van a creer, pero en el país del que hablo nadie dimitía. Y no se piensen
que era por apego al cargo; sencillamente es que la gente no sabía dimitir.
Escenas como las que cuento a continuación eran de lo más habitual:
- Anda, Gutiérrez, sal del
Ayuntamiento y no vuelvas más, que no quiero verte ni en pintura – le decía el
alcalde a uno de sus concejales, al que había pillado reformándose la salita de
estar de su casa a cargo del presupuesto municipal.
- Si te estomaga mi presencia, ya
sabes, césame –respondía el edil, arrugando la frente.
- Vete tú, y así no damos cuartos
al pregonero.
- ¿Que me vaya yo? – señalaba Gutiérrez, sorprendido, apuntándose
con el dedo en la boca del estómago.
- Tienes razón, lo he dicho sin
pensar. Ya sé que no se puede ir uno, así como así –rectificaba el alcalde, pensativo,
paseando en línea recta por su despacho, desde la bandera al busto del rey y
viceversa.
- Yo me iría, pero no sé. ¿Cómo
se hará eso? – se preguntaba Gutiérrez en voz alta, con cara de llevar tiempo
en off.
- Ni idea, chico –respondía el alcalde
sin detener su paseo mecánico.
- Lo intentaré de todas formas,
pero no te garantizo nada- apuntillaba el otro sin saber por dónde empezar.
El
concejal entraba en su despacho y se ponía a escribir: “Yo, Fermín Gutiérrez Cárdenas,
Concejal Delegado de Obras, expongo lo siguiente: Aunque todo se debe a una venganza
política urdida contra mí por la pérfida oposición, soy inocente de lo que se
me acusa, pero dadas las circunstancias, presento, presento…” . Y ahí se
detenía, sin saber continuar, dando puñetazos como un poseso al teclado del
ordenador.
Así
se pasaba los días, intentándolo sin éxito, hasta que el alcalde, cansado de
esperar, acababa cesándole, claro, pero el concejal se iba del cargo sin haber
presentado la dimisión.
Le
ocurría a todo el mundo: gobernadores civiles, senadores, diputados… Cuando
algún superior les pedía que dejaran el cargo por propia voluntad, ponían una
mueca de idiota que daba no se qué verles.
Pasó
mucho tiempo hasta que un becario que se había metido entre pecho y espalda media
docena de masters a distancia, encontró la solución. “¿Dimisoni… sidimión… nisodím…?”,
repetía en voz alta una y otra vez, sin dar con la palabra exacta. Hasta que un
martes, de madrugada, se le encendió la neurona de guardia y fue a dar con la
combinación silábica perfecta. Eufórico, salió al balcón de la sede en pelota
picada gritando como un loco:
¡DI-MI-SI-ÓN!… ¡¡¡Eureka!!...
¡DI-MI-SI-ÓN!. Y se puso a dimitir él inmediatamente, a ver qué pasaba.
¿Te has vuelto majara?. Tiene que
dimitir alguien que tenga un cargo –le corrigió, más lúcido, su compañero de
análisis.
Entusiasmados,
esa misma mañana los becarios se dirigieron a la Asamblea regional y ofrecieron
su hallazgo a un diputado autonómico, sospechoso de haberse llevado el escaño a
su casa, con micrófono y todo, para montarse karaokes nocturnos con su señora.
Siguiendo
las instrucciones de los dos lumbreras, el diputado presentó oficialmente la
carta en la que aparecía por vez primera la palabra dimisión y, acto seguido,
abandonó el cargo, aunque sin saber exactamente qué suponía en realidad aquello.
Como
era previsible, esa tarde se sintió tan raro que el día siguiente regresó a su
puesto en la Asamblea ,
donde aún andaba el descubridor de la palabra, explicando su significado a los
presentes.
Pero, ¿tú no habías dimitido? -preguntó el joven estudioso al diputado,
cuando le vio entrar.
Sí, ¿y qué?
Entonces, ¿qué haces aquí otra
vez?
¿Cómo que qué hago?
Si dimites, como que dimites. No
aparezcas, tío.
¿Por qué? A mí nadie me ha
cesado.
Tú mismo, ¿es que no lo
entiendes?.
¿Yo mismo?. De eso, nada.
Como te explicamos ayer, dimitir
significa irse antes de que a uno le echen.
Le he estado dando vueltas toda
la noche, y eso es imposible. No se puede.
Y yo te digo que sí.
Di misa si te da la gana, pero en
este país solo hay dos maneras de dejar el cargo: o te cesan o te mueres –dijo
el tipo sintiéndose acosado; tanto, que inmediatamente se acercó al Vicepresidente
segundo de la Cámara
para quejarse.
Oye, Benavides, mira lo que dice este
soplagaitas – y le contó la incidencia, mientras señalaba despectivamente al descubridor.
Tonterías. Ese es un listo- acabó
Benavides, solidario, echándole el brazo por encima del hombro.
Y el diputado en cuestión, más
crecido que un déficit público, siguió encolado al puesto y al sueldo, a la espera
de que alguien le cesara.
jueves, 18 de octubre de 2012
FAVOR POR FAVOR
Por
si alguien todavía no se ha enterado bien, hemos hecho un inmenso favor a
nuestros socios europeos aceptando que nos concedan una línea de crédito (también
llamada “la eurobicoca”) de hasta 100.000 millones. Aún se desconocen los términos
exactos del contrato, pero no hay que descartar la posibilidad de que los
intereses nos los paguen ellos a nosotros, de forma que podamos ir amortizando
el principal de la línea sin darnos cuenta. Favor por favor.
IBERDROLA INFORMA
Hemos recibido en casa la última
factura de Iberdrola y, junto a ella, una carta pretendidamente aclaratoria que
empieza así: “Al objeto de facilitar la comprensión de la factura…”. Deseoso de
comprender, sigo leyendo y me encuentro, en resumen, con la siguiente
explicación:
1. Que me refacturan el 4º
trimestre de 2011 debido a los “precios de los peajes de acceso a las redes”, y
el 1º trimestre de 2012 para “sufragar los costes regulados del sistema de
revisión de precios de los peajes”.
2. Que la compañía me carga el
consumo de abril, al tener en cuenta “la Orden por la cual se aprueban los
peajes de acceso a partir del 1 de abril de 2012”.
La nota no sigue, pero confío en
que pronto manden otra sobre la parte contratante de la segunda parte. Hasta
entonces, lo que este ignorante usuario sabe es que con las tres refacturaciones
me ha subido el recibo de la luz un 13,80 % y que la culpa de todo no la tienen
ni Iberdrola ni el gobierno, sino los peajes de acceso a las redes, que por lo
visto salen por un ojo de la cara.
LOS PARADOS SON DE
ESPAÑA
También
la demagogia (como “degeneración de la democracia”, la define la RAE en su
segunda acepción) tiene límites, pero el portavoz parlamentario del PP, Alfonso
Alonso, no parece conocerlos. Decir que los desempleados sin prestación son los
parados de Zapatero, trasciende lo demagógico. Es, sencillamente, una indecencia.
A estas alturas, todo el mundo sabe porque las hemerotecas son testigos
insobornables, que el origen de la burbuja inmobiliaria -causa principal de que
millones de personas abandonaran estudios y oficios por el ladrillo y ahora se
vean en el paro- se fraguó siendo presidente del gobierno José María Aznar.
Después, Zapatero dejó que siguiera mandando el principio liberal laissez faire, laissez passer, y ese fue
su enorme, su inmenso error. Sin embargo, cuando una bomba estalla dejando
víctimas, no es el momento de discutir quién fue más culpable, si el que
fabricó la bomba o el que no la desactivó a tiempo, pudiendo hacerlo. Ahora,
señor Alonso, hay que socorrer a los heridos, que no son ni de Aznar ni de
Zapatero, sino de España, y el deber del gobierno, sea del partido que sea, es
atenderles sin rechistar.
MADRID: SANIDAD
PÚBLICA Y LISTAS DE ESPERA
POLÍTICOS
SEÑOR PRESIDENTE, TENGO UNA PREGUNTA PARA USTED
Algo imperdonable hemos debido hacer los funcionarios para
que nos baje el sueldo, aumente nuestra jornada laboral, nos reduzca a la mitad
los días libres y Beteta abogue porque se nos racione el café (a corto plazo no
contamos con cortes de luz, agua y gas, pero todo se andará). Como es de
justicia que el múltiple castigo recibido guarde cabal proporción con los
desatinos supuestamente perpetrados por nosotros, un repaso rápido a los
fiascos más notables debería bastar para dar con la o las causas. Veamos. De
los 23.465 millones de Bankia nos enteramos por de Guindos, o sea, que por eso
no es. Los agujeros de Caja Castilla-La Mancha, Caja de Ahorros del
Mediterráneo, Banco de Valencia y las cajas gallegas tampoco, porque se
hicieron con taladros privados. Los casos Nóos, Malaya, Campeón, ERE, Gürtel,
Palma Arena, ITV, Pretoria, Millet y ese largo etcétera de asuntos
putrefactos fueron orquestados por individuos sin plaza de
funcionario. Los aeropuertos de Castellón y Ciudad Real o el circuito de Fórmula
1 de Valencia, por citar solo tres ejemplos, se aprobaron sin nuestra
participación. Ninguno de nosotros votó los sueldos siderales de ministros,
diputados, consejeros, concejales y alcaldes. No podemos formar parte de los
defraudadores a los que Montoro recibe con los brazos abiertos, porque a
nosotros él sí que nos controla la nómina… ¿Entonces, qué hemos hecho nosotros
para merecer esto, señor presidente?.
A DON CRISTÓBAL MONTORO
El gobierno anda buscando dinero como loco en
los caladeros de las clases media y baja. Después de subirnos el IRPF, el IVA,
el IBI, el transporte, la luz y el gas; después de introducir el repago
sanitario, retirar la ayuda a los dependientes, facilitar los despidos, reducir
los salarios, mandar a miles de interinos al paro, etc. etc., y mientras
deciden cuándo y cuánto nos bajará las pensiones, usted, don Cristóbal, puede
combatir la ansiedad que toda espera produce rebañando aún más los bolsillos
más humildes; por ejemplo con la instalación de fontímetros en los
grifos de las fuentes (se cobraría por tragos), ludómetros en los
columpios, toboganes y balancines de los parques públicos, sombrómetros
en los árboles de copa hermosa y banquímetros en los bancos y poyos de
las aceras patrias. También ayudaría a cumplir los objetivos del déficit cobrar
peaje en los carriles-bici, gravar el cobijo que proporcionan las marquesinas y
aplicar un impuesto que actúe como cajón de sastre de ocurrencias futuras (el
IOFU). Lo que hay que hacer es darle más el tarro, don Cristóbal, hasta
dejarnos secos como la mojama a nosotros, a los de siempre.
En cuanto al capital de los de su clase y
condición, ya sabe que una parte de la riqueza la tienen a nombre de
testaferros, otra anda dando réditos en paraísos fiscales, y el resto lo
invierten en deuda pública, esa por la cual usted les paga de nuestros
bolsillos el 6 y pico por ciento de interés con fondos que ellos consiguen solo
al 1. En este último caso me estoy refiriendo a sus amigos los banqueros, ya
sabe.
Siempre ha habido ricos y pobres, señor
Montoro, y aunque no conocemos cuántos hay de cada grupo, lo que es seguro es
que con medidas como las que ustedes no se cansan de tomar, en España cada vez
hay menos ricos con mayor fortuna y más pobres con menos que llevarse a la
boca. Todo un éxito de su política popular.
miércoles, 17 de octubre de 2012
ÉPOCA
DE TRADICIÓN Y COSTUMBRES
Leo, que en un
pueblo de Albacete (Villarrobledo), el equipo de gobierno del PP ha decidido celebrar
el Día de la Mujer Rural, y para ello, doña Belén Torres, como así se llama la concejala
de allí y, a la vez, senadora, ha inaugurado una exposición de velos, rosarios,
misales y peinetas, en recuerdo de los atavíos que portaban las mujeres de los
años 50, “aquella época de tradición y costumbres”, según sus propias palabras.
Para completar la colección, propongo a la nostálgica edil que en las paredes
del museo municipal haga colgar los clásicos azulejos de cerámica con refranes
de aquel entonces dedicados a la mujer como: “La mujer casada, en casa y con la
pierna quebrada”, “La mujer traviesa, con azotes se endereza”, “A la mujer y a
la lechuga, por la cintura”, “A la mujer y a la mula, mano dura” y tantos otros
que reflejan el papel reservado a la mujer (rural y urbana) en aquellos tiempos
de sotana y coronilla. Ayudará a las nuevas generaciones de jóvenes a hacerse
una idea más exacta sobre “aquella época de tradición y costumbres”.
WERT
INNOVA LAS MATEMÁTICAS
José Ignacio
Wert ha introducido una innovación de alcance en el mundo de las matemáticas,
que el profesorado de esta disciplina debería incorporar a sus enseñanzas de
manera inminente. Según el ministro, con los recortes en Educación, “el número
de alumnos por clase no aumenta, se flexibiliza”. Pongamos un ejemplo para que
los chavales comprendan y asimilen la diferencia: si antes en su clase eran 28
y ahora son 33, no es porque ellos hayan aumentado en 5, sino porque se han flexibilizado.
Extrapolando el hallazgo al conjunto de la ciencia matemática, lo que los
estudiantes deben aprender, pues, es que, en contra de lo que se creía hasta
ahora, al ir de menos a más, los números no aumentan sino que se transforman,
varían, se modifican, cambian, se alteran, mudan, fluctúan; en definitiva, se
flexibilizan, pero en ningún caso crecen, se elevan o, mucho menos, aumentan.
Supongo que habrá que modificar los libros de texto, y rápido.domingo, 7 de octubre de 2012
CONTAR HASTA DIEZ
QUE VENGA DIOS Y LO
VEA
jueves, 4 de octubre de 2012
SANIDAD PÚBLICA A DOMICILIO
Llaman a la puerta
- ¿Quién es?
- El mensajero.
- Hola, buenas. ¿Qué quería?. No recuerdo haber pedido nada.
- ¿Vive aquí el enfermo Amancio Lista Despera?
- Sí. Está en la cama.
- Es de parte de la sanidad pública.
- ¿Qué trae ahí dentro?
- Un paquete con el instrumental para operaciones: bisturís, vendas, tijeras, anestesia, botella de suero, en fin…
- ¿Le van a operar aquí, en casa?
- Eso es.
- ¿Y cuándo viene el cirujano?
- ¿Qué cirujano?. Después de los recortes han quedado tan pocos que no dan a basto.
- ¿Quién le va a operar entonces?
- El mismo enfermo
- ¿A sí mismo?
- Él mejor que nadie sabe dónde tiene el mal.
- Pero si está anestesiado no va a…
- Anestesia local. No hay fondos para anestesiarle entero. Él se duerme la zona chunga y, cuando ya no la sienta, saca el bisturí y al toro que es una mona.
- Con lo cobardica que es, no sé si se atreverá.
- Le echa usted un par de lingotazos de coñac cabezón en la taza del desayuno y verá como sí.
- Además, lo que tiene mal es el riñón. No sé cómo se las va a apañar para operarse en la espalda.
- Es tan fácil como tumbarse boca abajo e instalar un juego de espejos en la habitación, de manera que pueda ver en cada momento y desde distintos ángulos, dónde se está metiendo mano.
- Un poco arriesgado, ¿no le parece?.
- También puede intervenirle algún familiar
- Menos mal que dan alternativa.
- Aquí le dejo el manual de instrucciones y un DVD para que observe con atención cómo operarse sin riesgo. Puede hacerlo usted misma, ya digo. Si sigue bien las directrices, será coser y cantar.
- Cortar y coser.
- Bueno, eso.
- Espere un momento: Veo que las instrucciones vienen en inglés, francés, alemán y japonés.
- Al final del todo hay un resumen en español
- ¿En esta página que dice: “Cómo operar por la vía rápida. Ahorre los pasos tontos”?
- Sí. Nosotros lo llamamos atajo quirúrgico.
- Me angustia un poco; no sé.
- Venga, señora, sea valiente. Ponga el DVD, verá qué sencillo.
- ¿Estará bien explicadito, verdad?
- No tiene pérdida. Primero vienen unas palabras de saludo que le mandan personalmente las autoridades políticas sanitarias. Preste atención porque inmediatamente después de que oiga decir: “La suma de todos”, empiezan los momentos de cirugía propiamente dichos.
- ¿Y, si la cosa se complica?
- Le da al Re-Play
- Estoy viendo que mi marido se me va.
- Seamos serios: ¿Adónde va a ir con el costado abierto?
- Que se me va, que se me muere.
- En ese caso, la Administración no se hace cargo, se lo advierto. Le traemos a casa el aparataje con las instrucciones y un apoyo visual de primer orden. Más no se puede hacer en estos momentos de crisis. Y ahora, por favor, firme debajo del recibí, y ponga su nombre y la fecha, que tengo pendientes otras siete entregas por aquí cerca. En quince días máximo vengo a recoger el utillaje.
- Si tuviera dinero, le operaría de pago.
- Pero no lo tiene, ¿a que no?
- Veré si puedo conseguirlo… ¡Eh, oiga, que se le ha caído del bolsillo una tarjeta!
- ¿Una tarjeta?... ¡Ah, sí!. Es propaganda de una clínica privada. Quédesela por si la necesita. Casualmente tengo más en la guantera del coche.
El comercial sanitario se mete en el furgón y acelera hacia la próxima entrega. La mujer, mira la tarjeta y mientras despide al agente, se la guarda en el bolsillo del delantal. Al cerrar la puerta, se dio cuenta de que hacía mucho que no le brotaba por todo el cuerpo un sudor tan frío.
Llaman a la puerta
- ¿Quién es?
- El mensajero.
- Hola, buenas. ¿Qué quería?. No recuerdo haber pedido nada.
- ¿Vive aquí el enfermo Amancio Lista Despera?
- Sí. Está en la cama.
- Es de parte de la sanidad pública.
- ¿Qué trae ahí dentro?
- Un paquete con el instrumental para operaciones: bisturís, vendas, tijeras, anestesia, botella de suero, en fin…
- ¿Le van a operar aquí, en casa?
- Eso es.
- ¿Y cuándo viene el cirujano?
- ¿Qué cirujano?. Después de los recortes han quedado tan pocos que no dan a basto.
- ¿Quién le va a operar entonces?
- El mismo enfermo
- ¿A sí mismo?
- Él mejor que nadie sabe dónde tiene el mal.
- Pero si está anestesiado no va a…
- Anestesia local. No hay fondos para anestesiarle entero. Él se duerme la zona chunga y, cuando ya no la sienta, saca el bisturí y al toro que es una mona.
- Con lo cobardica que es, no sé si se atreverá.
- Le echa usted un par de lingotazos de coñac cabezón en la taza del desayuno y verá como sí.
- Además, lo que tiene mal es el riñón. No sé cómo se las va a apañar para operarse en la espalda.
- Es tan fácil como tumbarse boca abajo e instalar un juego de espejos en la habitación, de manera que pueda ver en cada momento y desde distintos ángulos, dónde se está metiendo mano.
- Un poco arriesgado, ¿no le parece?.
- También puede intervenirle algún familiar
- Menos mal que dan alternativa.
- Aquí le dejo el manual de instrucciones y un DVD para que observe con atención cómo operarse sin riesgo. Puede hacerlo usted misma, ya digo. Si sigue bien las directrices, será coser y cantar.
- Cortar y coser.
- Bueno, eso.
- Espere un momento: Veo que las instrucciones vienen en inglés, francés, alemán y japonés.
- Al final del todo hay un resumen en español
- ¿En esta página que dice: “Cómo operar por la vía rápida. Ahorre los pasos tontos”?
- Sí. Nosotros lo llamamos atajo quirúrgico.
- Me angustia un poco; no sé.
- Venga, señora, sea valiente. Ponga el DVD, verá qué sencillo.
- ¿Estará bien explicadito, verdad?
- No tiene pérdida. Primero vienen unas palabras de saludo que le mandan personalmente las autoridades políticas sanitarias. Preste atención porque inmediatamente después de que oiga decir: “La suma de todos”, empiezan los momentos de cirugía propiamente dichos.
- ¿Y, si la cosa se complica?
- Le da al Re-Play
- Estoy viendo que mi marido se me va.
- Seamos serios: ¿Adónde va a ir con el costado abierto?
- Que se me va, que se me muere.
- En ese caso, la Administración no se hace cargo, se lo advierto. Le traemos a casa el aparataje con las instrucciones y un apoyo visual de primer orden. Más no se puede hacer en estos momentos de crisis. Y ahora, por favor, firme debajo del recibí, y ponga su nombre y la fecha, que tengo pendientes otras siete entregas por aquí cerca. En quince días máximo vengo a recoger el utillaje.
- Si tuviera dinero, le operaría de pago.
- Pero no lo tiene, ¿a que no?
- Veré si puedo conseguirlo… ¡Eh, oiga, que se le ha caído del bolsillo una tarjeta!
- ¿Una tarjeta?... ¡Ah, sí!. Es propaganda de una clínica privada. Quédesela por si la necesita. Casualmente tengo más en la guantera del coche.
El comercial sanitario se mete en el furgón y acelera hacia la próxima entrega. La mujer, mira la tarjeta y mientras despide al agente, se la guarda en el bolsillo del delantal. Al cerrar la puerta, se dio cuenta de que hacía mucho que no le brotaba por todo el cuerpo un sudor tan frío.
jueves, 27 de septiembre de 2012
RIESGO Y SU PRIMA
Riesgo (mirando hacia el cielo, con unos prismáticos en la mano derecha y un megáfono en la izquierda).
- Pero, prima: ¿cómo has llegado hasta ahí arriba?.
Prima de.- A empujones.
Riesgo.- ¿De quien?.
Prima de.- De los mercados, como llaman ahora a los capitalistas.
Riesgo.- ¡Chssssss!. Ándate con ojo y no pronuncies ese nombre en voz alta, que como te oigan pueden sacarte de la atmósfera de un solo envite. Llámales inversores financieros, que no suena tan verdad.
Prima de.- ¿No había que llamar al pan, pan y al vino, vino?
Riesgo.- Eso vale solo para el pan y el vino.
Prima de.- Yo pensé que era más general.
Riesgo.- Pues no: solo vale para el pan y el vino. Por ejemplo, la subida del IRPF no se llama subida del IRPF.
Prima de.- ¿Entonces cómo?
Riesgo.- Recargo transitorio de solidaridad.
Prima de.- ¡Qué bonito, primo!
Riesgo.- En Junio te lo contaré.
Prima de.- Lo que yo te cuento es que estoy harta de vivir aquí colgada.
Riesgo.- ¿No puedes bajar tu sola?
Prima de.- Ojalá. Me suben y bajan a pelotazos. Ellos lo llaman flujos de inversión.
Riesgo.- ¿Quieres que te baje yo?
Prima de.- No puedes. Manejan el mecanismo on-line.
Riesgo.- Una curiosidad: ¿A cuántos puntos básicos estás ahora?.
Prima de.- Traen conmigo un trajín, que ni lo sé.
Riesgo.- Toma Biodramina; es muy buena para el mareo de cabeza.
Prima de.- También tengo vértigo.
Riesgo.- Coño, no te asomes.
Prima de.- Es que me puede la curiosidad: no te figuras lo pequeño que se ve desde aquí arriba el bono alemán.
Riesgo.- Pues es enorme de grande. Da miedo.
Prima de.- Qué rabia, no poder echarle un pulso.
Riesgo.- Tú siempre serás peso mosca. Enfrentándote a él recibirías más sopapos que un funcionario en la nómina.
Prima de.- Ya me los dan aquí arriba.
Riesgo.- A pesar de la altura, te noto con la moral por los suelos.
Prima de.- Es que la tengo.
Riesgo.- ¿Por?.
Prima de.- Oí que el nuevo gobierno iba a bajarme del todo, y mira donde sigo.
Riesgo.- ¿Quién dijo eso?.
Prima de.- La gente de Intereconomía. Luego lo leí en La Razón.
Riesgo.- Es que te metes unas sobredosis de chute talibán divinos de la muerte.
Prima de.- Que como Rajoy generaba una confianza que te pasas en los foros más influyentes del mundo, era cosa hecha.
Riesgo.- ¿Y no contrastaste con otras opiniones?.
Prima de.- Tenía tantas ganas de bajar, que no quise por si acaso me chafaban la ilusión.
Riesgo.- Me acuerdo que de pequeños, cuando jugábamos a los animales, tú siempre te pedías hacer de avestruz. Escondías la cabeza bajo el sobaco mucho mejor que Mari Loli.
Prima de (a lo suyo).- Después me enteré de que el Ministro de Economía fue hasta hace poco un antiguo directivo de Lehman Brothers y me sofoqué más.
Riesgo.- A mí me dio risa, de los nervios que me entraron.
Prima de (se echa a llorar).- Ahora sé que cuando baje de aquí, si algún día bajo, será porque lo diga la Merkel.
Riesgo.- Si quieres me paso por el Banco Central Europeo a ver qué pueden hacer por ti.
Prima de (secándose las lágrimas con un boceto de eurobono).- No sé para qué, si no sabes alemán. Riesgo.- Me llevo al tío Hans conmigo.
Prima de.- El tío Hans es de los suyos.
Riesgo.- ¡Jó, qué mundo!.
Prima de.- Ya, ni la familia.
Riesgo.- Bueno, chata, tengo que dejarte porque me empieza a doler el cuello de mirar hacia arriba. Un beso, y cuídate mucho.
Riesgo mete en la funda los prismáticos, desconecta el megáfono y se aleja tocándose la nuca, con una mueca de dolor. Su prima, allá arriba, en el columpio, tiene la impresión de que muy pronto recibirá nuevas descargas.
Riesgo (mirando hacia el cielo, con unos prismáticos en la mano derecha y un megáfono en la izquierda).
- Pero, prima: ¿cómo has llegado hasta ahí arriba?.
Prima de.- A empujones.
Riesgo.- ¿De quien?.
Prima de.- De los mercados, como llaman ahora a los capitalistas.
Riesgo.- ¡Chssssss!. Ándate con ojo y no pronuncies ese nombre en voz alta, que como te oigan pueden sacarte de la atmósfera de un solo envite. Llámales inversores financieros, que no suena tan verdad.
Prima de.- ¿No había que llamar al pan, pan y al vino, vino?
Riesgo.- Eso vale solo para el pan y el vino.
Prima de.- Yo pensé que era más general.
Riesgo.- Pues no: solo vale para el pan y el vino. Por ejemplo, la subida del IRPF no se llama subida del IRPF.
Prima de.- ¿Entonces cómo?
Riesgo.- Recargo transitorio de solidaridad.
Prima de.- ¡Qué bonito, primo!
Riesgo.- En Junio te lo contaré.
Prima de.- Lo que yo te cuento es que estoy harta de vivir aquí colgada.
Riesgo.- ¿No puedes bajar tu sola?
Prima de.- Ojalá. Me suben y bajan a pelotazos. Ellos lo llaman flujos de inversión.
Riesgo.- ¿Quieres que te baje yo?
Prima de.- No puedes. Manejan el mecanismo on-line.
Riesgo.- Una curiosidad: ¿A cuántos puntos básicos estás ahora?.
Prima de.- Traen conmigo un trajín, que ni lo sé.
Riesgo.- Toma Biodramina; es muy buena para el mareo de cabeza.
Prima de.- También tengo vértigo.
Riesgo.- Coño, no te asomes.
Prima de.- Es que me puede la curiosidad: no te figuras lo pequeño que se ve desde aquí arriba el bono alemán.
Riesgo.- Pues es enorme de grande. Da miedo.
Prima de.- Qué rabia, no poder echarle un pulso.
Riesgo.- Tú siempre serás peso mosca. Enfrentándote a él recibirías más sopapos que un funcionario en la nómina.
Prima de.- Ya me los dan aquí arriba.
Riesgo.- A pesar de la altura, te noto con la moral por los suelos.
Prima de.- Es que la tengo.
Riesgo.- ¿Por?.
Prima de.- Oí que el nuevo gobierno iba a bajarme del todo, y mira donde sigo.
Riesgo.- ¿Quién dijo eso?.
Prima de.- La gente de Intereconomía. Luego lo leí en La Razón.
Riesgo.- Es que te metes unas sobredosis de chute talibán divinos de la muerte.
Prima de.- Que como Rajoy generaba una confianza que te pasas en los foros más influyentes del mundo, era cosa hecha.
Riesgo.- ¿Y no contrastaste con otras opiniones?.
Prima de.- Tenía tantas ganas de bajar, que no quise por si acaso me chafaban la ilusión.
Riesgo.- Me acuerdo que de pequeños, cuando jugábamos a los animales, tú siempre te pedías hacer de avestruz. Escondías la cabeza bajo el sobaco mucho mejor que Mari Loli.
Prima de (a lo suyo).- Después me enteré de que el Ministro de Economía fue hasta hace poco un antiguo directivo de Lehman Brothers y me sofoqué más.
Riesgo.- A mí me dio risa, de los nervios que me entraron.
Prima de (se echa a llorar).- Ahora sé que cuando baje de aquí, si algún día bajo, será porque lo diga la Merkel.
Riesgo.- Si quieres me paso por el Banco Central Europeo a ver qué pueden hacer por ti.
Prima de (secándose las lágrimas con un boceto de eurobono).- No sé para qué, si no sabes alemán. Riesgo.- Me llevo al tío Hans conmigo.
Prima de.- El tío Hans es de los suyos.
Riesgo.- ¡Jó, qué mundo!.
Prima de.- Ya, ni la familia.
Riesgo.- Bueno, chata, tengo que dejarte porque me empieza a doler el cuello de mirar hacia arriba. Un beso, y cuídate mucho.
Riesgo mete en la funda los prismáticos, desconecta el megáfono y se aleja tocándose la nuca, con una mueca de dolor. Su prima, allá arriba, en el columpio, tiene la impresión de que muy pronto recibirá nuevas descargas.
EDUCACIÓN PÚBLICA
UNO.- Con esto de los recortes, a los profesores les han duplicado el número de alumnos por clase. ¿Qué te parece?
OTRO.- De perlas. Donde antes aprendían 23 chavales, ahora aprenden 46.
UNO.- No rebosando, cuanta más gente se instruya, mejor.
OTRO.- Y si se ve que no caben, fuera tabiques y que agranden las aulas.
UNO.- Obras no. Hay que restringir gastos.
OTRO.- De la albañilería podrían encargarse los mismos maestros en plan voluntario.
UNO.- Incluso estaría bien que la herramienta y los materiales corrieran de su cuenta. Para eso tienen un trabajo fijo.
OTRO.- Haz la prueba: tú propónselo a uno cualquiera de ellos, aunque sea en buen plan, verás qué cara te pone.
UNO.- De intransigencia totalitaria. Se les llena la boca hablando de la educación pública, y luego no son capaces de echar ni una mano extraescolar.
OTRO.- Ya ves tú, qué trabajo les costaría dar de llana cuatro tabiques.
UNO.- Dicen ellos que cuando hay muchos alumnos por aula se enseña peor.
OTRO. - ¿Peor?. Qué risa. Eso es imposible.
UNO.- ¿Por qué lo dices?
OTRO.- Porque en la pública los maestros son funcionarios.
UNO.- Calla, calla… No menciones esa palabra que me da la escarlatina.
OTRO.- Además, si reconocen que enseñan peor, habrá que rebajar sueldos y abrir expedientes a mansalva.
UNO.- ¿Quién es mansalva?. Algún listo de la marea verde, seguro.
OTRO.- Quiero decir a lo bestia, a mogollón.
UNO.- ¡Ah!
OTRO.- También se quejan de que les han aumentado las horas lectivas.
UNO.- Pero, por Dios, si eso es buenísimo para todos: A más horas lectivas, más lecciones; a más lecciones, más lecturas, y a más lecturas, más lectores. Si lo dice la palabra.
OTRO.- ¿Cuál de ellas, que me he perdido?
UNO.- La primera que dije.
OTRO.- La primera ha sido horas.
UNO.- No digo esa.
OTRO.- Joder, cuál.
UNO.- Chico, no sé si ha sido lección, lectura o lectiva. Con tanta derivación se me ha traspapelado en la memoria.
OTRO.- No busques, que es igual. Lo cierto es que mientras la educación esté en manos de gente funcionaria, ¿qué podemos esperar?.
UNO.- Solo analfabetismo funcional.
OTRO.- Y disentería.
UNO.- ¿Disentería también?
OTRO.- Me ha venido a la cabeza de sopetón, y ya sabes que las primeras ideas son las que valen. UNO.- Entonces es que algo de eso hay.
OTRO- Y si no, que lo demuestren.
UNO.- ¿El qué? ¿El analfabetismo o la disentería funcional?
OTRO.- El disentismo, el disentismo analfabético.
UNO.- Por muy listos que sean, tendrán difícil demostrar eso.
OTRO.- Pues si no lo demuestran es porque tenemos razón.
UNO.- No, si lo tienen jodido.
OTRO.- Depende, porque luego salen los sindicalistas y les apoyan, que esa es otra.
UNO.- Eran pocos y parió la abuela.
OTRO.- Si quieres nos metemos ahora con el absentismo laboral.
UNO.- Querer, quiero, pero el que escribe esto dice que nos callemos porque no tiene más espacio. OTRO.- Pretextos. Lo que pasa es que le duele oír la verdad.
UNO.- Oye, tú, vámonos que este nos echa.
OTRO.- Entonces, habrá que despedirse con el grito que traíamos preparado.
UNO y DOS.- ¡¡La educación, o es privada o nada!!
UNO.- Con esto de los recortes, a los profesores les han duplicado el número de alumnos por clase. ¿Qué te parece?
OTRO.- De perlas. Donde antes aprendían 23 chavales, ahora aprenden 46.
UNO.- No rebosando, cuanta más gente se instruya, mejor.
OTRO.- Y si se ve que no caben, fuera tabiques y que agranden las aulas.
UNO.- Obras no. Hay que restringir gastos.
OTRO.- De la albañilería podrían encargarse los mismos maestros en plan voluntario.
UNO.- Incluso estaría bien que la herramienta y los materiales corrieran de su cuenta. Para eso tienen un trabajo fijo.
OTRO.- Haz la prueba: tú propónselo a uno cualquiera de ellos, aunque sea en buen plan, verás qué cara te pone.
UNO.- De intransigencia totalitaria. Se les llena la boca hablando de la educación pública, y luego no son capaces de echar ni una mano extraescolar.
OTRO.- Ya ves tú, qué trabajo les costaría dar de llana cuatro tabiques.
UNO.- Dicen ellos que cuando hay muchos alumnos por aula se enseña peor.
OTRO. - ¿Peor?. Qué risa. Eso es imposible.
UNO.- ¿Por qué lo dices?
OTRO.- Porque en la pública los maestros son funcionarios.
UNO.- Calla, calla… No menciones esa palabra que me da la escarlatina.
OTRO.- Además, si reconocen que enseñan peor, habrá que rebajar sueldos y abrir expedientes a mansalva.
UNO.- ¿Quién es mansalva?. Algún listo de la marea verde, seguro.
OTRO.- Quiero decir a lo bestia, a mogollón.
UNO.- ¡Ah!
OTRO.- También se quejan de que les han aumentado las horas lectivas.
UNO.- Pero, por Dios, si eso es buenísimo para todos: A más horas lectivas, más lecciones; a más lecciones, más lecturas, y a más lecturas, más lectores. Si lo dice la palabra.
OTRO.- ¿Cuál de ellas, que me he perdido?
UNO.- La primera que dije.
OTRO.- La primera ha sido horas.
UNO.- No digo esa.
OTRO.- Joder, cuál.
UNO.- Chico, no sé si ha sido lección, lectura o lectiva. Con tanta derivación se me ha traspapelado en la memoria.
OTRO.- No busques, que es igual. Lo cierto es que mientras la educación esté en manos de gente funcionaria, ¿qué podemos esperar?.
UNO.- Solo analfabetismo funcional.
OTRO.- Y disentería.
UNO.- ¿Disentería también?
OTRO.- Me ha venido a la cabeza de sopetón, y ya sabes que las primeras ideas son las que valen. UNO.- Entonces es que algo de eso hay.
OTRO- Y si no, que lo demuestren.
UNO.- ¿El qué? ¿El analfabetismo o la disentería funcional?
OTRO.- El disentismo, el disentismo analfabético.
UNO.- Por muy listos que sean, tendrán difícil demostrar eso.
OTRO.- Pues si no lo demuestran es porque tenemos razón.
UNO.- No, si lo tienen jodido.
OTRO.- Depende, porque luego salen los sindicalistas y les apoyan, que esa es otra.
UNO.- Eran pocos y parió la abuela.
OTRO.- Si quieres nos metemos ahora con el absentismo laboral.
UNO.- Querer, quiero, pero el que escribe esto dice que nos callemos porque no tiene más espacio. OTRO.- Pretextos. Lo que pasa es que le duele oír la verdad.
UNO.- Oye, tú, vámonos que este nos echa.
OTRO.- Entonces, habrá que despedirse con el grito que traíamos preparado.
UNO y DOS.- ¡¡La educación, o es privada o nada!!
LAS BODAS DE CANAAN
Las campanas de Canaan anuncian la ceremonia. Son las cinco de la tarde y Jesús, cansado de predicar, duerme la siesta como lo que es: un bendito. María corre a despertarle:
- Vamos, vamos, que no llegamos.
- ¿Que no llegamos adónde?- contesta él, incorporándose sobresaltado.
- ¿Adónde va a ser?: ¡A la boda!.
- Vale, vale. No grites, que vas a despertar a media Galilea- le reprocha a su madre, rascándose bajo la barbilla.
- Lo menos que podías haber hecho es quitarte la aureola para dormir,- le recrimina la Virgen, con los brazos en jarra.
- ¿Qué más da, si no se arruga?.
- Pero fosforece en la almohada y cuando entras, te asusta. Anda, levántate. Aquí te dejo la saya de los domingos – le gruñe, mientras ata la cuerda de la persiana al respaldo de la banca.
- Que sí, que ya voy – responde Jesús, metiéndose el saco de tela por la cabeza, sin lavarse ni nada.
Al rato, madre e hijo salen de casa en dirección al convite (José está en la carpintería, ultimando un pedido urgente de tabuteres). El lunch es generoso: estofado de jabalí samaritano, sesos de centauro, arenques a la galilea, orejas de bisonte al ajillo… todo acompañado de su correspondiente vino, del que, sin embargo, muy pronto no va quedando ni gota. Las protestas no se hacen esperar:
- ¿Qué es peor: una boda sin padrino o sin vino? – grita un gracioso desde el rincón.
-¿Sin vino? ¡Qué desatino! – le sigue la rima un primo segundo de Caifás.
- ¡Que me devuelvan los denarios del cubierto! – demanda el saduceo más rata del pueblo.
Las quejas llegan a la madre de la novia, amiga de la infancia de la Virgen, que conoce de oídas la milagrosidad de Jesús:
- Qué apuro tengo, María. Nos hemos quedado sin vino antes de acabar el primer plato.
- Vaya plan- responde la Virgen, sin percatarse de lo que quería insinuar su amiga.
- ¿Y si le pides a Jesús que nos eche una mano? – espeta la otra, sin andarse por las ramas.
- Jó, siempre estáis igual... vale, lo haré por ser tú, pero no me pidas más estas cosas.
María se acerca a su hijo y le dice lo que todo el mundo sabe porque está escrito:
- “No tienen vino”.
- ¿Y? – responde Jesús, que acaba de roer una ternilla.
- Hijo, a ver si podías…
- Como comprenderás, no voy a pedir poderes a mi Padre para una tontería así, madre – la interrumpe, sin levantar la vista del plato.
- Tú verás, pero si no haces algo van a dejar de creer en tí- le advierte y se va dejándole en la incertidumbre.
- Está bien-responde el Mesías mientras se quita la servilleta de un tirón- Pero te repito: yo a Dios Padre no le pido favores para una chorrada como esta. Tendré que ingeniármelas yo solo… Anda, diles a los sirvientes que llenen seis tinajas de agua.
- ¿De agua?
- Tú dí que las llenen y no preguntes.
Conocido el requisito, los sirvientes bajan a la cueva y llenan las seis tinajas hasta el mismísimo borde con agua del pozo. Jesús baja y les dice así:
- En verdad, en verdad os digo que convertiré todo esta agua en vino. Dejadme solo y no aparezcáis por aquí hasta que yo os avise.
Inmediatamente después, hace llamar a sus discípulos.
- Pedro, Bartolomé, Mateo…tirad el agua de las tinajas al pozo. Andrés y Jacobo, id a casa de Jonás, el de las cuadrigas-cisterna, alquiláis un par de ellas y las llenáis en la cooperativa con el mejor vino que haya.
- ¿Y el dinero, qué?
- Que lo apunten en mi cuenta. Diles que si mantienen el secreto, les multiplicaré los denarios.
- ¿Yo, qué hago?- pregunta Judas Iscariote, en buen plan.
- Tú, nada, que no me fío.
Mientras esto ocurre, el malestar crece entre los invitados.
- Como vuelvas a traerme la jarra con agua, mando que te lapiden, chaval- grita un centurión desde el fondo, tirando al suelo la vasija que le ofrece uno de los camareros.
- Pasa esto en mi boda y capo al novio – suelta una mala bestia, mirando de soslayo al padre del recién casado.
Entre tanto, abajo, ocurre esto en la parte de atrás de la finca:
-¡Misión cumplida! – exclama Pedro abriendo la puerta de la cueva.
- ¡Por todos los belenes vivos, no grites! ¿O es que quieres que nos pesquen?. Vamos, acercad la cuadriga y pasarme la manguera.
Una vez llena la primera tinaja, esconden los bártulos y Jesús llama a los sirvientes:
- “Sacad ahora y llevad al maestresala” –les dice, en plan starring.
Apenas el maestresala prueba el agua hecha vino, llama al padre de la novia, que lo sabe todo por su mujer, y le dice eso de: “Todos sirven primero el mejor vino y, cuando se ha bebido bastante, el peor. Tú has guardado el buen vino hasta ahora”.
Abajo, llenando las otras cinco tinajas, quedan todos menos Judas, al que Jesús no pierde de vista por si le da por adelantar la traición antes de Semana Santa.
Las campanas de Canaan anuncian la ceremonia. Son las cinco de la tarde y Jesús, cansado de predicar, duerme la siesta como lo que es: un bendito. María corre a despertarle:
- Vamos, vamos, que no llegamos.
- ¿Que no llegamos adónde?- contesta él, incorporándose sobresaltado.
- ¿Adónde va a ser?: ¡A la boda!.
- Vale, vale. No grites, que vas a despertar a media Galilea- le reprocha a su madre, rascándose bajo la barbilla.
- Lo menos que podías haber hecho es quitarte la aureola para dormir,- le recrimina la Virgen, con los brazos en jarra.
- ¿Qué más da, si no se arruga?.
- Pero fosforece en la almohada y cuando entras, te asusta. Anda, levántate. Aquí te dejo la saya de los domingos – le gruñe, mientras ata la cuerda de la persiana al respaldo de la banca.
- Que sí, que ya voy – responde Jesús, metiéndose el saco de tela por la cabeza, sin lavarse ni nada.
Al rato, madre e hijo salen de casa en dirección al convite (José está en la carpintería, ultimando un pedido urgente de tabuteres). El lunch es generoso: estofado de jabalí samaritano, sesos de centauro, arenques a la galilea, orejas de bisonte al ajillo… todo acompañado de su correspondiente vino, del que, sin embargo, muy pronto no va quedando ni gota. Las protestas no se hacen esperar:
- ¿Qué es peor: una boda sin padrino o sin vino? – grita un gracioso desde el rincón.
-¿Sin vino? ¡Qué desatino! – le sigue la rima un primo segundo de Caifás.
- ¡Que me devuelvan los denarios del cubierto! – demanda el saduceo más rata del pueblo.
Las quejas llegan a la madre de la novia, amiga de la infancia de la Virgen, que conoce de oídas la milagrosidad de Jesús:
- Qué apuro tengo, María. Nos hemos quedado sin vino antes de acabar el primer plato.
- Vaya plan- responde la Virgen, sin percatarse de lo que quería insinuar su amiga.
- ¿Y si le pides a Jesús que nos eche una mano? – espeta la otra, sin andarse por las ramas.
- Jó, siempre estáis igual... vale, lo haré por ser tú, pero no me pidas más estas cosas.
María se acerca a su hijo y le dice lo que todo el mundo sabe porque está escrito:
- “No tienen vino”.
- ¿Y? – responde Jesús, que acaba de roer una ternilla.
- Hijo, a ver si podías…
- Como comprenderás, no voy a pedir poderes a mi Padre para una tontería así, madre – la interrumpe, sin levantar la vista del plato.
- Tú verás, pero si no haces algo van a dejar de creer en tí- le advierte y se va dejándole en la incertidumbre.
- Está bien-responde el Mesías mientras se quita la servilleta de un tirón- Pero te repito: yo a Dios Padre no le pido favores para una chorrada como esta. Tendré que ingeniármelas yo solo… Anda, diles a los sirvientes que llenen seis tinajas de agua.
- ¿De agua?
- Tú dí que las llenen y no preguntes.
Conocido el requisito, los sirvientes bajan a la cueva y llenan las seis tinajas hasta el mismísimo borde con agua del pozo. Jesús baja y les dice así:
- En verdad, en verdad os digo que convertiré todo esta agua en vino. Dejadme solo y no aparezcáis por aquí hasta que yo os avise.
Inmediatamente después, hace llamar a sus discípulos.
- Pedro, Bartolomé, Mateo…tirad el agua de las tinajas al pozo. Andrés y Jacobo, id a casa de Jonás, el de las cuadrigas-cisterna, alquiláis un par de ellas y las llenáis en la cooperativa con el mejor vino que haya.
- ¿Y el dinero, qué?
- Que lo apunten en mi cuenta. Diles que si mantienen el secreto, les multiplicaré los denarios.
- ¿Yo, qué hago?- pregunta Judas Iscariote, en buen plan.
- Tú, nada, que no me fío.
Mientras esto ocurre, el malestar crece entre los invitados.
- Como vuelvas a traerme la jarra con agua, mando que te lapiden, chaval- grita un centurión desde el fondo, tirando al suelo la vasija que le ofrece uno de los camareros.
- Pasa esto en mi boda y capo al novio – suelta una mala bestia, mirando de soslayo al padre del recién casado.
Entre tanto, abajo, ocurre esto en la parte de atrás de la finca:
-¡Misión cumplida! – exclama Pedro abriendo la puerta de la cueva.
- ¡Por todos los belenes vivos, no grites! ¿O es que quieres que nos pesquen?. Vamos, acercad la cuadriga y pasarme la manguera.
Una vez llena la primera tinaja, esconden los bártulos y Jesús llama a los sirvientes:
- “Sacad ahora y llevad al maestresala” –les dice, en plan starring.
Apenas el maestresala prueba el agua hecha vino, llama al padre de la novia, que lo sabe todo por su mujer, y le dice eso de: “Todos sirven primero el mejor vino y, cuando se ha bebido bastante, el peor. Tú has guardado el buen vino hasta ahora”.
Abajo, llenando las otras cinco tinajas, quedan todos menos Judas, al que Jesús no pierde de vista por si le da por adelantar la traición antes de Semana Santa.
martes, 7 de febrero de 2012
Lot y Señora
LOT Y EDITH
(Sodoma. Hace mucho)
Homosexuales, lesbianas, heteros, bisexuales, prostitutas, pederastas, pedófilos natos, dracuines, ninfómanas, sátiros, zoofílicos, testosterónicos y sexoinómanos de reconocido vicio coitean desnudos por las calles y plazas de la ciudad. Lot, que permanece sentado en la puerta de su casa ajeno al cachondeo masivo, intenta quitarse un padrastro con el pico de una gallina descabezada.
Lot.- Ya lo tengo, ya lo tengo…
De pronto, un estruendo procedente de las alturas le da tal susto que se clava el pico en el dedo malo.
Lot.- ¡Por las lentejas de Esaú!... ¿Qué es esto? –grita, al caerse de la silla.
Un arcángel con alas de dos metros de alto por metro y medio de ancho acaba de tomar tierra, armando una polvareda de mil camellos al galope.
Arcángel.- De parte de Jehová que cojas ahora mismo a tu mujer y a tus hijos y os larguéis de este antro de pueblo, antes de que le prenda con todos dentro.
Lot (apenas repuesto del susto).- ¡Qué barbaridad! ¿Y eso?
Arcángel.- ¿Acaso no lo ves, alma de cántaro?
Lot.- ¿Qué hay que ver?
Arcángel.- El revoltijo de cuerpos yaciendo en cueros por esquinas, matorrales y descampados.
Lot.- Es que hace mucho calor, ángel.
Arcángel.- De ángel, nada; arcángel y de los que más mandan – replica el celeste, algo molesto.
Lot.- ¿Y, en qué os distinguís?
Arcángel.- En que los ángeles son buenos y los arcángeles, buenísimos.
Lot.- Entonces, los querubines deben rozar el pan bendito.
Arcángel.- A lo que iba: ¿De verdad crees que lo que pasa aquí se debe al calor?
Lot.- No sé. Digo yo.
Arcángel.- Me vas a perdonar, Lot, pero no estás en lo que debes estar. Pecan y pecan y vuelven a pecar, mientras tú estás en Babia.
Lot.- ¿Y por eso los va quemar vivos?. ¡Cómo se pasa!
Arcángel.- Si quieres un consejo: no te metas, a ver si vas a salir trasquilado. Te salva a ti porque eres el único hombre justo de Sodoma.
Lot.- Pues mi primo Holofernes es majete.
Arcángel.- ¿Qué te acabo de decir?
Lot.- Vale, vale. Oído cocina.
Arcángel.- También me ha dicho que cuando salgáis del pueblo, haced el favor de no mirar hacia atrás.
Lot (extrañado).- Con lo curiosa que es mi mujer, solo obedecería ante un ataque de tortícolis…
Arcángel.- Ella verá.
Lot.- Bueno, ¿y por qué no quiere que veamos lo que pasa a nuestra espalda?
Arcángel (en voz muy baja, acercándose al oído derecho de Lot).- Manías suyas.
Lot (susurrando al arcángel) .- Ten mucho ojo, que lo oye todo.
Arcángel.- Ahora está liado colocando a la corte celestial por orden alfabético, y no se entera.
Lot.- De todas formas, anda con cuidado.
Arcángel (volviendo al tema).- Entonces quedamos en eso. No olvides que se prohíbe volver la cabeza.
Y de un salto mortal, el arcángel desaparece, dejando tras de sí un preciosísimo rastro azul clarito.
Lot entra en casa y le cuenta lo ocurrido a su mujer. Media hora más tarde, la familia sale por la puerta con un carrito lleno de trastos y se dirige hacia el monte Hebrón, esquivando vecinos que se retuercen de placer tumbados unos sobre otros, en lo más llano de los senderos. Los catorce hijos llevan los ojos vendados (1). Al principio, toda la familia camina junta, pero poco a poco, Edith, la mujer, se va quedando atrás, sola.
Lot.- No mires atrás que es peor, recuérdalo vocea, mirando siempre al frente.
Edith.- Que ya lo sé, pesao.
De pronto, se oye un fogonazo inmisericorde.
Edith.- ¿Qué habrá sido eso, Lot?
Lot.- ¡Que te calles y sigas adelante!
Edith (gira la cabeza).- Yo voy a mirar un poquito, a ver qué pasa.
Mientras, Lot y sus hijos continúan andando.
Lot (sin volverse, claro).- Edith… Oye, Edith, no lo hagas… Edith… ¡Edith, contéstame, por Dios! Dí algo, ¿no ves que no puedo volverme?...¡¡Edithhhhhh!!
Lot y sus hijos permanecieron horas y horas sentados siempre mirando al frente, hasta que, hartos de esperar a que les alcanzara la madre, decidieron reiniciar su camino. Por lo visto, se enteraron de lo de Edith en el mercadillo de Canaan, cuando fueron un día a comprar mitad de cuarto de sal.
(1) Se dice que Lot fue el precursor del OPUS, pero no hay constancia de que Monseñor Escrivá de Balaguer le citara especialmente en sus homilías.
(Sodoma. Hace mucho)
Homosexuales, lesbianas, heteros, bisexuales, prostitutas, pederastas, pedófilos natos, dracuines, ninfómanas, sátiros, zoofílicos, testosterónicos y sexoinómanos de reconocido vicio coitean desnudos por las calles y plazas de la ciudad. Lot, que permanece sentado en la puerta de su casa ajeno al cachondeo masivo, intenta quitarse un padrastro con el pico de una gallina descabezada.
Lot.- Ya lo tengo, ya lo tengo…
De pronto, un estruendo procedente de las alturas le da tal susto que se clava el pico en el dedo malo.
Lot.- ¡Por las lentejas de Esaú!... ¿Qué es esto? –grita, al caerse de la silla.
Un arcángel con alas de dos metros de alto por metro y medio de ancho acaba de tomar tierra, armando una polvareda de mil camellos al galope.
Arcángel.- De parte de Jehová que cojas ahora mismo a tu mujer y a tus hijos y os larguéis de este antro de pueblo, antes de que le prenda con todos dentro.
Lot (apenas repuesto del susto).- ¡Qué barbaridad! ¿Y eso?
Arcángel.- ¿Acaso no lo ves, alma de cántaro?
Lot.- ¿Qué hay que ver?
Arcángel.- El revoltijo de cuerpos yaciendo en cueros por esquinas, matorrales y descampados.
Lot.- Es que hace mucho calor, ángel.
Arcángel.- De ángel, nada; arcángel y de los que más mandan – replica el celeste, algo molesto.
Lot.- ¿Y, en qué os distinguís?
Arcángel.- En que los ángeles son buenos y los arcángeles, buenísimos.
Lot.- Entonces, los querubines deben rozar el pan bendito.
Arcángel.- A lo que iba: ¿De verdad crees que lo que pasa aquí se debe al calor?
Lot.- No sé. Digo yo.
Arcángel.- Me vas a perdonar, Lot, pero no estás en lo que debes estar. Pecan y pecan y vuelven a pecar, mientras tú estás en Babia.
Lot.- ¿Y por eso los va quemar vivos?. ¡Cómo se pasa!
Arcángel.- Si quieres un consejo: no te metas, a ver si vas a salir trasquilado. Te salva a ti porque eres el único hombre justo de Sodoma.
Lot.- Pues mi primo Holofernes es majete.
Arcángel.- ¿Qué te acabo de decir?
Lot.- Vale, vale. Oído cocina.
Arcángel.- También me ha dicho que cuando salgáis del pueblo, haced el favor de no mirar hacia atrás.
Lot (extrañado).- Con lo curiosa que es mi mujer, solo obedecería ante un ataque de tortícolis…
Arcángel.- Ella verá.
Lot.- Bueno, ¿y por qué no quiere que veamos lo que pasa a nuestra espalda?
Arcángel (en voz muy baja, acercándose al oído derecho de Lot).- Manías suyas.
Lot (susurrando al arcángel) .- Ten mucho ojo, que lo oye todo.
Arcángel.- Ahora está liado colocando a la corte celestial por orden alfabético, y no se entera.
Lot.- De todas formas, anda con cuidado.
Arcángel (volviendo al tema).- Entonces quedamos en eso. No olvides que se prohíbe volver la cabeza.
Y de un salto mortal, el arcángel desaparece, dejando tras de sí un preciosísimo rastro azul clarito.
Lot entra en casa y le cuenta lo ocurrido a su mujer. Media hora más tarde, la familia sale por la puerta con un carrito lleno de trastos y se dirige hacia el monte Hebrón, esquivando vecinos que se retuercen de placer tumbados unos sobre otros, en lo más llano de los senderos. Los catorce hijos llevan los ojos vendados (1). Al principio, toda la familia camina junta, pero poco a poco, Edith, la mujer, se va quedando atrás, sola.
Lot.- No mires atrás que es peor, recuérdalo vocea, mirando siempre al frente.
Edith.- Que ya lo sé, pesao.
De pronto, se oye un fogonazo inmisericorde.
Edith.- ¿Qué habrá sido eso, Lot?
Lot.- ¡Que te calles y sigas adelante!
Edith (gira la cabeza).- Yo voy a mirar un poquito, a ver qué pasa.
Mientras, Lot y sus hijos continúan andando.
Lot (sin volverse, claro).- Edith… Oye, Edith, no lo hagas… Edith… ¡Edith, contéstame, por Dios! Dí algo, ¿no ves que no puedo volverme?...¡¡Edithhhhhh!!
Lot y sus hijos permanecieron horas y horas sentados siempre mirando al frente, hasta que, hartos de esperar a que les alcanzara la madre, decidieron reiniciar su camino. Por lo visto, se enteraron de lo de Edith en el mercadillo de Canaan, cuando fueron un día a comprar mitad de cuarto de sal.
(1) Se dice que Lot fue el precursor del OPUS, pero no hay constancia de que Monseñor Escrivá de Balaguer le citara especialmente en sus homilías.
Sansón y Dalila
SANSON Y DALILA
Como bastantes saben (aunque cada día menos), allá por el siglo XX antes de Cristo, el forzudo israelita Sansón mantuvo relaciones con la filistea Dalila, aunque sus respectivos pueblos se llevaran de mal como hoy las dos Coreas, o peor. A pesar de su amor por Sansón, un buen día, a Dalila la sobornaron los suyos para que averiguara dónde residía la fuerza bruta de su pareja, y lo hizo. Así, más o menos, ocurrieron las cosas:
Una noche, en el dormitorio de la chabola:
Dalila.- Hola, Sansi. Algún día tendrás que decir a tu Dali de dónde sacas musculatura tan fiera.
Sansón.- De aquí –respondió él, hinchando la tableta hasta extremos insospechados.
Dalila.- Por Jehová, apártate un poco que me despides.
Sansón.- ¿Saco ahora la moya?
Dalila.- Los bíceps no, que tiras el candil del techo.
Sansón.- ¿De verdad quieres saber el secreto de mi fuerza, Dali?
Dalila.- Nada me gustaría más en este mundo que vencer a mi Sansi- replicó ella, pasándole su dedo índice humedecido por el pectoral derecho.
Sansón.- ¿Por qué quieres vencerme?
Dalila.- Huy, por nada en particular.
Sansón.- ¿Sabes cómo podrías hacerlo?: atándome el cuerpo con siete maromas- soltó de improviso.
Dalila.- ¿Ah, si?. ¿A que no me dejas hacer la prueba?
Sansón.- ¿A ti?. Todo lo que quieras, mi filistea buena.
Entonces, Sansón se tumbó para que Dalila le atara siguiendo sus indicaciones.
Dalila.- Ya estás- acabó la traidora, satisfecha.
En ese momento, él hinchó todos los músculos de su cuerpo hasta que las cuerdas saltaron por los aires.
Sansón (riendo y cantando).- Y se lo ha creído, matarile-rile-rile… Y se lo ha creído, matarile-rile-ron, chim-pón.
Dalila (enfadada).- Ya no me quieres- le dijo la falseta, con ademanes mimosos.
Sansón (acercándose a ella).- Era una broma, mujer. Si quieres vencerme, tendrás que atar mis siete trenzas con hilos y sujetarlas al suelo con siete clavos.
Dalila.- Qué complicado eres, hijo. ¿Y, dónde voy yo ahora a por clavos?
Sansón.- Los sacaré de las ruedas del carro.
Dalila.- ¿Con qué, si no tenemos tenazas grandes? ¿No te acuerdas que la semana pasada le arrancaste la cabeza a ciento cincuenta filisteos con ellas?.
Sansón.- ¿Y, no me las traje?
Dalila.- Con el lío de la masacre, se te olvidaron, Sansi.
Sansón.- No importa, mi reina. Sacaré los siete clavos con los dientes.
Dalila.- Buenos te vas a poner los morros de óxido… Mejor hazlo con las uñas, ¿no?
Sansón.- Tienes razón. Ahora vuelvo.
Poco después, aparecía con siete clavos, gordos no, gordísimos, de diez centímetros de largo, que había extraído del carro, tirando de ellos con las yemas de los dedos.
Dalila.- ¿Ya?. A ver… enséñame esas uñas, grandulloncito mío.
Sansón extendió la mano.
Dalila.- Huy, pero si no tienes ni señal –se sorprendió la tía.
Sansón.- Venga, déjate de pamplinas y hazlo.
Dalila sacó el martillo de un cajón y se puso a la tarea hasta que Sansón quedó clavado en el suelo del dormitorio.
Dalila.- Ahora sí que sí –dijo ella, convencida.
Pero el forzudo, de un tirón se deshizo del tinglado con una facilidad pasmosa, sin perder ni un solo pelo de su cabeza. “Hale-hop”, fueron exactamente sus palabras.
Dalila (más enfadada que antes).- Tú me engañas con otra –le espetó- Si fuera tu chica, me dirías la verdad. Lo nuestro va a ser imposible, Sansi.
Sansón (amoroso).- Está bien, te lo confesaré: es mi pelo, lo que me da la fuerza.
Dalila.- Mentiroso, ya no te creo.
Sansón (bostezando).- Anda, Dali, deja ya ese rollo y vamos a dormir, que mañana tengo que levantarme pronto a demoler templos.
Dalila.- Venga, sí. Pero antes voy al corral, que me hago pis. Y ya de paso te traigo tu vaso de agua de todas las noches.
Dalila fue a la cocina, echó en el agua treinta gotas de un anestesiante instantáneo y volvió cantando a la alcoba.
Sansón.- Qué sed tenía, leche- fue lo último que dijo después de bebérselo de un trago. Dalila, cuando comprobó que Sansón estaba grogui, sacó las tijeras de cortar alambre y se lió a cortarle el pelo hasta que le dejó la cabeza rapada al 1.
Al día siguiente:
Sansón.- Coño, ¿qué me pasa?
Dalila.- ¿A qué te refieres, Sansi?
Sansón.- Que he ido a retirar la mesilla con este dedo y me he partido la falange.
Al oirlo, Dalila fue a la calle, se metió los dedos en la boca y dio un silbido ensordecedor que pudo oirse en las doce tribus de Israel. Poco después, mil trescientos cuarenta y siete filisteos armados hasta los dientes estaban allí. No hicieron falta tantos: entre dos cogieron a Sansón por los sobacos y colorín colorado, aunque esta historia continuó, por ahora se ha acabado.
Como bastantes saben (aunque cada día menos), allá por el siglo XX antes de Cristo, el forzudo israelita Sansón mantuvo relaciones con la filistea Dalila, aunque sus respectivos pueblos se llevaran de mal como hoy las dos Coreas, o peor. A pesar de su amor por Sansón, un buen día, a Dalila la sobornaron los suyos para que averiguara dónde residía la fuerza bruta de su pareja, y lo hizo. Así, más o menos, ocurrieron las cosas:
Una noche, en el dormitorio de la chabola:
Dalila.- Hola, Sansi. Algún día tendrás que decir a tu Dali de dónde sacas musculatura tan fiera.
Sansón.- De aquí –respondió él, hinchando la tableta hasta extremos insospechados.
Dalila.- Por Jehová, apártate un poco que me despides.
Sansón.- ¿Saco ahora la moya?
Dalila.- Los bíceps no, que tiras el candil del techo.
Sansón.- ¿De verdad quieres saber el secreto de mi fuerza, Dali?
Dalila.- Nada me gustaría más en este mundo que vencer a mi Sansi- replicó ella, pasándole su dedo índice humedecido por el pectoral derecho.
Sansón.- ¿Por qué quieres vencerme?
Dalila.- Huy, por nada en particular.
Sansón.- ¿Sabes cómo podrías hacerlo?: atándome el cuerpo con siete maromas- soltó de improviso.
Dalila.- ¿Ah, si?. ¿A que no me dejas hacer la prueba?
Sansón.- ¿A ti?. Todo lo que quieras, mi filistea buena.
Entonces, Sansón se tumbó para que Dalila le atara siguiendo sus indicaciones.
Dalila.- Ya estás- acabó la traidora, satisfecha.
En ese momento, él hinchó todos los músculos de su cuerpo hasta que las cuerdas saltaron por los aires.
Sansón (riendo y cantando).- Y se lo ha creído, matarile-rile-rile… Y se lo ha creído, matarile-rile-ron, chim-pón.
Dalila (enfadada).- Ya no me quieres- le dijo la falseta, con ademanes mimosos.
Sansón (acercándose a ella).- Era una broma, mujer. Si quieres vencerme, tendrás que atar mis siete trenzas con hilos y sujetarlas al suelo con siete clavos.
Dalila.- Qué complicado eres, hijo. ¿Y, dónde voy yo ahora a por clavos?
Sansón.- Los sacaré de las ruedas del carro.
Dalila.- ¿Con qué, si no tenemos tenazas grandes? ¿No te acuerdas que la semana pasada le arrancaste la cabeza a ciento cincuenta filisteos con ellas?.
Sansón.- ¿Y, no me las traje?
Dalila.- Con el lío de la masacre, se te olvidaron, Sansi.
Sansón.- No importa, mi reina. Sacaré los siete clavos con los dientes.
Dalila.- Buenos te vas a poner los morros de óxido… Mejor hazlo con las uñas, ¿no?
Sansón.- Tienes razón. Ahora vuelvo.
Poco después, aparecía con siete clavos, gordos no, gordísimos, de diez centímetros de largo, que había extraído del carro, tirando de ellos con las yemas de los dedos.
Dalila.- ¿Ya?. A ver… enséñame esas uñas, grandulloncito mío.
Sansón extendió la mano.
Dalila.- Huy, pero si no tienes ni señal –se sorprendió la tía.
Sansón.- Venga, déjate de pamplinas y hazlo.
Dalila sacó el martillo de un cajón y se puso a la tarea hasta que Sansón quedó clavado en el suelo del dormitorio.
Dalila.- Ahora sí que sí –dijo ella, convencida.
Pero el forzudo, de un tirón se deshizo del tinglado con una facilidad pasmosa, sin perder ni un solo pelo de su cabeza. “Hale-hop”, fueron exactamente sus palabras.
Dalila (más enfadada que antes).- Tú me engañas con otra –le espetó- Si fuera tu chica, me dirías la verdad. Lo nuestro va a ser imposible, Sansi.
Sansón (amoroso).- Está bien, te lo confesaré: es mi pelo, lo que me da la fuerza.
Dalila.- Mentiroso, ya no te creo.
Sansón (bostezando).- Anda, Dali, deja ya ese rollo y vamos a dormir, que mañana tengo que levantarme pronto a demoler templos.
Dalila.- Venga, sí. Pero antes voy al corral, que me hago pis. Y ya de paso te traigo tu vaso de agua de todas las noches.
Dalila fue a la cocina, echó en el agua treinta gotas de un anestesiante instantáneo y volvió cantando a la alcoba.
Sansón.- Qué sed tenía, leche- fue lo último que dijo después de bebérselo de un trago. Dalila, cuando comprobó que Sansón estaba grogui, sacó las tijeras de cortar alambre y se lió a cortarle el pelo hasta que le dejó la cabeza rapada al 1.
Al día siguiente:
Sansón.- Coño, ¿qué me pasa?
Dalila.- ¿A qué te refieres, Sansi?
Sansón.- Que he ido a retirar la mesilla con este dedo y me he partido la falange.
Al oirlo, Dalila fue a la calle, se metió los dedos en la boca y dio un silbido ensordecedor que pudo oirse en las doce tribus de Israel. Poco después, mil trescientos cuarenta y siete filisteos armados hasta los dientes estaban allí. No hicieron falta tantos: entre dos cogieron a Sansón por los sobacos y colorín colorado, aunque esta historia continuó, por ahora se ha acabado.
miércoles, 25 de enero de 2012
¡MANDA HUEVOS!
Aunque Betoret y Campos hubieran admitido tiempo atrás su culpabilidad y fueran condenados por la misma causa; aunque ni Camps ni Costa consiguieran presentar ante el juez ni una sola factura de los trajes; aunque existan documentos con números de talones y transferencias con las que se pagaron, todos ellos procedentes de las empresas de El Bigotes”; aunque toda España haya escuchado una y otra vez las bochornosas grabaciones en las que Camps y su amiguito del alma se retrataban; aunque la tienda tuviera tiques de encargo y una cuenta abierta a nombre de la Comunidad Valenciana a la que traspasaba las deudas de los encausados… A pesar de todo ello y de otras pruebas aportadas por la fiscalía anticorrupción, por cinco votos contra cuatro el jurado popular ha absuelto a Camps y a Costa. Rememorando a Trillo, uno de los suyos: ¡Manda huevos!.
Aunque Betoret y Campos hubieran admitido tiempo atrás su culpabilidad y fueran condenados por la misma causa; aunque ni Camps ni Costa consiguieran presentar ante el juez ni una sola factura de los trajes; aunque existan documentos con números de talones y transferencias con las que se pagaron, todos ellos procedentes de las empresas de El Bigotes”; aunque toda España haya escuchado una y otra vez las bochornosas grabaciones en las que Camps y su amiguito del alma se retrataban; aunque la tienda tuviera tiques de encargo y una cuenta abierta a nombre de la Comunidad Valenciana a la que traspasaba las deudas de los encausados… A pesar de todo ello y de otras pruebas aportadas por la fiscalía anticorrupción, por cinco votos contra cuatro el jurado popular ha absuelto a Camps y a Costa. Rememorando a Trillo, uno de los suyos: ¡Manda huevos!.
sábado, 21 de enero de 2012
miércoles, 18 de enero de 2012
lunes, 16 de enero de 2012
MI RECUERDO DE FRAGA
Si tuviera que resumir en unas pocas líneas mi recuerdo de Fraga, yo, que soy algo mayor, obviando las imágenes de él que todo el mundo ha visto, lo haría empezando con tres frases suyas muy significativas. Dos de ellas datan de su época de Ministro de Información y Turismo con el dictador, y se convirtieron en lemas del franquismo: Spanis is different! (ya lo creo que era) y Veinticinco años de paz (de esplendor, que diría Jaime Mayor Oreja). La tercera (“La calle es mía”) la pronunció siendo Ministro de la Gobernación bajo la presidencia de Carlos Arias Navarro (en otros ámbitos conocido como “Carnicerito de Málaga”). Después llegó la democracia, y del mismo modo que Jesucristo convirtió a Paulo en San Pablo arrojándole del caballo (dicen), la voz del camaleón apeó a Fraga de aquel poder orgánico convirtiéndole a la democracia, hasta el punto de pasar a la Historia como uno de los padres de la Constitución. Lo demás, es bien sabido.
jueves, 29 de diciembre de 2011
domingo, 25 de diciembre de 2011
lunes, 21 de febrero de 2011
AMORES LABORALES
AMORES LABORALES
Amo verdaderamente a mis trabajadores, tanto, que si algún día les despido, lo haré por su bien, y ellos lo saben. Les pago poco, es cierto, pero ¿para qué más?. ¿No es la austeridad una virtud, y el deber de un buen jefe colaborar a que sus empleados la practiquen? ¿Serían ellos capaces, por sí solos de ser moderados en el gasto sin ayuda?. Hoy, quizá todavía no entiendan las razones por las que ni les subo el sueldo ni les concedo anticipos, pero cuando alcancen la madurez psicológica de la gente de mi nivel, me lo agradecerán, aunque sea con efectos retroactivos.
Quiero a mis empleados, lo juro. Sobre todo a Federico. Hay que ver con qué devoción me hace las chapuzas de casa, y sin cobrarme ni cinco, que tiene mucho más valor. El cariño que siento por él es casi familiar. Además, es una persona que sabe estar: entrar y salir siempre por la puerta de servicio, y cuando me acaba los bricolages, bebe agua en el vaso de plástico que se trae de su casa para no ensuciarle la vajilla a mi señora.
Tengo unos empleados que son jalea real; por eso los cuido como si fueran hijos míos. Y me quieren con locura. Pondré un ejemplo: el martes pasado Efraín vino a trabajar con el brazo escayolado y ciática en fase III. Dice que no se da de baja porque para él la cizalla es su vida y yo, como un padre. Es laboral temporal y se le acaba el contrato el viernes. Pobre muchacho... Me gustaría mantenerlo en la empresa, aunque fuese pagándole el sueldo entero en dinero negro, pero el sobrino de mi mujer pide paso; eso lo entiende cualquiera.
Noto que me adoran, ya digo. También es verdad que porque me hago querer. Ahora en diciembre, por ejemplo, he dado la paga extraordinaria entera (entera, ojo) a todos los que durante este último año me han venido haciendo seis horas extras diarias de coste cero. En la vida hay que portarse bien con la gente; un día por ti y otro por mí. Y quererse mucho todos, aunque luego cada cual tenga su status social. Porque, eso sí, cariño todo el que quieras, pero el borrico a la linde, como es lógico. En este sentido, les diré que muchos fines de semana, mientras juego al golf, navego o esquío con los amigos, me acuerdo de Ignacio, el encargado de personal, pero comprendo que no le hago ningún favor si le invito; él se sentiría incómodo y hasta violento, porque hay gente que no está acostumbrada a este tipo de relaciones y se ubica mal. Por eso, como les quiero, lo mejor que puedo hacer por ellos es mantener con salarios discretos sus niveles de vida, para que se lo gasten en su ambiente, que es donde más cómodos se encuentran.
En estos tiempos de crisis, se ve de verdad si uno quiere o no a sus trabajadores. ¿Es cierto, o no?. Yo, lo demuestro con los hechos. La empresa va bien, para qué engañarles a ustedes, pero como más vale prevenir, con la ayuda de un cuñado mío que sabe un huevo de contabilidad creativa, iba a presentar un ERE para reducir costes y consolidar beneficios, sin embargo, el corazoncito me ha dicho: de eso, nada. En su lugar, ya he ordenado a Ignacio, el jefe de personal, que les notifique individualmente y por escrito, una carta firmada por él donde se advierta que en lugar del ERE, la empresa, no yo, les bajará el sueldo a la mitad. Si se explica bien esta prueba de amor, la entenderán todos y me seguirán queriendo como yo a ellos; estoy seguro. Bueno, todos menos esos desgraciados de delegados sindicales, a los que nunca podré amar.
Amo verdaderamente a mis trabajadores, tanto, que si algún día les despido, lo haré por su bien, y ellos lo saben. Les pago poco, es cierto, pero ¿para qué más?. ¿No es la austeridad una virtud, y el deber de un buen jefe colaborar a que sus empleados la practiquen? ¿Serían ellos capaces, por sí solos de ser moderados en el gasto sin ayuda?. Hoy, quizá todavía no entiendan las razones por las que ni les subo el sueldo ni les concedo anticipos, pero cuando alcancen la madurez psicológica de la gente de mi nivel, me lo agradecerán, aunque sea con efectos retroactivos.
Quiero a mis empleados, lo juro. Sobre todo a Federico. Hay que ver con qué devoción me hace las chapuzas de casa, y sin cobrarme ni cinco, que tiene mucho más valor. El cariño que siento por él es casi familiar. Además, es una persona que sabe estar: entrar y salir siempre por la puerta de servicio, y cuando me acaba los bricolages, bebe agua en el vaso de plástico que se trae de su casa para no ensuciarle la vajilla a mi señora.
Tengo unos empleados que son jalea real; por eso los cuido como si fueran hijos míos. Y me quieren con locura. Pondré un ejemplo: el martes pasado Efraín vino a trabajar con el brazo escayolado y ciática en fase III. Dice que no se da de baja porque para él la cizalla es su vida y yo, como un padre. Es laboral temporal y se le acaba el contrato el viernes. Pobre muchacho... Me gustaría mantenerlo en la empresa, aunque fuese pagándole el sueldo entero en dinero negro, pero el sobrino de mi mujer pide paso; eso lo entiende cualquiera.
Noto que me adoran, ya digo. También es verdad que porque me hago querer. Ahora en diciembre, por ejemplo, he dado la paga extraordinaria entera (entera, ojo) a todos los que durante este último año me han venido haciendo seis horas extras diarias de coste cero. En la vida hay que portarse bien con la gente; un día por ti y otro por mí. Y quererse mucho todos, aunque luego cada cual tenga su status social. Porque, eso sí, cariño todo el que quieras, pero el borrico a la linde, como es lógico. En este sentido, les diré que muchos fines de semana, mientras juego al golf, navego o esquío con los amigos, me acuerdo de Ignacio, el encargado de personal, pero comprendo que no le hago ningún favor si le invito; él se sentiría incómodo y hasta violento, porque hay gente que no está acostumbrada a este tipo de relaciones y se ubica mal. Por eso, como les quiero, lo mejor que puedo hacer por ellos es mantener con salarios discretos sus niveles de vida, para que se lo gasten en su ambiente, que es donde más cómodos se encuentran.
En estos tiempos de crisis, se ve de verdad si uno quiere o no a sus trabajadores. ¿Es cierto, o no?. Yo, lo demuestro con los hechos. La empresa va bien, para qué engañarles a ustedes, pero como más vale prevenir, con la ayuda de un cuñado mío que sabe un huevo de contabilidad creativa, iba a presentar un ERE para reducir costes y consolidar beneficios, sin embargo, el corazoncito me ha dicho: de eso, nada. En su lugar, ya he ordenado a Ignacio, el jefe de personal, que les notifique individualmente y por escrito, una carta firmada por él donde se advierta que en lugar del ERE, la empresa, no yo, les bajará el sueldo a la mitad. Si se explica bien esta prueba de amor, la entenderán todos y me seguirán queriendo como yo a ellos; estoy seguro. Bueno, todos menos esos desgraciados de delegados sindicales, a los que nunca podré amar.
domingo, 9 de enero de 2011
UNO Y DOS
Uno.- Dicen que van a poner una sucursal de la Bolsa en el Parque de Atracciones
Dos.- ¡Cómo mola!. ¿En qué vas a montar tú?
Uno.- En el IBEX-35. ¿ Y tú?
Dos.- En el IBEX Medium CAP. Por lo visto, es donde mejor se oscila.
Uno.- Del que me han hablado maravillas es del EURO STOXX 50. Creo que subes y bajas a toda pastilla.
Dos.- En ese yo no monto, que me marean las cifras.
Uno.- ¿Sabes cuál me pirria a mí de verdad, de verdad?: el DOW JONES. Me recuerda a los rodeos aquellos del Far West.
Dos.- ¿Y, el NASDAQ, qué?
Uno.- Ni te cuento.
Dos.- Ya, pero no vamos a ir a Estados Unidos, con lo que se tarda.
Uno.- ¿Y, montar en el índice NIKKEY?. No me digas que no sería una pasada.
Dos.- ¿Ahora te vas a Japón?
Uno.- Bueno, pues en el FITSE 100 inglés, que nos coge más cerca.
Dos.- Cíñete a lo que tenemos y déjate de ilusiones vanas, tío. Además, tiene a Irlanda al lado.
Uno.- Bueno, vale. Volviendo a la Bolsa de aquí: ¿Qué te parece si montamos en las eléctricas?
Dos.- No, que cuando suben o bajan mucho, saltan chispas y se te quema la cartera de valores.
Uno.- En las constructoras tampoco, claro.
Dos.- Menos. Como te descuides te cuelas por una grieta financiera. Y, anda que no hay…
Uno.- ¿Quieres que probemos el ÍNDICE NUEVO MERCADO, a ver qué pasa?
Dos.- Por la novedad, habrá tiros.
Uno.- Pues montamos en la Banca. Yo, de vértigo no sufro.
Dos.- Chico, no sé. Creo que tienen los balances a tope de pisos. Con lo que pesan, igual cede la estructura y nos la damos.
Uno.- ¡Qué va!. Antes llegaría al rescate el Gobierno del Parque.
Dos.- También es verdad.
Uno.- Una atracción que está muy de moda ahora es la prima de riesgo respecto al bono alemán. Es como el siete picos a lo bestia.
Dos.- Ya, pero a partir de los 200 puntos básicos, ves por el horizonte la cara de risa que pone Angela Merkel, y jode.
Uno.- Está bien, no nos comamos más la cabeza. Vamos al Parque de Atracciones y, una vez allí, según veamos la volatilidad así hacemos, ¿te parece?
Dos.- Me parece.
Uno.- Pues, hala.
Uno y Dos apuran la cerveza y salen camino del Parque, más contentos que un Botín.
Uno.- Dicen que van a poner una sucursal de la Bolsa en el Parque de Atracciones
Dos.- ¡Cómo mola!. ¿En qué vas a montar tú?
Uno.- En el IBEX-35. ¿ Y tú?
Dos.- En el IBEX Medium CAP. Por lo visto, es donde mejor se oscila.
Uno.- Del que me han hablado maravillas es del EURO STOXX 50. Creo que subes y bajas a toda pastilla.
Dos.- En ese yo no monto, que me marean las cifras.
Uno.- ¿Sabes cuál me pirria a mí de verdad, de verdad?: el DOW JONES. Me recuerda a los rodeos aquellos del Far West.
Dos.- ¿Y, el NASDAQ, qué?
Uno.- Ni te cuento.
Dos.- Ya, pero no vamos a ir a Estados Unidos, con lo que se tarda.
Uno.- ¿Y, montar en el índice NIKKEY?. No me digas que no sería una pasada.
Dos.- ¿Ahora te vas a Japón?
Uno.- Bueno, pues en el FITSE 100 inglés, que nos coge más cerca.
Dos.- Cíñete a lo que tenemos y déjate de ilusiones vanas, tío. Además, tiene a Irlanda al lado.
Uno.- Bueno, vale. Volviendo a la Bolsa de aquí: ¿Qué te parece si montamos en las eléctricas?
Dos.- No, que cuando suben o bajan mucho, saltan chispas y se te quema la cartera de valores.
Uno.- En las constructoras tampoco, claro.
Dos.- Menos. Como te descuides te cuelas por una grieta financiera. Y, anda que no hay…
Uno.- ¿Quieres que probemos el ÍNDICE NUEVO MERCADO, a ver qué pasa?
Dos.- Por la novedad, habrá tiros.
Uno.- Pues montamos en la Banca. Yo, de vértigo no sufro.
Dos.- Chico, no sé. Creo que tienen los balances a tope de pisos. Con lo que pesan, igual cede la estructura y nos la damos.
Uno.- ¡Qué va!. Antes llegaría al rescate el Gobierno del Parque.
Dos.- También es verdad.
Uno.- Una atracción que está muy de moda ahora es la prima de riesgo respecto al bono alemán. Es como el siete picos a lo bestia.
Dos.- Ya, pero a partir de los 200 puntos básicos, ves por el horizonte la cara de risa que pone Angela Merkel, y jode.
Uno.- Está bien, no nos comamos más la cabeza. Vamos al Parque de Atracciones y, una vez allí, según veamos la volatilidad así hacemos, ¿te parece?
Dos.- Me parece.
Uno.- Pues, hala.
Uno y Dos apuran la cerveza y salen camino del Parque, más contentos que un Botín.
viernes, 3 de diciembre de 2010
INFANCIA Y PRIMERA ADOLESCENCIA DE RUBALCABA
(BREVE RESUMEN HALLADO EN ULTRADEREPEDIA.COM)
Una noche tenebrosa del mes de julio, entre relámpagos, rayos, truenos y una ventisca de tres pares de cojones, vino al mundo en 1951 Alfredo Pérez Rubalcaba. De muy niño, se levantaba al amanecer, y en vez de rezar el Jesusito de mi vida, eres niño como yo, se escapaba al campo a maldecir conejos; luego desayunaba allí mismo a base de raíces de mandrágora, rabos de lagarto y setas venenosas que él digería tan tranquilo. Al volver a casa lleno de roña y liendres, cuando alguien le preguntaba qué quería ser de mayor, siempre respondía: “¡Marxista-leninista! ¡Marxista-leninista!”, con el puñito en alto y unos ojos de totalitario que la gente del pueblo salía corriendo a refugiarse en sus casas por si acaso.
No jugaba Alfredito con juguetes normales para su edad, sino con alfileres, tenazas, látigos y puñales. A su abuela le quitó más de una vez el crucifijo de cuando se casó para jugar al hinque, y a sus padres les traía por el camino de la amargura, pues se escapaba las noches de luna llena y volvía de madrugada con un aspecto de haber sido lobo, que no te lo pierdas. En ocasiones echaba espumarajos por el oído izquierdo, pero él como si nada. Cuando se ponía enfermo, la fiebre en lugar de subir a 40 le bajaba a 32. “Va a ser un chico frío”, pronosticó el médico en más de una ocasión. Por cierto, que el doctor dejó de ir a verle a su casa porque una mañana Rubalcabín le puso la zancadilla en el peldaño más alto de la escalera y, al caer, se clavó el estetoscopio entre la tercera y la cuarta costillas. Nada más curarse, el doctor pidió el traslado y se fue a ejercer a Torrelavega.
Para los niños de derechas, ir a la escuela con Alfredito era un sinvivir: a unos les atizaba con el plumier en el codo para que les dieran calambres y a otros en la pilila; pinturrujeaba en las pastas de sus cuadernos la figura del hombre del saco y, en los recreos, comandaba un grupo de chavales con dos remolinos en la coronilla, los dientes negros y velas verdes colgando, que se dedicaban a pinchar balones y a joder la marrana. El último año de escuela robó doce sacapuntas, se los metió al maestro en el bolsillo de la bata y le acusó de ladrón delante del director, así que al hombre le echaron del pueblo.
Una tarde de marzo le mandó su madre a comprar mitad de cuarto de pimentón picante para guisar unos caracoles y cuando la tendera lo tenía preparado encima del mostrador listo para envolver, Rubal sopló con todas sus fuerzas y la mujercita quedó ciega de por vida. No le metieron en un correccional porque amenazó al hijo del que mandaba allí con montarle un GAL cuando saliera. Como se ve, la criaturita ya lo venía rumiando desde chico.
Puesto que sus padres no hacían carrera de él, le enviaron a casa de unos tíos que tenía en la Rioja (antes Logroño), a ver si allí se enmendaba, pero como dijo Rafael Guerra, Guerrita: “Lo que no pué ser no pué ser, y además es imposible”. Era septiembre, de modo que, aunque contra su voluntad, los parientes de Alfredito le llevaron a vendimiar. En qué hora. Por la noches, mezclaba a boleo los racimos de uva tinta con los de uva blanca, y ese año de la bodega sólo salió vino clarete; unas remesas tirando a tinto y otras a blanco. Aquello supuso la ruina de una familia que llevaba haciendo vino en condiciones desde 1890, pero él consiguió lo que quería: que le mandaran de vuelta a Cantabria (antes Santander).
Ya siendo adolescente, Rubalcaba estudió Brujería, Ocultismo y Métodos Ponzoñosos en una de las cuevas de los Picos de Europa que años antes habían ocupado los maquis. No obstante, su verdadera vocación fue siempre montar movidas, urdir tramas y conspirar contra la gente de bien, quehaceres a los que, como toda España sabe, se dedica por orden de Zapatero en cuerpo y alma, aunque eso de alma sea mucho decir.
(BREVE RESUMEN HALLADO EN ULTRADEREPEDIA.COM)
Una noche tenebrosa del mes de julio, entre relámpagos, rayos, truenos y una ventisca de tres pares de cojones, vino al mundo en 1951 Alfredo Pérez Rubalcaba. De muy niño, se levantaba al amanecer, y en vez de rezar el Jesusito de mi vida, eres niño como yo, se escapaba al campo a maldecir conejos; luego desayunaba allí mismo a base de raíces de mandrágora, rabos de lagarto y setas venenosas que él digería tan tranquilo. Al volver a casa lleno de roña y liendres, cuando alguien le preguntaba qué quería ser de mayor, siempre respondía: “¡Marxista-leninista! ¡Marxista-leninista!”, con el puñito en alto y unos ojos de totalitario que la gente del pueblo salía corriendo a refugiarse en sus casas por si acaso.
No jugaba Alfredito con juguetes normales para su edad, sino con alfileres, tenazas, látigos y puñales. A su abuela le quitó más de una vez el crucifijo de cuando se casó para jugar al hinque, y a sus padres les traía por el camino de la amargura, pues se escapaba las noches de luna llena y volvía de madrugada con un aspecto de haber sido lobo, que no te lo pierdas. En ocasiones echaba espumarajos por el oído izquierdo, pero él como si nada. Cuando se ponía enfermo, la fiebre en lugar de subir a 40 le bajaba a 32. “Va a ser un chico frío”, pronosticó el médico en más de una ocasión. Por cierto, que el doctor dejó de ir a verle a su casa porque una mañana Rubalcabín le puso la zancadilla en el peldaño más alto de la escalera y, al caer, se clavó el estetoscopio entre la tercera y la cuarta costillas. Nada más curarse, el doctor pidió el traslado y se fue a ejercer a Torrelavega.
Para los niños de derechas, ir a la escuela con Alfredito era un sinvivir: a unos les atizaba con el plumier en el codo para que les dieran calambres y a otros en la pilila; pinturrujeaba en las pastas de sus cuadernos la figura del hombre del saco y, en los recreos, comandaba un grupo de chavales con dos remolinos en la coronilla, los dientes negros y velas verdes colgando, que se dedicaban a pinchar balones y a joder la marrana. El último año de escuela robó doce sacapuntas, se los metió al maestro en el bolsillo de la bata y le acusó de ladrón delante del director, así que al hombre le echaron del pueblo.
Una tarde de marzo le mandó su madre a comprar mitad de cuarto de pimentón picante para guisar unos caracoles y cuando la tendera lo tenía preparado encima del mostrador listo para envolver, Rubal sopló con todas sus fuerzas y la mujercita quedó ciega de por vida. No le metieron en un correccional porque amenazó al hijo del que mandaba allí con montarle un GAL cuando saliera. Como se ve, la criaturita ya lo venía rumiando desde chico.
Puesto que sus padres no hacían carrera de él, le enviaron a casa de unos tíos que tenía en la Rioja (antes Logroño), a ver si allí se enmendaba, pero como dijo Rafael Guerra, Guerrita: “Lo que no pué ser no pué ser, y además es imposible”. Era septiembre, de modo que, aunque contra su voluntad, los parientes de Alfredito le llevaron a vendimiar. En qué hora. Por la noches, mezclaba a boleo los racimos de uva tinta con los de uva blanca, y ese año de la bodega sólo salió vino clarete; unas remesas tirando a tinto y otras a blanco. Aquello supuso la ruina de una familia que llevaba haciendo vino en condiciones desde 1890, pero él consiguió lo que quería: que le mandaran de vuelta a Cantabria (antes Santander).
Ya siendo adolescente, Rubalcaba estudió Brujería, Ocultismo y Métodos Ponzoñosos en una de las cuevas de los Picos de Europa que años antes habían ocupado los maquis. No obstante, su verdadera vocación fue siempre montar movidas, urdir tramas y conspirar contra la gente de bien, quehaceres a los que, como toda España sabe, se dedica por orden de Zapatero en cuerpo y alma, aunque eso de alma sea mucho decir.
AGUIRRE PONE NOMBRE A LAS ECUELAS INFANTILES
La penúltima ocurrencia de Esperanza Aguirre (la última puede estar rumiándola en estos momentos; nunca se sabe), es que quiere bautizar las nuevas escuelas infantiles con nombres de zarzuelas famosas. Teniendo en cuenta que la Presidenta regional ha catalogado recientemente las corridas de toros como Bien de Interés Cultural, y que Cultura y Educación siempre han ido de la mano, lo suyo es que, para complementar la medida taurina, hubiera recurrido, no a la zarzuela, sino al pasodoble, de manera que los madrileñitos de hoy, el día de mañana pudieran presumir de haber cursado sus primeros estudios en el Centro Educativo “La Parrala”, la Escuela Infantil Municipal “Francisco Alegre”, o, nada más ni dada menos que en el Colegio Público “Paquito el chocolatero”. Para las escuelas situadas en las zonas de mayor arraigo nacional, apunto estos títulos mucho más patrióticos: “Suspiros de España”, “España cañí” y “Soldadito español”. Entre los chavalines de cada centro podrían formarse grupos de coros y danzas y, a final de curso, darle dos orejas de peluche al que lo baile más güay.
La penúltima ocurrencia de Esperanza Aguirre (la última puede estar rumiándola en estos momentos; nunca se sabe), es que quiere bautizar las nuevas escuelas infantiles con nombres de zarzuelas famosas. Teniendo en cuenta que la Presidenta regional ha catalogado recientemente las corridas de toros como Bien de Interés Cultural, y que Cultura y Educación siempre han ido de la mano, lo suyo es que, para complementar la medida taurina, hubiera recurrido, no a la zarzuela, sino al pasodoble, de manera que los madrileñitos de hoy, el día de mañana pudieran presumir de haber cursado sus primeros estudios en el Centro Educativo “La Parrala”, la Escuela Infantil Municipal “Francisco Alegre”, o, nada más ni dada menos que en el Colegio Público “Paquito el chocolatero”. Para las escuelas situadas en las zonas de mayor arraigo nacional, apunto estos títulos mucho más patrióticos: “Suspiros de España”, “España cañí” y “Soldadito español”. Entre los chavalines de cada centro podrían formarse grupos de coros y danzas y, a final de curso, darle dos orejas de peluche al que lo baile más güay.
domingo, 7 de noviembre de 2010
DIÁLOGO ESTRAMBÓTICO
A y B, pedalean tranquilamente en paralelo, por un carril-bici.
A.- Oye, ¿tú sabes de qué va exactamente lo del cambio climático?
B.- Algo sé.
A.- Pues, dime.
B.- Que con cuarenta grados a la sombra se tiritará de frío y a cinco bajo cero hará un bochorno de tres pares de fogones.
A.- Eso pasa cuando estás enfermo, tío.
B.- Lo malo es que nos va a ocurrir estando sanos.
A.- No puede ser.
B.- Si no te lo crees, no sé para qué preguntas.
A.- Es que lo que dices es imposible.
B.- Que te crees tu eso. Con el cambio climático se vuelve todo del revés.
A.- ¿Todo?.
B.- Cuando digo todo, es todo.
A.- ¿Cómo lloverá entonces?
B.- Unas veces de abajo arriba y, otras, a tresbolillo.
A.- ¿Y, el paraguas?.
B.- Le tiras y que sea lo que Dios quiera.
A.- Pues sí que estamos buenos.
B.- En un futuro, el lagarto Jaén será típico en Noruega y la morsa poblará
Despeñaperros.
A.- No veo yo a las morsas comiendo tomillo.
B.- Harán de tripas corazón.
A.- Vaya lío que se prepara.
B.- En unos años será el viento en calma el que arranque los árboles de cuajo.
A.- ¿Y, cuando azote la ventisca?.
B.- Nada. Calma chicha.
A.- Joder, qué raro.
B.- Y tanto. Por ejemplo, cuanto más diluvie más secos estarán los tomates.
A.- ¿Y, las sandías, no?.
B.- Dedúcelo tú.
A.- Entonces, mejor que no llueva, ¿no te parece?.
B.- No creas. Si no llueve en mucho tiempo se inundará todo y moriremos
ahogados.
A.- ¿De qué, si no llueve?.
B.- Coño, de agua seca.
A.- Supongo que al menos durante el día seguirá siendo de día y durante la noche, de noche.
B.- Depende. Por el día será de día, siempre y cuando el sol esté en fase de sol lleno,
pero en cuanto entre en la de sol nuevo, adiós la luz.
A.- ¿Entonces?.
B.- Hará sol, pero como si Juan y Manuela.
A.- ¿Y, la luna?.
B.- No sé, pero si yo fuera mochuelo, estaría acojonado.
A.- Me estás vacilando, B.
B.- Leches, A.
A.- Vamos a ver: ¿A ti quien te ha contado esas cosas?.
B.- Yo, que las deduzco.
A.- Perdona, pero creo que no van por ahí los tiros.
B.- ¿Qué tiros?. Yo no oigo nada.
A.- El calor te está afectando a la cabeza.
B.- Será el frío.
A.- Según yo, el calor.
B.- Veo que sigues sin entenderlo.
A.- O, tu sin explicarte.
B.- También puede ser, pero yo al menos lo tengo claro.
B da un par de pedaladas con fuerza y sorprende a A que, al reaccionar tarde, queda descolgado y, lo que es peor, con la duda de saber si en el futuro, cuando suba esa misma cuesta, sudará sólido, líquido o gaseoso.
A y B, pedalean tranquilamente en paralelo, por un carril-bici.
A.- Oye, ¿tú sabes de qué va exactamente lo del cambio climático?
B.- Algo sé.
A.- Pues, dime.
B.- Que con cuarenta grados a la sombra se tiritará de frío y a cinco bajo cero hará un bochorno de tres pares de fogones.
A.- Eso pasa cuando estás enfermo, tío.
B.- Lo malo es que nos va a ocurrir estando sanos.
A.- No puede ser.
B.- Si no te lo crees, no sé para qué preguntas.
A.- Es que lo que dices es imposible.
B.- Que te crees tu eso. Con el cambio climático se vuelve todo del revés.
A.- ¿Todo?.
B.- Cuando digo todo, es todo.
A.- ¿Cómo lloverá entonces?
B.- Unas veces de abajo arriba y, otras, a tresbolillo.
A.- ¿Y, el paraguas?.
B.- Le tiras y que sea lo que Dios quiera.
A.- Pues sí que estamos buenos.
B.- En un futuro, el lagarto Jaén será típico en Noruega y la morsa poblará
Despeñaperros.
A.- No veo yo a las morsas comiendo tomillo.
B.- Harán de tripas corazón.
A.- Vaya lío que se prepara.
B.- En unos años será el viento en calma el que arranque los árboles de cuajo.
A.- ¿Y, cuando azote la ventisca?.
B.- Nada. Calma chicha.
A.- Joder, qué raro.
B.- Y tanto. Por ejemplo, cuanto más diluvie más secos estarán los tomates.
A.- ¿Y, las sandías, no?.
B.- Dedúcelo tú.
A.- Entonces, mejor que no llueva, ¿no te parece?.
B.- No creas. Si no llueve en mucho tiempo se inundará todo y moriremos
ahogados.
A.- ¿De qué, si no llueve?.
B.- Coño, de agua seca.
A.- Supongo que al menos durante el día seguirá siendo de día y durante la noche, de noche.
B.- Depende. Por el día será de día, siempre y cuando el sol esté en fase de sol lleno,
pero en cuanto entre en la de sol nuevo, adiós la luz.
A.- ¿Entonces?.
B.- Hará sol, pero como si Juan y Manuela.
A.- ¿Y, la luna?.
B.- No sé, pero si yo fuera mochuelo, estaría acojonado.
A.- Me estás vacilando, B.
B.- Leches, A.
A.- Vamos a ver: ¿A ti quien te ha contado esas cosas?.
B.- Yo, que las deduzco.
A.- Perdona, pero creo que no van por ahí los tiros.
B.- ¿Qué tiros?. Yo no oigo nada.
A.- El calor te está afectando a la cabeza.
B.- Será el frío.
A.- Según yo, el calor.
B.- Veo que sigues sin entenderlo.
A.- O, tu sin explicarte.
B.- También puede ser, pero yo al menos lo tengo claro.
B da un par de pedaladas con fuerza y sorprende a A que, al reaccionar tarde, queda descolgado y, lo que es peor, con la duda de saber si en el futuro, cuando suba esa misma cuesta, sudará sólido, líquido o gaseoso.
domingo, 3 de octubre de 2010
A VER SI NOS ACLARAMOS
Estaba yo mirando por la ventana de mi despacho, cuando, de pronto, llamaron a la puerta: Tock, tock. ¡Adelante!, respondí colocando rápidamente el presupuesto municipal de mi departamento sobre la mesa. Entraron dos señores de traje y corbata, cartera en mano, y se presentaron como agentes de una empresa de construcción de infraestructuras. Ellos vinieron a mí. Yo no tengo la culpa de eso, a ver si nos aclaramos.
Después de interesarse por mi familia, me explicaron que ellos hacían las obras públicas como los ángeles y más barato que nadie. Me dejaron unos folletos y se fueron dejándome sus tarjetas personales sobre la mesa sin que yo se las pidiera, a ver si nos aclaramos.
A los pocos días, uno de ellos me llama por teléfono: soy fulano, dice, y me gustaría que supiera que mi empresa se va a presentar al concurso para la construcción de la ciudad deportiva cubierta que usted, con tan buen criterio y siempre pensando en los vecinos, ha previsto levantar en su municipio. Fue él quien llamó y no yo, a ver si nos aclaramos.
Le dije que muy bien y contestó que qué tal andaba mi señora de fondo de armario y que dónde solemos ir de vacaciones. Bueno, el sueldo de concejal no da para alardes, la verdad. Sólo le dije eso y que veraneábamos en la costa del sol. En cómo lo interpretó él, ahí no entro porque es cosa suya, a ver si nos aclaramos.
Unos días antes de celebrarse el concurso de la obra, al volver a casa me encontré con dos maletas y un maletín. Llamé a mi mujer y le dije: Oye, cari, ¿quién ha traído esto?. Un señor muy bien vestido. Como vienen a tu nombre, ni las he abierto, me contestó ella. Quiere decirse que mi mujer tampoco sabía nada de nada, a ver si nos aclaramos.
Abrimos primero el maletín y…¡hostias!... doscientos treinta mil euros en billetes de quinientos y una foto de un apartamento en primera línea de playa con el rótulo de “Reservado”. ¿Esto qué es, chuchi?, me preguntó ella. Joder, ¿no lo ves?, dije yo. Acto seguido, mi mujer abrió una de las maletas: ¡Madre del amor hermoso, si son 6 bolsos de la marca Louis Vuitton y 6 pares de zapatos de Jimmy Choo!, exclamó tan alto que casi se rompe el cristal del armarito. Aturdido, me acerqué a una de las maletas y vi una tarjeta igual a la que me habían dejado en el despacho del Ayuntamiento aquellos dos señores que recibí al principio. Mi mujer dejó los presentes sobre la mesita y, más nerviosa que un calambre, abrió el bulto que faltaba. Eran 6 vestidos a juego de la firma Versace ¡justamente de su talla!. Casi le da un soponcio. A estas alturas del relato tengo que insistir en lo mismo: nosotros estábamos tan tranquilos en casa y nos llegó lo que nos llegó sin que yo hiciera nada, a ver si nos aclaramos.
Ya en el Ayuntamiento, unos momentos antes de abrir los sobres del concurso para adjudicar la superobra deportiva, me llaman por teléfono. ¿Le han gustado los detalles?, oigo decir. ¿Se refiere a lo que se refiere?, pregunté yo. Exacto, respondió el otro. Por 6 millones de euros les va a quedar una ciudad deportiva de cine, acabó él antes de colgar. El tío no me dejó oponerme, a ver si nos aclaramos. Si a mí me da la oportunidad, le digo cuatro cosas, pero no me la dio. ¿Verdad que me comprenden?.
El caso es que, llevado por las circunstancias y con una tensión del carajo la vela, comenzó el acto de contratación. Además de la constructora de la que vengo hablando desde el principio, se habían presentado otras dos empresas. Como presidente de la mesa, cogí los tres sobres y abrí primero los de las desconocidas: una construía y dotaba el megapoli por 3 millones doscientos mil y, la otra, por 3 cien. En ese momento me subió un sofoco a la cara que no sabe nadie. Me dije: sé que la cifra del tercer sobre es de 6 millones, de manera que si lo abro, habrá que adjudicar la obra a cualquiera de las otras dos, mucho más baratas. Y me caí al suelo todo lo largo que era. Al ser yo el que mandaba allí, suspendí la adjudicación hasta el día siguiente. Lo único que hice fue desmayarme, y no por mi culpa, sino de la naturaleza, ver si nos aclaramos.
Al llegar a casa, cogí la tarjeta y llamé al teléfono que figuraba en ella, por deferencia, porque de bien nacidos es ser agradecidos, a ver si nos aclaramos. Todavía no hay nada porque he sufrido una indisposición y se ha dejado para mañana, le dije, pero por ese precio va a ser imposible adjudicársela a ustedes. ¿Por cuánto, entonces?, le oí. Ya no tiene remedio; la oferta más barata baja a 3 cien, respondí cortadísimo. No se preocupe: ahora mismo le envío otra oferta por 2 novecientos y esta noche cambia el sobre. No me parece correcto, le dije; además, por ese precio no les va a interesar. No se preocupe, respondió, llegaremos a facturar los 6 millones; para eso se inventaron los modificados de la obras y los imprevistos que siempre surgen. En cuanto al apartamento, ya lo tiene amueblado y reservado: sólo tiene que entregar en mano los doscientos treinta mil en la dirección que le indicamos en la tarjeta. Y colgó.
El día siguiente adjudicamos la obra por 2 novecientos, pero porque era la oferta más barata, a ver si nos aclaramos.
Estaba yo mirando por la ventana de mi despacho, cuando, de pronto, llamaron a la puerta: Tock, tock. ¡Adelante!, respondí colocando rápidamente el presupuesto municipal de mi departamento sobre la mesa. Entraron dos señores de traje y corbata, cartera en mano, y se presentaron como agentes de una empresa de construcción de infraestructuras. Ellos vinieron a mí. Yo no tengo la culpa de eso, a ver si nos aclaramos.
Después de interesarse por mi familia, me explicaron que ellos hacían las obras públicas como los ángeles y más barato que nadie. Me dejaron unos folletos y se fueron dejándome sus tarjetas personales sobre la mesa sin que yo se las pidiera, a ver si nos aclaramos.
A los pocos días, uno de ellos me llama por teléfono: soy fulano, dice, y me gustaría que supiera que mi empresa se va a presentar al concurso para la construcción de la ciudad deportiva cubierta que usted, con tan buen criterio y siempre pensando en los vecinos, ha previsto levantar en su municipio. Fue él quien llamó y no yo, a ver si nos aclaramos.
Le dije que muy bien y contestó que qué tal andaba mi señora de fondo de armario y que dónde solemos ir de vacaciones. Bueno, el sueldo de concejal no da para alardes, la verdad. Sólo le dije eso y que veraneábamos en la costa del sol. En cómo lo interpretó él, ahí no entro porque es cosa suya, a ver si nos aclaramos.
Unos días antes de celebrarse el concurso de la obra, al volver a casa me encontré con dos maletas y un maletín. Llamé a mi mujer y le dije: Oye, cari, ¿quién ha traído esto?. Un señor muy bien vestido. Como vienen a tu nombre, ni las he abierto, me contestó ella. Quiere decirse que mi mujer tampoco sabía nada de nada, a ver si nos aclaramos.
Abrimos primero el maletín y…¡hostias!... doscientos treinta mil euros en billetes de quinientos y una foto de un apartamento en primera línea de playa con el rótulo de “Reservado”. ¿Esto qué es, chuchi?, me preguntó ella. Joder, ¿no lo ves?, dije yo. Acto seguido, mi mujer abrió una de las maletas: ¡Madre del amor hermoso, si son 6 bolsos de la marca Louis Vuitton y 6 pares de zapatos de Jimmy Choo!, exclamó tan alto que casi se rompe el cristal del armarito. Aturdido, me acerqué a una de las maletas y vi una tarjeta igual a la que me habían dejado en el despacho del Ayuntamiento aquellos dos señores que recibí al principio. Mi mujer dejó los presentes sobre la mesita y, más nerviosa que un calambre, abrió el bulto que faltaba. Eran 6 vestidos a juego de la firma Versace ¡justamente de su talla!. Casi le da un soponcio. A estas alturas del relato tengo que insistir en lo mismo: nosotros estábamos tan tranquilos en casa y nos llegó lo que nos llegó sin que yo hiciera nada, a ver si nos aclaramos.
Ya en el Ayuntamiento, unos momentos antes de abrir los sobres del concurso para adjudicar la superobra deportiva, me llaman por teléfono. ¿Le han gustado los detalles?, oigo decir. ¿Se refiere a lo que se refiere?, pregunté yo. Exacto, respondió el otro. Por 6 millones de euros les va a quedar una ciudad deportiva de cine, acabó él antes de colgar. El tío no me dejó oponerme, a ver si nos aclaramos. Si a mí me da la oportunidad, le digo cuatro cosas, pero no me la dio. ¿Verdad que me comprenden?.
El caso es que, llevado por las circunstancias y con una tensión del carajo la vela, comenzó el acto de contratación. Además de la constructora de la que vengo hablando desde el principio, se habían presentado otras dos empresas. Como presidente de la mesa, cogí los tres sobres y abrí primero los de las desconocidas: una construía y dotaba el megapoli por 3 millones doscientos mil y, la otra, por 3 cien. En ese momento me subió un sofoco a la cara que no sabe nadie. Me dije: sé que la cifra del tercer sobre es de 6 millones, de manera que si lo abro, habrá que adjudicar la obra a cualquiera de las otras dos, mucho más baratas. Y me caí al suelo todo lo largo que era. Al ser yo el que mandaba allí, suspendí la adjudicación hasta el día siguiente. Lo único que hice fue desmayarme, y no por mi culpa, sino de la naturaleza, ver si nos aclaramos.
Al llegar a casa, cogí la tarjeta y llamé al teléfono que figuraba en ella, por deferencia, porque de bien nacidos es ser agradecidos, a ver si nos aclaramos. Todavía no hay nada porque he sufrido una indisposición y se ha dejado para mañana, le dije, pero por ese precio va a ser imposible adjudicársela a ustedes. ¿Por cuánto, entonces?, le oí. Ya no tiene remedio; la oferta más barata baja a 3 cien, respondí cortadísimo. No se preocupe: ahora mismo le envío otra oferta por 2 novecientos y esta noche cambia el sobre. No me parece correcto, le dije; además, por ese precio no les va a interesar. No se preocupe, respondió, llegaremos a facturar los 6 millones; para eso se inventaron los modificados de la obras y los imprevistos que siempre surgen. En cuanto al apartamento, ya lo tiene amueblado y reservado: sólo tiene que entregar en mano los doscientos treinta mil en la dirección que le indicamos en la tarjeta. Y colgó.
El día siguiente adjudicamos la obra por 2 novecientos, pero porque era la oferta más barata, a ver si nos aclaramos.
domingo, 12 de septiembre de 2010
ENTRE MERCADOS
A.- Buenos días, mercado B
B.- Y buenos que son, mercado A.
A.- ¿Cómo va todo?
B.- Estupendamente. Esta mañana, sin ir más lejos, me puse a jugar al Inviertoly con quince mil millones de bonos griegos y he acojonado a los gobiernos de media Europa en un par de horas.
A.- ¿Has sido tú?.
B.- El mismo.
A.- Te lo habrás pasado pipa.
B.- Tenías que haber visto a la Merkel, saltando de rabia en la puerta del Banco Central.
A.- Yo ayer desinvertí cuarenta mil millones de España, me los llevé a China pasándomelos por el forro de los letones y ahora los tengo en un paraíso fiscal sudamericano bailando salsa.
B.- Has hecho bien, el dinero necesita movimiento y alegría.
A.- ¿Quieres que desestabilicemos algún gobierno?
B.- ¿Ahora?. ¡Venga!
A.- Dime un país debilucho.
B.- Mmmmm… Portugal, por ejemplo.
A .- Dale caña a la deuda del Tesoro luso mientras yo doy la orden de retirar ochenta mil millones de Lisboa por Intranet.
B.- ¿Cómo quieres que les dejemos la confianza financiera?
A.- A nivel zarrapastroso.
B.- Espera que voy a soltar un bulo por e-mail.
A.- ¿Cuál?
B.- Que la deuda portuguesa tiene sífilis estructural.
A.- ¡Hala!
B.- Tú déjame a mí.
A.- Vale, vale. Cuando acabes me lo dices.
B.- Ya
A.- Métete a ver cómo va subiendo su diferencial con el bono alemán.
B.- ¡Jooooooder, qué paso lleva!
A.- Me gustaría ver la cara que pone Barroso.
B.- Ahora que lo dices: ¿Te acuerdas del careto de Zapatero anunciando el recorte de gastos sociales que le preparamos en mayo?
A.- ¡Huy, lo que nos pudimos reír!
B.- ¿Y, al inglés ese que gobierna su país a pachas?
A.- ¿Cameron?
B.- Sí. A ese le hemos dejado la libra esterlina como la mojama.
A.- Pues, ¿qué me dices del socio de Carla Bruni?
B.- Ese parece que prefiere meter mano a los jubilatas.
A.- Nosotros le mandamos que puteara, pero no a quién. Él vera.
B.- Para mi gusto, todavía tenemos que apretarles un poco más
A.- No te falta razón. Por ejemplo, en la reforma laboral española hemos sido un poco blandos.
B.- Todavía estamos a tiempo. ¿Qué podíamos hacer?
A.- Déjame pensar… ¿Qué te parece una indemnización por despido de veinte días por quinquenio trabajado, descontando vacaciones, sábados, domingos y fiestas de guardar?.
B.- Un poco light.
A.- ¿Y si descontamos también las noches?.
B.- Todavía sale mucha pasta.
A.- No sé, chico.
B.- ¡Ya lo tengo!. Toma nota: “En caso de que el trabajador sea despedido, deberá indemnizar al empresario con treinta días de curro gratis por año trabajado”.
A.- ¿Y si Zapatero no traga?.
B.- Le dices que en dos mañanas pasamos la deuda española de la AA+ a la ZZ-.
El mercado A escribe con entusiasmo lo que le ha dictado el mercado B, pincha la dirección electrónica del Presidente del Gobierno y se lo envía con esta nota: “Nueva cláusula a introducir por las buenas en la reforma laboral. Atentamente, los mercados”.
Al finalizar, A y B, cada uno con su portátil, juegan a desplazar miles de millones de euros por el mundo, sacando en cada movimiento una rentabilidad que usted y yo, amigo/a lector/a, seríamos incapaces.
A.- Buenos días, mercado B
B.- Y buenos que son, mercado A.
A.- ¿Cómo va todo?
B.- Estupendamente. Esta mañana, sin ir más lejos, me puse a jugar al Inviertoly con quince mil millones de bonos griegos y he acojonado a los gobiernos de media Europa en un par de horas.
A.- ¿Has sido tú?.
B.- El mismo.
A.- Te lo habrás pasado pipa.
B.- Tenías que haber visto a la Merkel, saltando de rabia en la puerta del Banco Central.
A.- Yo ayer desinvertí cuarenta mil millones de España, me los llevé a China pasándomelos por el forro de los letones y ahora los tengo en un paraíso fiscal sudamericano bailando salsa.
B.- Has hecho bien, el dinero necesita movimiento y alegría.
A.- ¿Quieres que desestabilicemos algún gobierno?
B.- ¿Ahora?. ¡Venga!
A.- Dime un país debilucho.
B.- Mmmmm… Portugal, por ejemplo.
A .- Dale caña a la deuda del Tesoro luso mientras yo doy la orden de retirar ochenta mil millones de Lisboa por Intranet.
B.- ¿Cómo quieres que les dejemos la confianza financiera?
A.- A nivel zarrapastroso.
B.- Espera que voy a soltar un bulo por e-mail.
A.- ¿Cuál?
B.- Que la deuda portuguesa tiene sífilis estructural.
A.- ¡Hala!
B.- Tú déjame a mí.
A.- Vale, vale. Cuando acabes me lo dices.
B.- Ya
A.- Métete a ver cómo va subiendo su diferencial con el bono alemán.
B.- ¡Jooooooder, qué paso lleva!
A.- Me gustaría ver la cara que pone Barroso.
B.- Ahora que lo dices: ¿Te acuerdas del careto de Zapatero anunciando el recorte de gastos sociales que le preparamos en mayo?
A.- ¡Huy, lo que nos pudimos reír!
B.- ¿Y, al inglés ese que gobierna su país a pachas?
A.- ¿Cameron?
B.- Sí. A ese le hemos dejado la libra esterlina como la mojama.
A.- Pues, ¿qué me dices del socio de Carla Bruni?
B.- Ese parece que prefiere meter mano a los jubilatas.
A.- Nosotros le mandamos que puteara, pero no a quién. Él vera.
B.- Para mi gusto, todavía tenemos que apretarles un poco más
A.- No te falta razón. Por ejemplo, en la reforma laboral española hemos sido un poco blandos.
B.- Todavía estamos a tiempo. ¿Qué podíamos hacer?
A.- Déjame pensar… ¿Qué te parece una indemnización por despido de veinte días por quinquenio trabajado, descontando vacaciones, sábados, domingos y fiestas de guardar?.
B.- Un poco light.
A.- ¿Y si descontamos también las noches?.
B.- Todavía sale mucha pasta.
A.- No sé, chico.
B.- ¡Ya lo tengo!. Toma nota: “En caso de que el trabajador sea despedido, deberá indemnizar al empresario con treinta días de curro gratis por año trabajado”.
A.- ¿Y si Zapatero no traga?.
B.- Le dices que en dos mañanas pasamos la deuda española de la AA+ a la ZZ-.
El mercado A escribe con entusiasmo lo que le ha dictado el mercado B, pincha la dirección electrónica del Presidente del Gobierno y se lo envía con esta nota: “Nueva cláusula a introducir por las buenas en la reforma laboral. Atentamente, los mercados”.
Al finalizar, A y B, cada uno con su portátil, juegan a desplazar miles de millones de euros por el mundo, sacando en cada movimiento una rentabilidad que usted y yo, amigo/a lector/a, seríamos incapaces.
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